Bodas, por fin, pero a metro y medio

Tres parejas que se casaron este sábado en Galicia cuentan cómo fue la experiencia, con pocos invitados y medidas de seguridad

sheyla bermúdez
redacción

La novia, de largo y de blanco, llegó en un Mercedes clásico azul celeste. El enlace religioso fue amenizado con música en vivo y con los dos cantantes a seis metros de distancia. Dentro, la esperaban el novio y 50 invitados, a los que se «les saltaron las lágrimas». Excepto la pareja protagonista, el resto iban perfectamente protegidos con sus mascarillas personalizadas, cortesía de los anfitriones. En la pared, un proyector permitió ver los rostros de alegría de las otras 300 personas que siguieron el enlace en directo a través de Periscope y Facebook.

A Dalila y Gustavo les tocó «tirar de ingenio», cuentan, para darse ayer el «sí quiero». Como los trajes ya estaban comprados y las invitaciones repartidas, cuando conocieron las medidas de la fase 2, que permite las bodas con hasta 50 asistentes en el interior, no se lo pensaron dos veces. La primera fecha, que había sido fijada en mayo, ya había sido pospuesta y no quisieron esperar más.

Novios a un metro y medio

Aunque cuando Dalila llegó al altar Gustavo no pudo evitar darle un beso, durante la ceremonia guardaron el metro y medio de distancia social recomendado. «Es cierto que cambiaron las circunstancias, que no era lo que habíamos soñado, pero la ilusión fue la misma y estamos muy emocionados y felices», resaltaron los recién casados. Como él es de Guatemala tuvo que conformarse, de momento, con los abrazos virtuales de sus familiares. El convite lo reservan para el 2021 y hoy celebran una comida con los más allegados en una finca familiar.

cristina mesa y fernando de uña

«En novembro faremos outra celebración cos amigos e toda a familia»

Una ceremonia «distinta» y una celebración «íntima e familiar». Así fue la boda de Cristina Mesa y Fernando de Uña, la primera celebrada en la iglesia de la parroquia de San Jorge (A Coruña) tras el confinamiento. Las mascarillas, la separación entre los invitados y tener que hacer uso del gel hidroalcohólico al entrar en la iglesia no fueron un impedimento para que los jóvenes contrajeran matrimonio en presencia de sus familiares este sábado al mediodía.

«Tiñamos a voda planeada para o 18 de abril e non puido ser. Pensamos que non tiña moito sentido deixar de facer algo porque non se pode celebrar tal e como queriamos inicialmente, así que agora que xa podiamos xuntar aos pais e aos irmáns, pois decidimos casar», cuenta, feliz y emocionado, Fernando de Uña, el novio.

Después de la misa, nada de restaurantes: «Comeremos ben na casa, poñeremos música e bailaremos, pero será algo íntimo e familiar», explicaba Fernando minutos antes de la llegada de la novia al altar para la ceremonia.

«Todo o ano de festa»

Con todo, el novio asegura que esta situación «pode axudarnos a valorar máis as cousas e ver que se non se pode celebrar agora, xa o celebraremos». Y así será, porque ya tienen algo previsto para final de año: «En novembro faremos unha celebración ampliada, cos amigos e toda a familia». Si puede sacar algo positivo es que él y su esposa van a estar «todo o ano de festa, porque tamén temos a viaxe de noivos para setembro».

Miguel sar y ana castiñeira 

«Temos que casar por fases»

A Miguel Sar y a Ana Castiñeira los casó ayer la concejala Águeda Díaz en el salón de plenos de Cee. Asistieron sus hijos, sus madres y sus amigos más próximos. Vistieron ambos de calle, con elegancia informal. Todo esto, aunque con más gente presente, tenía que haber ocurrido el 27 de marzo, pero el estado de alarma desbarató los planes de una pareja que lleva una década junta y que debía pasar la mayor parte del mes de abril bajo el sol de Punta Cana. Según los planes iniciales, el mismo día de la boda bautizarían al más pequeño y al día siguiente celebrarían el banquete, que ahora está programado para el 28 de agosto, una de las dos fechas que les ofrecieron y en la que podían coincidir el fotógrafo y la discoteca móvil encargada de la animación. Para esta aún lejana fecha espera este fisioterapeuta que la fiesta «sexa normal». «Temos que casar por fases», admiten con humor. En todo caso, lo importante ya está hecho y la decena de personas que pudo participar en la ceremonia se fue hasta Fisterra para darse un anticipo del banquete.

La luna de miel está en el aire porque ni piensan en «ir a un aeroporto», por lo que probablemente sea en plan turismo nacional, que también tiene sus ventajas. El confinamiento les ha permitido «ir dúas ou tres veces á praia» y, sobre todo, disfrutar de sus hijos. Ambos son autónomos, con negocios en marcha, por lo que el covid-19 les ha traído al menos algo bueno: «Como sempre estamos ocupados co traballo, este tempo puidemos estar cos nenos», dice Miguel Sar. En septiembre se irán los cuatro de luna de miel.

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