La residencia con mayor número de casos de Ourense se libra del covid-19

En estos dos meses fallecieron 25 de los 125 mayores que dieron positivo en Nuestra Señora de La Esperanza

Los sanitarios de la residencia Nuestra Señora de La Esperanza de Ourense muestran su alegría
Los sanitarios de la residencia Nuestra Señora de La Esperanza de Ourense muestran su alegría

Ourense / La Voz

Seis altas más. Y fin. Después de dos meses, la residencia Nuestra Señora de La Esperanza de Ourense está libre de coronavirus. Ya no quedan enfermos entre las paredes del centro que más casos registró en toda la provincia. Un total de 125 usuarios dieron positivo por coronavirus en todo este tiempo, de los cuales 98 consiguieron curarse, aunque uno de ellos falleció poco después. Otros 24 compañeros de residencia también murieron con covid-19. Faltan tres todavía, que están ingresados en el hospital. Desde la Fundación San Rosendo, que gestiona el centro, confían en que pronto puedan regresar, ya curados.

Entre los seis mayores que el martes supieron que estaban libres de coronavirus está José Rodríguez Lorenzo, que a sus 95 años puede presumir de haber vencido. Y eso que no siempre lo tuvo tan claro. El 25 de marzo comenzó a tener fiebre y tres días después se confirmó el contagio. Durante 28 días estuvo aislado en una planta diferente a la que es la suya desde que en diciembre del 2007 ingresase en La Esperanza. Estaba lejos de su habitación y de sus cosas, y eso no le gustaba. Además, no se encontraba nada bien. Tuvo muchos días de fiebre y de mareos.

«Chegou un punto que non me tiña de pé», cuenta el nonagenario nacido en Prado (Castrelo de Miño) ya recuperado. Habitualmente se vale con un andador para caminar, pero durante los peores momentos de la enfermedad no era capaz de ponerse en pie ni con ayuda de dos personas. Llegó a no andar absolutamente nada. «Non podía, que caía», recuerda.

Ahora ya está bien, pero han tenido que pasar casi dos meses. Satura con normalidad, ha recuperado apetito y también fuerza muscular. En esa cuestión ha influido mucho el trabajo de Pablo Gómez Delgado, el fisioterapeuta de la residencia, que ha estado trabajando con él todo este tiempo. «Agora quéixase da cadeira e do xeonllo, como antes do coronavirus», resalta el profesional. Con la confirmación de los seis negativos que les faltaban, en el centro entró de nuevo la alegría. Por los mayores y por los propios trabajadores. También entre el personal hubo contagios. Hasta 35 empleados tuvieron coronavirus, y todavía hay trece de baja, todos en aislamiento domiciliario.

«Mucha cautela»

«Estamos muy contentos, porque por fin llegó el momento de decir que estamos libres de coronavirus», explica Aránzazu Crespo, la directora del centro. Eso sí, nada de relajarse en exceso. «Seguimos trabajando con mucha cautela, nosotros vivimos el coronavirus, sabemos lo que es y no bajamos la guardia. El miedo es libre», añade. «É unha mestura, estamos contentos porque non hai casos no centro, pero tamén despois do sofocón que pasamos, que non tiñas tempo nin de pensar, pensamos nos falecidos», apunta Pablo Gómez. Crespo recalca en este sentido que la Esperanza no es una residencia sanitaria en la que los pacientes llegan, se curan y se van. La Esperanza es un centro en el que la mayoría de los residentes son grandes dependientes y con patologías previas y todos forman un gran familia.

«Para muchos somos su única familia y de los demás conocemos a su mujer, a sus hijos, a su marido... Así que el sentimiento es muy fuerte», enfatiza. Y no todos han vencido al virus. En recuerdo de los 25 mayores fallecidos en la pandemia, los trabajadores decidieron guardar un minuto de silencio y colocar un crespón negro. «Tenemos la espinita de la gente que se nos quedó en el camino», dice Crespo.

Cinco de los seis mayores que recibieron el alta el martes en la residencia Nuestra Señora de La Esperanza de Ourense
Cinco de los seis mayores que recibieron el alta el martes en la residencia Nuestra Señora de La Esperanza de Ourense

Con todos curados, en el centro se relajan algunas medidas, pero con mucha cautela. Los trabajadores seguirán llevando equipos de protección, y los 137 mayores que viven en La Esperanza continuarán haciendo vida separados por plantas. La primera está reservada a aquellos usuarios que nunca tuvieron coronavirus. Durante una temporada incluso fueron trasladados a otro centro anexo al suyo (también gestionado por San Rosendo), pero ya han vuelto a la que es su casa.

Las plantas segunda, tercera y cuarta siguen ocupadas con los pacientes que se han ido curando. «Ahora empezamos una desescalada propia», explica Aránzazu Crespo, que viene marcada por el trabajo en grupos pequeños. Se ha acabado lo de compartir todos un mismo comedor o juntarse en las actividades.

Y han comenzado a contar los 15 días que tienen que pasar hasta que el centro abra sus puertas a la visita de familiares. Porque aunque el lunes está previsto que las residencias levanten la restricción total que había a que entrase gente del exterior, es requisito imprescindible que hayan pasado 15 días sin que haya ninguna persona contagiada en el interior de las instalaciones.

La «nueva normalidad» comienza a hacerse hueco en La Esperanza, que está siendo investigada por la Fiscalía Superior de Galicia, que abrió diligencias penales contra varias residencias por su gestión durante la pandemia tras una denuncia de la federación de usuarios y familiares REDE.

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