La fase 2 va por barrios: A Raíña se anima a reabrir y el Franco espera

Muchos locales se reactivan al poder atender ya en el interior con el 40 % del aforo


santiago / la voz

Galicia ha pasado a la fase 2 del plan de desescalada y eso supone medidas menos severas para un sector tan castigado por la crisis del coronavirus como es el de la hostelería. Hasta ahora, en la fase 1, solo habían podido reabrir aquellos que disponen de terrazas amplias, porque esta era la única zona en la que podían atender y con estrictas medidas para mantener una distancia mínima de dos metros entre mesas. A partir de mañana podrán seguir atendiendo fuera con la limitación del 50 % del aforo, pero también en el interior de los establecimientos al 40 % de su capacidad real y sin servicio de barra. Una novedad que ha animado a muchos hosteleros compostelanos a levantar la reja que la pandemia les obligó a echar hace ya más de dos meses.

En la zona monumental, no obstante, hay grandes diferencias en dos de los puntos más importantes en lo que a hostelería se refiere. Mientras en A Raíña son una gran mayoría los que ayer ya estaban preparando los locales para su reapertura, en el Franco son pocos los que se van a aventurar a volver a trabajar. José Ribas, portavoz del grupo Milongas, que tiene aquí uno de sus seis restaurantes gallegos, advierte que la mayor parte de los establecimientos de la calle tienen los locales en régimen de alquiler y con muy fuertes mensualidades «por lo que no compensa abrir ahora con tan poco aforo y sin barra, nosotros no lo haremos hasta la fase 3 y esa es la tónica generalizada en todo el Franco», explica.

En esa línea de no reabrir los negocios hasta la fecha están algunos de los bares y restaurantes con más solera del Franco, como es el caso de A Barrola, que desde hace tiempo colocó un cartel en la entrada anunciando que solo volverán a trabajar a partir del 1 de julio, decisión que no ha modificado la entrada de Galicia en la fase 2 de la desescalada.

En A Raíña, clásicos como el San Jaime, el Bigotes o los Caracoles volverán a trabajar a partir de lunes o a lo largo de la semana. «La mayoría vamos a abrir, sí. Poco a poco, eso sí, a ver cómo va la cosa, pero hay que tener confianza. Hemos dispuesto todas las medidas de seguridad e higiene y nosotros tenemos un local amplio. Además, también empezamos con el servicio de comida para llevar», explica Ana Cabanas, copropietaria de este emblemático bar y restaurante.

José Antonio Lamas, del Bigotes, es otro de los que se ha decidido a dar el paso con la entrada en la fase 2. «Tendremos que poner una o dos mesas nada más -de las cinco que tiene habitualmente- y solo serviremos seis o siete raciones y nuestro famoso chuletón, pero hay que empezar poco a poco». A su favor cuenta con que es dueño del local y que lo trabajará él mismo, por lo que los gastos de explotación son menores.

En el bar Charra, también en A Raíña, no han parado de trabajar desde que el Gobierno se lo permitió. Primero dando comida para llevar, después reabriendo la terraza y el lunes comenzarán a atender en el interior con la limitación de aforo del 40 % que se ha establecido. En su caso, el local también es de alquiler, pero la dueña del negocio, María García, lo está atendiendo ella sola en maratonianas jornadas de 9 a 23 horas. «Yo todo el año tengo seis empleados y la idea es que, si las cosas van bien, poder recuperar del ERTE a alguno de ellos. Este año va a tocar resistir y yo quiero hacerlo con mi plantilla, que son padres de familia y mi gente», señala.

Hostelería cree que muchos negocios ahora sí abrirán, pero preocupan mucho los hoteles

La Asociación Hostelería Compostela carece de datos sobre cuántos establecimientos se van a animar a reabrir sus puertas en Santiago con la entrada en la fase 2 del plan de desescalada «pero la sensación que tenemos es que muchos van a empezar a trabajar porque hasta ahora solo habían podido hacerlo unos pocos que tenían terrazas amplias, a los demás no les era para nada rentable», explica Sara Santos, presidenta de la entidad.

El mayor optimismo que empieza a haber en los bares y restaurantes contrasta, y de qué manera, con la dramática situación por la que están atravesando los hoteles de la ciudad. Sin turismo, sin peregrinos y con los viajes entre provincias prohibidos, están todos prácticamente vacíos.

La esperanza la tienen depositada en el verano y en que se cumpla la promesa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de que habrá campaña este año. Para prepararse, acaban de firmar un convenio con la Xunta para formarse y poder ofrecer garantías de calidad sanitaria a los clientes.

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