Ourense se pone la mascarilla: «La gente no quiere que le caiga una multa o le llamen la atención»

Pablo Varela Varela
P. varela OURENSE / LA VOZ

SOCIEDAD

Miguel Villar

Vecinos de la ciudad, empleados de Correos o del servicio de limpieza municipal perciben un cumplimiento casi general de la norma del Gobierno

21 may 2020 . Actualizado a las 16:59 h.

En torno a las diez y media, Flora, de 58 años y empleada del servicio de Correos, llevaba ya dos horas caminando por la ciudad repartiendo correspondencia. Seguramente, al final del día tendrá un dibujo completo de si Ourense cumplió o no con la obligación de uso de mascarillas. «Y en comparación con el principio parece que hay bastante más gente», decía. En su caso, además de ir por las calles, también timbra a los vecinos a los que lleva algún paquete. «Pero ahora avisamos por el telefonillo y mandamos muchas cosas por el ascensor. Algunas personas salían con mascarilla desde dentro de casa también», cuenta.

La ciudad de As Burgas se desperezó con una amplia mayoría de vecinos bostezando tras útiles de protección facial. Algunos, de forma más testimonial, la llevaban en la mano, colgada de la oreja para detenerse a hablar por el móvil o la bajaban furtivamente para fumarse un pitillo. Pero en zonas céntricas como la Praza Maior o Santo Domingo, la imagen constante era de haber acatado la pauta. De hecho, en una droguería del Paseo avisaban al entrar de que, en realidad, acceder con pantallas de PVC y no con mascarilla sería incumplir lo dictado. «El BOE indica que deben ser mascarillas, no algo similar», advertía una de las empleadas que controlaba el acceso en la entrada.

En una de las tiendas de Inditex que abrieron primero sus puertas durante el estado de alarma siguen controlando el aforo. «Dentro del local, si respetas la distancia de seguridad de dos metros, no precisarías llevarla. Aquí dentro solo pueden estar, como mucho, 19 personas. Ni una más», explicaba una trabajadora. Sin embargo, ella aboga por no perder el control fuera. En el Paseo, ya concurrido habitualmente antes de la epidemia, la apertura de los comercios y algunas terrazas ha conseguido recuperar el pulso de actividad. Y sin llegar a ser un hormiguero de vecinos, la estampa sí se va pareciendo más a la clásica.