«Tuvimos a personas que preferían venir al centro de salud y, de paso, sacar a los mayores a dar un paseo»

En Riós, enfermeros como Miguel Tomé acuden los martes y viernes a realizar analíticas a vecinos de la comarca

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Visita a la residencia Monte Barrio, en Riós Miguel Tomé, enfermero en el centro de salud de la localidad ourensana, recorre el concello estos días haciendo analíticas

ourense / la voz

En la residencia Monte Barrio, de Riós, descansan varios ancianos en los sofás del salón de la entrada mientras el televisor deja un goteo de noticias y avisos que indican que ahí fuera, por ahora, aún hay cosas que no marchan bien. El telediario recoge el pesar tras el cierre de la planta de Nissan en Barcelona antes de una ronda publicitaria en la que el Ministerio de Sanidad recuerda que «este virus lo paramos juntos».

Mientras, en el interior del recinto está Miguel Tomé, uno de los enfermeros del centro de salud de Riós. Nunca llegó a dejar de lado la actividad asistencial durante la epidemia, pero ahora redobla los esfuerzos. Y este viernes por la mañana acudió al geriátrico, donde viven unos 40 ancianos, para hacer una analítica y un test rápido a Manuel Quintas, uno de los usuarios, de 84 años. Los dispositivos son adquiridos por la gerencia del asilo, que estima en 30 euros el coste de cada uno de ellos.

Tomé, antes de acceder a la residencia, se enfundaba un traje de plástico, un gorro de tela, una mascarilla quirúrgica y unos patucos antes de ser rociado con una solución desinfectante y haber limpiado sus pies en una alfombra bañada de lejía. El geriátrico, en cierta forma, sigue blindado contra el covid-19. «Se lo han tomado a rajatabla. Y Manuel, pues con mucha paciencia. No pierde la sonrisa y es una persona muy tierna», dice Tomé.

La atención domiciliaria

El relato de la epidemia bajo los ojos del enfermero puede ser diferente al de otro que trabaje en la ciudad. Continuó con la atención a domicilios durante la cuarentena, pero en su caso también tuvo que hacer pedagogía para evitar que algún vecino se plantase, con otro familiar de por medio, ante el centro de salud. «Tuvimos algún caso de personas que veían mejor acudir porque, de paso, sacaban a los mayores a dar un paseo fuera de casa», explica. El gesto tiene más relevancia de la que parece: en el rural, algunas rutinas diarias como el trabajo en los campos no llegaron a perderse, pero sí el contacto momentáneo y la conversación con otros habitantes, lo que forma parte de la vida en el lugar. Sin ello, les faltaba algo.

Miguel lleva trabajando en Riós alrededor de tres años tras haber estado, entre otros sitios, en el hospital de Verín. «Y los lunes son el día clave», advierte. Atiende a cerca de 14 personas en la misma jornada acercándose a sus casas. Mientras, los martes y los viernes realiza las analíticas asignadas por el Sergas. «Aunque a veces también puede darse, por ejemplo, que un oncólogo te diga que necesita otra muestra de sangre en otro momento», dice. Toca hilar fino en el trabajo diario para mandar lo recogido a Verín. A Manuel Quintas, este viernes, le extrajo un centímetro cúbico.

Proyecto en los centros sociales

Desde enero y hasta la irrupción del covid-19, Miguel y sus compañeros del centro de salud trabajaban en un proyecto para ir por los centros sociales de la comarca tomando la tensión y haciendo controles de diabetes a los vecinos. «Un día igual íbamos a Veiga do Seixo y después a otra parroquia, pero con el confinamiento esto quedó parado», cuenta. Ahora, la idea es poder retomarlo cuando haya tiempo.

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