Félix García: «Me hubiera gustado jubilarme de otro modo, pero el coronavirus no me deja»

En la despedida del comisario jefe no pudo haber abrazos, pero sí el sincero agradecimiento de muchos policías por el trabajo realizado


santiago / la voz

Tras 46 años en la Policía Nacional, Félix García (Carbajal de la Legua, León, 1955) se jubiló esta semana al cumplir 65 años de edad. Su último día como comisario de Santiago fue raro. Sin abrazos ni apretones de manos y sin una más que merecida comida de homenaje que ya estaba preparada y que ha tenido que suspenderse por la crisis del coronavirus. Aún así, fue emocionante. En su último recorrido por la que ha sido su casa desde el 2016, los jefes de las distintas brigadas salían de sus despachos para despedirle con palabras llenas de afecto y agradecimiento por el trabajo desempeñado y el apoyo que les ha prestado. Poco más ni mejor se puede decir de un jefe. Él soportó la avalancha de cariño sin desplomarse y solo se emocionó al recordar a un policía al que destaca por su forma de tratar a los ciudadanos. «Gente así es la única imprescindible. Gracias a él he estado recibiendo cartas muy bonitas de personas que nos daban las gracias por el trato prestado a la hora de renovar un DNI o hacer cualquier gestión», asegura. Y solo en ese momento la emoción se hizo perceptible en el curtido rostro de un policía que vivió el atentado de ETA en el Hipercor de Barcelona, la operación Nécora y que se partió el cobre durante décadas contra la delincuencia internacional organizada.

-Imagino que le habría gustado jubilarse de otra manera.

-Estos días han sido de mucha tensión. Yo pensaba terminar mi carrera de otra manera, coger unas vacaciones antes de marcharme y quería hacer con mi mujer un crucero para compensarla por todo el tiempo que le he quitado tantos años en los grupos operativos, en la lucha contra la delincuencia internacional y después la Udyco -la unidad antimafia-, que son destinos en los que nunca hay horarios, pero no he podido. Cuando estuve destinado en Barcelona en delincuencia internacional muchas veces empezábamos en La Junquera (Gerona) y terminábamos en Cádiz y no teníamos familia en la que apoyarnos, así que fue ella la que se tuvo que hacer cargo sola de los chavales -tiene dos hijos-. Así que, sí, me hubiera gustado jubilarme de otro modo, pero el dichoso coronavirus no me deja.

-En lo que respecta a la comisaría, han vencido la batalla al virus, ya que no han tenido ni un solo contagio.

-La verdad es que hemos tenido suerte y también que adoptamos medidas muy a tiempo. Por ejemplo, con el tema de la ley de protección de datos, ya habíamos instalado unas mamparas antes de la crisis. Y eso, junto a la limpieza de la comisaría y los coches o el que se hayan mantenido siempre los mismos turnos pues ha tenido su efecto.

-La comida de despedida queda pendiente.

-Estaba prevista en el Hostal dos Reis Católicos y me dicen que estaba apuntada mucha gente y al final pues no se ha podido hacer. La verdad es que todas las instituciones de Santiago se han portado de maravilla conmigo.

-¿Cómo valora estos últimos cinco años en Santiago tras toda una vida luchando contra las mafias del narcotráfico y la prostitución?

-Ha sido un cambio radical tras estar tanto tiempo operativo contra el malo, que al final es al único que ves. En narcotráfico y en delincuencia organizada ves una parte de la sociedad y como comisario de Santiago pues ha sido muy distinto, gestionando personal y con relaciones institucionales que son muy importantes.

-¿Y no le costó acostumbrarse?

-En Santiago han sido todo facilidades. Cuando llegué, estaba Traba [José Manuel] como jefe de la Policía Local y con él fue todo de maravilla, porque es un policía que conoce como nadie esta ciudad y que me ayudó en todo. Cuando estuvo Martiño [Noriega] de alcalde, también fenomenal y ahora con Bugallo igual. La Xunta, con Alfonso Rueda y con todos, sin ningún problema, y con la Iglesia ni te cuento, genial, como también con los empresarios. La compostelana es una sociedad tranquila, relajada y que siempre ayuda. Le estoy muy agradecido a Santiago porque ha sido un privilegio y un honor estar al frente de la comisaría.

