Javier Yanguas: «Los mayores deben recuperar la calle»

Un estudio de La Caixa sobre el confinamiento apunta a la resistencia de la gente de más edad

Javier Yanguas
Javier Yanguas

Javier Yanguas (San Sebastián, 1965), director científico del programa de mayores de la Fundación ‘la Caixa’, ha dedicado los últimos meses a estudiar el impacto del confinamiento en la tercera edad. Y cree que, en general, los mayores se han defendido bastante bien.

-¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio que están elaborando?

-Hemos hecho un seguimiento a más de cien personas durante estos días con un perfil de edad muy diverso, porque los hay de 65 y otros que podrían ser sus padres, ya que tienen más de 90 años. Así que hay muchas diferencias. Pero se puede decir que, aunque a veces lo han vivido de forma triste, también le han plantado cara al desánimo. Eso sí es común, esa capacidad de lucha. Así que la primera lección es que los mayores no son solo un grupo de riesgo, sino que tienen fortalezas y son capaces de adaptarse,

-Siempre pensamos que son vulnerables.

-Sí, pero aunque puedan ser vulnerables físicamente, no lo son psicológica o socialmente. Le echan valor a la vida. También me gustaría apuntar lo que nos dijo una señora de más de 90 años: que esto no es una guerra, que no hay tiroteos, ni bombas, ni hambre; que sí había mucha muerte, que a ella le asustaba, pero que no era una guerra.

-Es verdad, pero seguro que la gente mayor está pasando por una gran preocupación.

-Esta señora igual que otras personas que entrevistamos decían que sí, que estaban preocupadas. Por su salud, por gente que conocían y que había muerto. Pero quizás mostraban más preocupación por lo que viene, por las consecuencias económicas. Y es curioso, porque los más vulnerables confiaban en que vamos a salir y los menos vulnerables mostraban más dudas. En general, se les veía una mayor preocupación por las generaciones más jóvenes que por ellos mismos.

-El colapso en las ucis llegó al punto de que algunos sanitarios tuvieron que elegir qué vidas salvar porque no había recursos para todos. Cuando tienes una edad muy avanzada, eso se tiene que vivir con mucho dolor.

-Sí, claro. Y con miedo. La comunicación se podía haber hecho mucho mejor. Porque es más riesgo tener un problema en el corazón que tener una edad. Es la condición de salud, no la edad. Y los mayores lo han vivido con angustia porque han pensado: «Soy grupo de riesgo, me voy a morir». Porque es lo que se oía: «No hay respiradores para todos, no hay sitio en la uci...». Yo creo que todo eso se podía haber contado de otra manera. A veces, la salud pública se lleva mal con la humanidad.

-Muchos mayores viven solos. ¿Convivir con la soledad les ha ayudado a sobrellevar el confinamiento?

-El confinamiento nos ha llevado al aislamiento social. Y el aislamiento y la soledad son dos cosas distintas. La gente mayor que tenía soledad, encima de la soledad le ha caído el aislamiento. Los que no estaban solos no van a tener soledad. La soledad es un sentimiento subjetivo y no tiene que ver con que estés rodeado de personas o aislado. Los que mejor han llevado el confinamiento son los que saben gestionar su soledad. Hay mayores que se organizan y saben vivir su soledad y otros que la padecen.

-¿Cómo están afrontando los mayores el desescalado? ¿Tienen miedo a salir?

-Hay de todo. Los que salen sin problema, los que no quieren hacerlo porque tienen miedo y los que bajan a los soportales porque saben que necesitan hacer ejercicio físico y que el no moverse tiene consecuencias para la salud. También creo que muchos necesitan ayuda psicológica porque toda esta situación les ha hecho sentirse vulnerables. Y vivir con miedo es complicado.

-La verdad es que a los mayores les han dado el espacio de tiempo más limitado para salir.

