La pandemia obliga a algunas mujeres prostituidas a buscar alternativas

El covid-19 las ha dejado sin ingresos y muchas no pueden pagar los alquileres

A Tinería  es un barrio del centro de Lugo en el que se concentra la prostitución
A Tinería es un barrio del centro de Lugo en el que se concentra la prostitución

Lugo / La Voz

El coronavirus cambió la situación de las mujeres prostituidas de todo el mundo. La era postcovid-19 saca a la luz un panorama desolador ya que muchas de estas mujeres no tienen acceso a las medidas de emergencia. Ahora mismo, las prostitutas necesitan que se cubran sus necesidades básicas —entre otras muchas cosas— ya que son mujeres que, si antes estaban desprotegidas, ahora lo están aún más. Muchas están en situación irregular y no están empadronadas en los ayuntamientos en los que están confinadas, lo que dificulta el acceso a ayudas y recursos.

En lo que parece el final de la primera ola epidemiológica de esta pandemia, algunas de estas mujeres se están planteando si colgar de nuevo o no sus anuncios. Tienen que volver a prostituirse porque no tienen dinero y al mismo tiempo, tienen miedo. Durante este parón, son muchas las que dicen que no quieren volver. Tomar la decisión es difícil y muy duro. Por eso es necesaria una respuesta eficaz, una salida para que no se vean abocadas a volver a prostituirse. Reconectar con este mundo es aún más difícil para todas y con el covid-19 aún en el aire, son conscientes de que su salud está en juego.

El machismo lo cubre todo

Ana Barba es coordinadora de Aliad Ultreia. Forma parte de un proyecto de mujeres que sufren violencia machista, pero las víctimas de trata y las mujeres en prostitución también sufren violencia de género. Ana, junto con otras de sus compañeras, visita a estas mujeres en los lugares en los que son prostituidas: clubes, pisos y en los barrios. Conocen de primera mano la situación en la que están y les explican lo que hace Aliad. «Non soen vir por iniciativa propia porque non coñecen os recursos e, ás veces, tampouco a cidade na que están», cuenta Ana, que también se encarga de explicarles cuáles son sus derechos, les ofrecen atención psicológica, orientación laboral, sociosanitaria...

Detectar situaciones de trata y otras formas de violencia machista es fundamental. La prostitución «es un sistema de explotación opresivo», y antes de que empezase la pandemia de coronavirus, estas mujeres ya estaban en una situación de vulnerabilidad. En esta crisis sanitaria, el panorama ha empeorado aún más para todas. «Non é cuestión de darlles uns recursos para que despois teñan que volver á prostitución. É cuestión de ver que elas xa estaban mal, e que agora están peor. Fai falla unha resposta integral que sexa unha alternativa», cuenta Ana.

Ahora, tras varios meses de confinamiento, la mayor parte de las mujeres prostituidas no han recibido un solo ingreso. A esto se une que tampoco tienen dinero para mandárselo a sus familias, que muchas veces se encuentran desprotegidas y a miles de kilómetros de Lugo.

El 95 %, migrantes

El 95 % de las mujeres con las que trabajan en Aliad son migrantes, con historias dolorosas detrás y que viven situaciones muy difíciles en su día a día. Algunas llegan buscando asilo, otras huyen de sus países de origen para escapar de la guerra. Todas tienen algo en común: su situación de vulnerabilidad es el alimento del que se nutre la prostitución.

Algunas mujeres llegan hasta la asociación por el boca a boca y cuentan que algunos arrendatarios de los pisos en los que se prostituyen las están sometiendo a presión para que paguen los alquileres y vuelvan a prostituirse cuanto antes. Los pisos de plaza tienen un precio de alquiler muy alto. Hasta los propietarios aprovechan la situación de vulnerabilidad de estas mujeres. Con deudas acumuladas y sin dinero, es difícil buscar una salida. Más que una decisión, para ellas es una necesidad volver a prostituirse.

Las que están en los pisos son invisibles, además de las más vulnerables

Las mujeres que se prostituyen en los pisos son las más ocultas. Ellas están muy lejos de la agenda social, mediática e incluso mundial, porque las que viven y se prostituyen en los pisos parece que no existen. Pero están. «A un barrio ou a un club podemos acceder se imos. Pero os pisos son de moito máis difícil acceso», explica Ana Barba. Algunas de estas mujeres son víctimas de trata o de explotación. Llegar hasta ellas es difícil y aún más, ayudarlas. Ellas son también las que más presión reciben de los proxenetas porque los clubes no pueden abrir sus puertas, pero un piso sí.

Al año, Ana y sus compañeras visitan a más de 300 prostitutas de la provincia.

Un negocio que sobrevive gracias a los hombres: sin demanda, no hay prostitución

El foco está puesto sobre las prostitutas, ¿pero no sería coherente detallar el porqué de su existencia y quién está detrás? Ana Barba lo tiene claro: «Se non hai demanda, non hai prostitución», sentencia. Ella prefiere denominarlos prostituidores y no clientes. Porque decir que son clientes es asumir que ellas forman parte de un mercado y que son un producto más del mismo.

«Te pago algo más si me haces esto», escuchan muchas prostitutas. Ellos saben que necesitan el dinero y que por eso mismo, ellas no tienen la opción de decidir ni de decir «no».

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