-Va a ser verdad eso que dicen todos los comisarios cuando están destinados en Santiago, que es una ciudad tranquila.

-Pues claro que es verdad, es una de las ciudades que tiene un índice de criminalidad más bajo. Como comisario, la dificultad es que hay que gestionar mucho personal y algunas escaseces, ¿pero quién no gestiona escaseces en todas las administraciones y en el 90 % de las empresas? Y tras la crisis económica del 2008, pues más. Esas carencias de personal y medios te obligan a ser creativo. En Santiago hemos tenido también la suerte de tener una estrechísima colaboración tanto con la Guardia Civil como con la Policía Local, dividiéndonos el territorio y las tareas para optimizar nuestros recursos.

-¿Ha logrado cuadrar ese círculo de hacer más con menos?

-Hemos gestionado lo que teníamos. Para poder tener más policías en la calle, que ahora los hay, pues hemos reducido los que estaban dedicados a tareas de gestión y administrativas. La cuestión es reestructurar en función de las necesidades de cada momento y es lo que he intentado hacer. Un ejemplo es el GOP (Grupo Operativo policial), que está dedicado a traslado de detenidos a los juzgados. ¿Qué hicimos? Que cuando haya detenidos, se centren solo en eso, pero que cuando no pues sumarlos a las patrullas ciudadanas de mañana y tarde y así hemos conseguido cuatro patrullas más con doce funcionarios que han dado un resultado espectacular con un gran trabajo preventivo.

«Hacen muchas series, pero aquí hay menos narcotráfico que en Andalucía o Valencia»

El ya excomisario compostelano es una persona accesible, campechana y de buen carácter que ha sabido no solo lograr la colaboración tanto de la Guardia Civil como de la Policía Local, de los que destaca que «siempre han estado ahí», sino que ha entablado una gran amistad con sus responsables. Admite que echará de menos el servicio activo «porque es un trabajo que te ocupa y te preocupa muchas horas del día», aunque está convencido de que su nieta llenará ese hueco. En sus planes de futuro está el viajar con su esposa e incluso hacerse una casa en su pueblo, Carvajal de la Legua, «que se llama así porque está a una legua de León, que son cinco kilómetros y medio», explica.

-Menuda trayectoria la suya en la Policía. Más que completa.

-Empecé en 1976 en Barcelona y era la época del Vaquilla, el Julián, el Torete... era una delincuencia muy violenta, porque todos estaban enganchados a la heroína. Todos los días había dos o tres atracos a bancos, tiroteos... En aquella época yo tuve dos tiroteos. Después estuve en el puerto de Barcelona y en la brigada del grupo especial, que después se llamó grupo de delincuencia internacional. En 1990 pasé a la unidad de información y en 1995 me vine a Galicia cuando se crearon las Udyco.

-¿Alguna vez tuvo miedo de no volver a casa?

-De no volver a casa no, pero yo he hecho detenciones con metralleta. En aquel entonces no había ni GEO ni GOES -las unidades de élite-, así que nosotros íbamos a saco. Teníamos la delincuencia francesa, los argelinos, que les llamaban los pieds-noir -pies negros en francés-, los tupamaros uruguayos, que eran atracadores, y la mafia italiana, que no estaba activa en España, pero que venían a descansar. Detuvimos al Bardellino [Antonio, un jefe de la camorra napolitana] y a Camerini [Jean Louis], que era el jefe de la organización que secuestró a Melodie Nakachian.

-Como experto en narcotráfico, ¿qué opina de la moda de hacer series y libros sobre Galicia?

-Sí, hacen muchas series, pero aquí hay menos narcotráfico que en Andalucía o Valencia, lo que pasa es que se nota más porque policialmente se trabaja muy bien. En Galicia hay grupos muy buenos y una coordinación excelente con la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera y eso, junto al gran trabajo de fiscales como Marcelo de Azcárraga o jueces como Taín, ha hecho que en Galicia sea más espectacular.

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