Fexdega o el lugar de las segundas oportunidades para dejar la calle

Ravella y las oenegés colaboran para ofrecer un itinerario de inserción sociolaboral a los usuarios sin hogar del albergue

Cuando uno está en la calle, lo único que posee es la libertad de hacer con su tiempo lo que le venga en gana, a condición de que no cueste demasiado dinero. No es extraño, por ello, que el tiempo en bruto, administrado según su voluntad en cada momento, sea el bien más preciado de quienes carecen de un hogar y de sus confortables cadenas. También su mayor dificultad a la hora de adaptarse a las exigencias que marca un lugar como el albergue para transeúntes que el Concello de Vilagarcía y la Cruz Roja pusieron en marcha durante los primeros compases de la crisis del coronavirus. El recinto de Fexdega ha acogido a lo largo de los últimos dos meses y medio a 26 personas diferentes, de las que doce continúan en él. Superado el tramo más grave de la pandemia, al menos por ahora y hasta donde alcanza el conocimiento sobre el covid-19, llega el momento de pensar qué hacer cuando el servicio deje de funcionar.

Las razones que conducen a vivir en la calle son tan variadas como sus propios protagonistas. Hay quien lo ha pasado mejor y quien se ha sentido confinado durante este período. «Se está mucho mejor que en la calle», confesaba ayer Paula, una joven usuaria del albergue, mientras asistía al taller de cerámica y manualidades que Mar Barral imparte allí dos veces por semana. Hay veteranos como Antonio o Enrique, una máquina de hacer mandalas, según dicen, y gente que siempre está en camino, como Roi, el portugués de los atrapasueños al que la crisis sanitaria sorprendió en ruta a Compostela y halló refugio en la capital arousana. El caso es que el departamento municipal de Servizos Sociais trabaja, junto a Cáritas y a la Cruz Roja, en el diseño de una oferta que facilite, a quienes quieran acogerse a ella, una oportunidad para la inserción sociolaboral.

«Dende o principio houbo un seguimento da situación persoal de cada un dos usuarios por parte dos técnicos municipais. Agora, coa desescalada, o que formulamos é a posibilidade dun plan de vida. Primeiro, para a busca de ingresos a través de prestacións e dun aloxamento alternativo cando o albergue se desmonte», explica la concejala Tania García. A continuación, la adquisición de hábitos laborales y de administración propia, y la confección de un itinerario de formación y búsqueda de empleo para el que contarán con los recursos del Concello y las oenegés.

No está muy claro, todavía, el tiempo durante el que el servicio de Fexdega seguirá funcionando. Quedan cuestiones fundamentales por concretar, como los protocolos autonómicos para la reactivación del albergue de la Cruz Roja y el aforo que podrá defender. Pero habría que ir pensando en finales del mes que viene para fijar la fecha en la que el recinto municipal vaya recuperando su configuración anterior al covid.

«A verdade é que estou sorprendida porque hai xente moi hábil e creativa; teño un alumno en concreto ao que cada día lle levo algo novo para que aprenda técnicas», señala Mar Barral. La verdad es que el trabajo desarrollado en el recinto ha sido amplio e interdisciplinar. Desde la planificación de horarios individuales y colectivos a setenta actuaciones y un centenar de recursos de ocio en los que se han implicado los voluntarios de la Cruz Roja. Medidas de higiene y protección frente al contagio, recomendaciones de estiramientos y ejercicios deportivos, alimentación, por supuesto, lectura, proyección de películas, confección de todo tipo de objetos con especial hincapié en el reciclaje, y, por fin, las salidas diarias. Lo que más se echaba de menos.

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