El día de la Ascensión que nadie recordará

Patricia Calveiro Iglesias
p. Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SOCIEDAD

Sin atracciones en la Alameda, cabezudos por el casco histórico ni caballos en Amio, los santiagueses vivieron un festivo «atípico»

23 may 2020 . Actualizado a las 00:31 h.

La Ascensión despierta miles de imágenes en la memoria de los compostelanos, pero la de ayer fue una fiesta que nadie recordará. Tan solo, por ser un festivo distinto a todos los demás. Sin atracciones en la Alameda, ni las colas habituales para comer el pulpo en la carballeira, ningún niño podrá decir que rozó por primera vez el cielo de Compostela desde la noria. Las escaleras de Praterías no se llenaron de vecinos y turistas hipnotizados por los bailes en corro de los cabezudos. No costó levantarse tras una noche de celebración. El campus amaneció sin restos de botellón ni había por la mañana vídeos que compartir de los artistas del momento en A Quintana tras Los 40 Pop. Y por primera vez, en mucho tiempo, no se escuchó el trote ni relinchar de los caballos en Amio.

En su lugar, paseando por la Alameda, muchos recordaban ayer el bullicio de los puestos de feria, las carreras de camellos, el olor a brasas y churrasco junto a las carpas y tantos otros momentos especiales. En eso reparaba la santiaguesa María Teresa Alborés, caminando por el Paseo da Ferradura: «Me encanta la Ascensión. Son las fiestas, sobre todo de joven, que más me gustaban de todas. Para mí era lo mejor que tenía Santiago. Este año no pudo ser. No se puede hacer nada, es comprensible». Cuenta que si la alarma sanitaria no hubiera puesto patas arriba a medio mundo y forzado la cancelación de todos los eventos, ella estaría haciendo algo parecido. «A mi edad, vendría a dar un paseo como ahora, escucharía la música y a lo mejor iría con la familia a comer el pulpo», dice. Tan arraigada está esta costumbre que otra picheleira, recién salida del hospital, pedía a los suyos que no faltase ayer el pulpo, aunque fuera en casa.

«No esperaba mucha gente en la calle, pero sí por lo menos unos fuegos, que no hacen daño a nadie, recordando que son fiestas. Pero, en este momento, hay que llevarlo de esta manera», indicaba con resignación Luis Teijeiro. Para este lucense, afincado desde hace 40 años en la ciudad, la Ascensión es sinónimo de feria caballar, a la que fue siempre que pudo.