El pleno de las mascarillas da vía libre al plan de recuperación de Vilagarcía

El primer debate tras el inicio de la crisis sanitaria evidencia la tensión entre el PSOE y el PP, pese al voto unánime


vilagarcía / la voz

Algo se ha roto en el ambiente político de Vilagarcía, si es que alguna vez estuvo unido. Ayer, bajo un calor de castigo, la corporación municipal abordaba su primer debate desde que la pandemia del coronavirus lo cambió todo. Había ganas de verse las caras, así lo reconoció el alcalde, el socialista Alberto Varela, tras un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la crisis sanitaria. También por comprobar en qué punto se encuentran las relaciones entre las seis formaciones que integran el pleno después de casi tres meses en los que su única relación se dio por vía telemática.

Lo importante es lo que salió adelante, y además lo hizo con el voto unánime de los 21 concejales: el plan de recuperación o amortiguación socioeconómica de la ciudad está en marcha gracias a una modificación de crédito de cuatrocientos mil euros, que permitirá facilitar ayudas directas a autónomos y pequeñas empresas, fundamentalmente de los sectores del comercio y la hostelería. Asociado directamente a este punto se encuentran la póliza de crédito de ocho millones de euros que permitirá a las arcas municipales respirar con liquidez pese a la congelación de los tributos, y el cambio normativo que hace posible que los hosteleros no paguen un euro por sus terrazas desde el momento en el que se vieron obligados a cerrar sus negocios hasta que concluya este año incierto.

En cuanto a las relaciones internas, lo que la sesión evidencia es un aislamiento claro del Partido Popular, que se ha quedado solo en sus ataques al gobierno local. No es que el resto de los grupos, desde la posición centrista que en Vilagarcía adopta Ciudadanos hasta las posturas de izquierda de BNG, En Común y Marea da Vila, no tengan nada que objetar a los movimientos que el grupo socialista ha trazado para tratar de hacer frente a la crisis del covid-19 y sus consecuencias. Es que sus portavoces subrayaron que varias de sus propuestas han sido incorporadas al plan de reactivación y, en general, apuestan por no abrir fisuras en la institución municipal ante una situación de extraordinaria gravedad. De hecho, todos ellos puntualizaron cuestiones. Por ejemplo, qué sucederá con la fiscalidad de quienes ahora perciban esas ayudas, no vaya a ser que en sus declaraciones del año que viene les aguarde una desagradable sorpresa, como señaló María de la O Fernández. O la necesidad de aprovechar en este empeño más de ese 20 % del superávit al que la ley Montoro, todavía en vigor, limita la autonomía de decisión de los ayuntamientos, como recordó Jesús López. La necesidad de que las entidades financieras, rescatadas con dinero de todos, arrimen ahora el hombro, como recordó Lucía César Veloso. O la posibilidad de que el Concello avale créditos a las empresas que peor lo están pasando, que anotó David Oliveira.

El caso del PP es diferente. Varela reprochó a su portavoz, Ana Granja, el viraje que los populares imprimieron a su discurso, en principio conciliador, tras los primeros compases del estado de alarma. Algo en lo que el alcalde ve la mano de instancias superiores dentro de la gaviota. Granja se defendió acusando a Ravella de falta de diálogo, y recibió generosas explicaciones sobre el despliegue realizado por los servicios municipales frente al silencio que los socialistas reprochan a la Xunta. Hay elecciones a la vuelta de la esquina.

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