Ana María Fuentes, cuidadora: «Recibo vales para alimentos, pero
hay que recargar la tarjeta del bus»

Trabajaba en domicilios particulares con personas mayores, es una de las afectadas por la pandemia del coronavirus

Mili

Empleados en un ERTE que aún no han cobrado la ayuda y trabajadores en B cuyos ingresos se han congelado. Estos son dos de los nuevos perfiles que copan los servicios de reparto de alimentos o cheques para la compra en las oenegés e instituciones benéficas gallegas hasta ahora solo visitadas por lo que muchos definen como necesitados «crónicos».

Ana María Fuentes Urrutia, de 56 años y vecina de Santiago de Compostela, es una de ellas. Hasta el 15 de marzo iba enlazando trabajos como limpiadora o cuidadora de mayores. Las medidas de distanciamiento social, más acuciantes en el caso de las personas de más edad, la han dejado sin ingresos. Estos días se hace cargo de su nieto, en Ribeira, además de un hijo que depende de ella.

«No recibo ninguna ayuda. Solo los vales de alimentos de Cáritas, pero también necesitas dinero, aunque sea para recargar la tarjeta del bus. Busco trabajo para cuidar personas mayores. Excepto estar de interna, puedo adaptarme a cualquier horario. Debo el alquiler donde vivo. He trabajado en varios sitios y tengo buenas referencias de Cáritas. Estuve en una empresa cubriendo una baja como limpiadora, iban a llamarme, pero, al final, con el coronavirus todo se paró. Desde entonces solo recibí una oferta para hacerme cargo de un señor ingresado en el hospital. Me dio miedo por los contagios del coronavirus. Tengo a mi cargo a uno de mis hijos, del que soy la responsable. Está diagnosticado de esquizofrenia. ¿Quién lo cuida si tengo covid-19?», lanza en un gripo desesperado Ana María.

La segunda ola

Su caso, admite Pilar Farjas, la responsable de Cáritas en la ciudad de A Coruña, constituye un nuevo prototipo, el de la postpandemia. «Ahora lo más urgente para nosotros son los economatos, donde pueden hacer la compra a precios accesibles, y de una forma más digna que estar en una cola, con los vales que les entregamos. En la ciudad tenemos dos. Pero, después del apuro de estos días, tendremos que centrarnos también en las ayudas de emergencia para el pago de alquileres, tramitación de expedientes y facturas de suministros a través de tarjetas nominales», pronostica Farjas.

El final que no se ve de las «colas del hambre»

M. M. Otero / A. Mahía / M. Hermida / P. Varela / A. Gerpe
Colas en A Coruña
Colas en A Coruña

Aunque abril, «el peor mes»,  registró los mayores picos, la falta de ingresos dispara la demanda de usuarios

Hay una diferencia respecto a la crisis del 2008, comenta Óscar Castro, de la Cocina Económica de A Coruña. «La economía sumergida permitió arañar unos euros entonces a muchas familias», admite. Ahora, esta opción es imposible. Desde el 15 de marzo, el comedor abierto en 1886 para servir platos calientes «es un centro logístico para elaborar las bolsas de espaguetis, atún, galletas... Van 50.000 kilos en los 20 repartos realizados», comenta.

Los cerca de mil menús diarios que repartían a 220 familias de la ciudad en sus casas se han suspendido. En su lugar, hacen dos entregas semanales de alimentos a través de cuatro puntos de recogida. Las colas en el barrio de Sagrada Familia alcanzaban varias calles ayer. El Ayuntamiento les ha derivado otras 300 familias así que ahora abarcan a más de 500. Un esfuerzo al que hay que añadir el aumento de usuarios del comedor social, 270 frente a los 200 de antes del estado de alarma. Está cerrado al público y se llevan los platos preparados.

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