Bares en fase 2: «¿Está abierto, puedo pasar?»

Los locales que optaron por reabrir sus puertas tuvieron clientes y trabajaron, pero aún hay muchos que no se animan, entre ellos los establecimientos del Franco por la falta de turistas


santiago / la voz

El primer día de la fase 2 del plan de desescalada podría haber pasado por un lunes cualquiera de aquellos que ahora tanto añoramos de antes de la pandemia del coronavirus de no ser por la insólita estampa que forma una ciudad entera usando mascarillas y porque los bares y cafeterías que reabrieron sus puertas estaban llenos estando en realidad medio vacíos. Es decir, que la mayoría cubrieron por momentos su aforo en el interior del local, pero como solo tienen permitido el 40 % del habitual y no pueden ofrecer servicio de barra, todos parecían algo desangelados.

La noticia es que la clientela responde. «Hoy [por ayer] es el primer día que abrimos y como muchos son clientes de toda la vida y de todos los días pues ya nos echaban de menos y se han pasado a ver cómo estábamos. Somos un poco como una familia», explica María, camarera en el Gaiola, situado entre la calle de los Bautizados y la plaza de Fuenterrabía, donde cuenta con una terraza que, como su interior, estaba ayer al tope de la capacidad permitida en la fase 2. La propietaria incluso ha decidido recuperar a sus cuatro empleados del ERTE, un gesto que le agradecen.

Las primeras horas fueron algo titubeantes, con no pocos clientes que dudaban si, tras más de dos meses sin poder hacerlo, podían entrar en los establecimientos para tomar algo. «Hola, buenos días, ¿está abierto, puedo pasar?», preguntaba uno antes de acomodarse en el Enxa para encargar dos bocadillos y tomarse una caña mientras. Este bar del Hórreo también abría ayer por primera vez tras un largo parón.

También estrenaban reapertura en el Airas Nunes, en la Rúa do Vilar. Fuera, tenía llenas las únicas dos mesas de la terraza que puede poner ahora -antes eran cinco-. Dentro, solo un cliente en ese momento, pero todas las mesas con restos de haber sido ocupadas hace poco. Luis Freire, uno de los propietarios, atendía él solo el local y no paraba. «A verdade é que foi o primeiro día que abriamos, mais non parei de traballar en toda a mañá, hai que ir pouco a pouco e ter confianza», señala.

Donde ya llevan unos días abiertos con las terrazas es en A Raíña. Ayer también se acogieron a la nueva posibilidad que les ofrece la fase 2 de la desescalada de atender en el interior, aunque sin barra y al 40 % de su capacidad real. «Ya sabemos que igual al principio no es rentable, pero si abrimos es también por los compostelanos, ya que nosotros tenemos mucha clientela de la ciudad y creemos que también tienen derecho a tomar algo como antes, con su tortillita y sus croquetas», asegura Miguel Calviño, copropietario del negocio.

Muchos clásicos aún cerrados a la espera de los acontecimientosLos restaurantes no abrirán hasta el 1 de julio: «Sin hoteles no hay nada», aseguran

El Santiago de la fase 2 ni se parece al desierto del confinamiento. Las terrazas están llenas y aquellas que son amplias, como las de Porta Faxeira o Rodrigo del Padrón, ofrecen una imagen esperanzadora repletas de clientes. En el Ensanche, las de la Praza Roxa también están a tope y cafeterías como Maycar, en Doutor Teixeiro, o Dalia, en República do Salvador, ya atienden en el interior. Pero hay muchos clásicos que siguen cerrados, como el Derby, el Suso, el Casino, el Iacobus o el Green. En este último, un cartel en la puerta resume su situación expectante ante los próximos acontecimientos: «Este local abrirá sus puertas en los próximos días cuando la desescalada nos lo vaya permitiendo».

El hilo de optimismo al que se aferra la hostelería compostelana tiene en los restaurantes su reverso. La gran mayoría han optado por no sumarse a la desescalada y en el Franco, la calle como más locales de este tipo por metro cuadrado de la ciudad, han fijado en el 1 de julio su vuelta al trabajo. «La verdad es que, en Santiago, sin hoteles no hay nada, porque nuestros negocios dependen mucho de los turistas, así que esperemos que en verano podamos volver a una cierta normalidad», explican en el Sixto, donde ayer estaban realizando tareas de limpieza. Una de las pocas excepciones es el Caney, en el hotel Araguaney, que sí ha querido dar el paso y ayer mismo comenzaron a servir sus primeras comidas.

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