El otro aislamiento de O Invernadeiro

Dos agentes medioambientales vigilan el parque, a donde llegó un ejemplar de oso pardo hace más de un año


Ourense / La Voz

En el año 1979, el fuego se llevó por delante casi dos tercios del territorio que abarca el Parque Natural do Invernadeiro, de 6.000 hectáreas. Ricardo Prieto, de 58 años, era por entonces un chaval. Ahora, es uno de los dos agentes medioambientales del recinto. «Cando pasou, eu xa collía os prismáticos. Pero aínda me estaba formando», cuenta. Recuerda que las llamas no se originaron allí, sino que venían de Laza. «Chegou dos montes de Camba, e non había os medios de hoxe», explica.

Ahora, el Invernadeiro es un vergel que, para muchos, aún guarda zonas desconocidas o difíciles de alcanzar. Ricardo llegó en el año 2001 y reconoce que, para conocerlo bien, «hai que patealo moito». Hay montes escarpados y también cañadas grandes. La orografía de la zona y su condición de zona protegida han facilitado su aislamiento. Durante la cuarentena por el covid-19 no hubo visitas. «Pero aquí non nos afectou, e cada un pode ir a onde lle pete», indica.

Ricardo habla en concreto de los animales. Semanas atrás, cámaras instaladas en las pistas de tierra del parque captaron imágenes de un oso pardo joven, el primero en la zona desde hace más de un siglo. Creen que el animal lleva casi un año allí, explorando sus límites en la juventud. «Eles teñen que desprazarse e antigamente estaban asentados aquí. Isto xa era deles. Non sabemos se haberá algún máis, porque son tipos escorregadizos e aquí hai moito monte», describe.

El oso dejó sus marcas en algunos troncos de los árboles. Antes, los empleados del parque ya habían encontrado alguna huella, pero toparse con él era francamente complicado. Ellos no buscan el contacto humano. «E case é mellor, porque tiña unha altura considerable», bromea Ricardo. Si se moverá o no, ya no lo saben. Ellos buscan un entorno seguro y con espacio a sus anchas. «E estes son tranquilos, de meterse soamente algún postre de cando en vez nunha colmea», dice.

Algunas de las que se zampó pertenecían a su compañero Tomás Pérez. «Yo tenía varias y allá se fueron», explica. Tras un análisis reciente, Pérez calcula que el oso llegó al lugar el 10 de mayo del año pasado, por un rastro próximo a un embalse. «Y por aquí estuvo, de cachondeo. Estaba tan a gusto que el animal se movía unos 500 metros, se paraba a comer y, luego, a descansar otra vez», ilustra el agente medioambiental.

Tomás es turolense, y con 16 años se vino a Galicia porque la modalidad de estudios a la que él aspiraba no admitía alumnos hasta los 18 en el caso de Aragón. Así que se formó en Santiago, accedió poco después a su trabajo por medio de unas oposiciones y echó raíces, casi como el oso. «Uno no es de donde nace, sino de donde pace», razona. Se casó en Laza y ya lleva 31 años trabajando en el parque. Cuando comenzó, apenas había cuatro osos en toda la Cordillera Cantábrica. «Y esto es todo un acontecimiento, porque el Macizo está ya muy encajado dentro de Galicia», contempla. El ejemplar que encontraron llegó a ganar 40 kilos de peso durante el pasado otoño. A base de arándanos, bayas, bellotas y, cómo no, miel, se merendó el parque a diario. «Y lo hizo porque nadie le molestaba. Ellos saben que aquí tienen tranquilidad», dice Tomás.

Zona de paso, y de caza

El caso del oso que se adentró en el Invernadeiro dibuja la realidad del parque, que es una zona de paso para animales que llegan de otras latitudes y también un recinto de estancia y caza para, por ejemplo, algún grupo de lobos. Ricardo Prieto estima que puede haber dos, pero dar cifras concluyentes es complicado, porque primero hay que detectarlos y rastrear sus movimientos.

El año que viene, Ricardo cumplirá 20 años de servicio en la instalación. Por su cabeza pasan fogonazos de imágenes que podrían ser los fotogramas de un documental. «Algunhas cousas pasan soamente unha vez, como unha aguia que intentaba levarse unha cabra», recuerda. Tanto Tomás como él valoran la oportunidad de estar en libertad, como los animales. «Eu crieime nunha aldea e non son de estar en centros comerciais», dice Ricardo. Y su compañero celebra que la aparición del oso puede ser un puente hacia su recuperación definitiva también en Portugal.

Actividad, la próxima semana

Desde la Xunta esperan poder retomar la actividad en los tres parques naturales de Ourense la próxima semana, tras los trabajos de conservación en Xurés, Serra da Enciña da Lastra y O Invernadeiro. En el caso de este último recinto, para acceder es preciso pedir una autorización previa a la propia Xunta. Sin su obtención, las visitas están restringidas.

Las tareas permitieron desbrozar en total algo más de cuatro hectáreas de terreno e incluyeron también otras labores como rozas, eliminación de madera y árboles caídas, así como limpieza y señalización.

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