-Porque no se les ha considerado adultos, responsables. Muchos mayores se han rebelado contra esto. Yo creo que tienen que recuperar el control de su propia vida, los mayores deben recuperar la calle. ¿Cómo hacerlo? Pues manteniendo las distancias, llevando mascarillas y evitando las multitudes. Y tenemos que facilitar que puedan hacerlo.

-Pese a todo, hasta que no se halle una vacuna o una terapia contra el covid-19, habrá miedo.

-Pero es que todos vamos a tener que aprender a vivir en esa especie de vulnerabilidad. Yo creo que nadie sabe muy bien lo que viene. Debemos aprender que los contactos sociales no podrán ser tan intensos, que hay que protegerse, lavarse bien las manos... Tenemos que aprender a manejar la incertidumbre. Y nos va a costar mucho, porque nos sentíamos invulnerables. Y el que mejor se adapte es el que mejor lo va a llevar. Aunque esto es una realidad que viene sin manual de instrucciones.

-Dicen que somos más felices a medida que nos hacemos mayores. ¿Es verdad?

-Sí. Se llama la paradoja del bienestar en la vejez. Y, básicamente, lo que dice es que, a medida que envejecemos hay una mayor integración entre lo que pensamos y lo que sentimos y que eso nos proporciona mayor bienestar. Y, además, aplicamos el sesgo positivo de la memoria, es decir, nos acordamos más de las cosas que están teñidas de emociones positivas.

«Deberíamos hacer una reflexión profunda sobre los cuidados»

El problema de las residencias ha tenido también un impacto muy importante entre las personas mayores. Yanguas lo tiene muy presente.

-También hemos visto lo que ha ocurrido en las residencias. Ha sido como levantar la alfombra.

-Ya sabíamos que esto estaba así, que no teníamos unos cuidados de larga duración como se merece este país. Nos ha sacado las costuras sobre el modelo de atención: ¿cómo se iban a aislar si están en habitaciones dobles? Se habla ahora de sanitarizar las residencias. Yo creo que no. Las residencias tienen un sentido único: maximizar la vida. Y eso no es solo permanecer vivo, es tener relaciones, proyectos, disfrutar. En un hospital te curan, pero no se vive. La vida es otra cosa.

-Quizás hayamos aprendido una lección. ¿Cree que cambiará el modelo?

-Deberíamos hacer una reflexión profunda sobre todo lo que tiene que ver con los cuidados. Nuestra sociedad no tiene sentido si no nos cuidamos los unos a los otros. Tengo dudas de que esta crisis nos haga aprender algo, porque la condición humana aprende lenta. La pensadora Simone de Beauvoir decía que nos cuesta reconocernos en los viejos que seremos. Y creo que eso es lo que nos pasa.

Coronavirus, ancianos y biopolítica

Cuando se dan las cifras de fallecidos a consecuencia de la infección por coronavirus siempre se matiza que la mayoría de los que no sobreviven a la enfermedad son personas mayores y con patologías previas. Se supone que este tipo de comunicación busca calmar a la mayoría, aunque esa tranquilidad sea a costa de una mayor angustia de nuestros ancianos. Es como si nos dijeran: puede estar contento, si usted no está todavía en una edad muy avanzada, se encuentra en el bando de los supervivientes.

Nuestros mayores ya se ven, muy a menudo, como un estorbo en las ajetreadas vidas de sus familiares. Los mensajes que se les están enviando durante esta crisis sanitaria pueden reforzar su sentimiento de ser seres caducos y prescindibles, y de que su muerte no es tan preocupante porque «ya vivieron». Están escuchando que, si los recursos sanitarios no permiten atender al máximo nivel a todos, se realizará una selección de los cuerpos por edad, patologías previas, esperanza de vida, calidad de vida y también «valor social». Independientemente de que la calidad de vida es mucho más difícil de medir que la temperatura, sobre todo si no se escucha el deseo del paciente, la introducción del concepto del valor social de una vida no deja de tener resonancias eugenésicas. ¿Cómo escucharán estas noticias el millón de personas mayores de 80 años que viven solas en España?

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