Un gallego en Filipinas: «Llegué para pasar 10 días, sigo aquí en una isla y no me iré hasta julio»

Al joven, que trabaja en China, la crisis le sorprendió de vacaciones


REDACCIÓN / LA VOZ

Podría decirse que el gallego Brais Mahía vive en unas vacaciones ilimitadas. El pasado 28 de enero contaba a La Voz que se marchaba para Filipinas en pleno descanso. El joven trabaja como entrenador de fútbol desde hace 14 meses para la empresa Grama Football Academy, y la crisis del coronavirus le sorprendió cuando estaba visitando Laos y disfrutando del período vacacional por el Año Nuevo chino. Sin embargo, la pandemia hizo que sus planes cambiasen junto a los del resto del mundo. La compañía le remitió una circular en la que informaba a todo el personal de que su trabajo quedaba suspendido desde el 1 de febrero, e indicándole que podría volver a España en ese mismo momento o regresar a China cuando se resolviese la epidemia.

Su familia, y en especial sus abuelas, deseaban que Brais regresase a casa. Sin embargo, lejos de volver a Galicia, él declaró a este periódico que planeaba viajar a Indonesia, Tailandia o Camboya hasta el fin de la alerta. Aquel 28 de enero, el gallego se dirigía a Filipinas. Y allí sigue cuatro meses después, inmerso en la paradisíaca Isla de Palawan y sin la más mínima pretensión de abandonarla, al menos hasta julio. «El 10 de marzo me llamaron para decirme que cogiese un vuelo el 18 de marzo a China, pero cuatro días después me comunicaron que se había cancelado porque Filipinas cerraba fronteras el día 15. Llegué el 28 de enero para 10 días, aquí sigo en la isla y no me iré hasta julio», relata Brais, que está viviendo una auténtica aventura improvisada. «Estuve en tres sitios distintos, primero en una casa con unos chicos argentinos, después en la montaña, y ahora me alojo en una especie de pensión en la playa. Por la crisis, los precios se tiraron y solo pago 80 euros al mes por estar aquí. En febrero y en marzo nos pagaban el 50 % del sueldo y a partir de abril el 15 %, pero para vivir aquí me da perfectamente», relata el joven, cuya rutina en nada se parece a la cuarentena que llevaría en Galicia: «Somos un grupo de entre 30 y 40 extranjeros, la mayoría latinos. Nos juntamos por la mañana para jugar al voleibol y al fútbol, y luego salimos a pescar muchos días con unos filipinos».

Camiseta a modo de mascarilla

Consciente de que la situación en el país es preocupante -el jueves batió su propio récord de casos de coronavirus en un día con 539 nuevos contagios, lo que eleva el total a más de 15.000 positivos superando las 900 muertes-, asegura que en la bucólica Palawan las medidas frente al virus son muy precarias. «En 60 días de cuarentena, en esta isla no se ha confirmado ni un solo caso, pero es que tampoco tienen para hacer nada. De hecho, sí que te dicen que uses mascarilla, pero hasta la policía lleva camisetas para taparse la nariz. No tiene sentido», indica Brais, que se reafirma en su decisión de quedarse en Asia durante la crisis. «Si realmente quiero volver, puedo. ¿Pero para qué voy a gastarme más de dos mil euros en un vuelo y pasar unos días en Manila, que es carísimo, haciendo gestiones? ¿Para llegar a España, que tiene unas medidas contra el coronavirus más restrictivas, y estar 14 días encerrado yo solo en aislamiento?», se pregunta. A juzgar por su idílica cuarentena, es fácil compartir su opción de no moverse de Filipinas hasta que su empresa le reclame para reincorporarse en China. «Tenía pensado estar dos años por lo menos en China. Ahora con lo que ha pasado, me quedaré uno más seguro, y quizás otro», señala Brais desde el paraíso y sin intención de volver.

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