La incertidumbre de Amelia: «No vivíamos con lujos, pero esto nos destrozó a unos más que a otros»

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

SOCIEDAD

miguel villar

El coronavirus cortó de cuajo la ilusión de una familia ourensana, que se quedó al borde de conseguir un trabajo estable cuando se inició la epidemia

19 may 2020 . Actualizado a las 11:18 h.

La vida puede ser tan perra que es capaz de lanzar una moneda al aire para decidir el futuro de una familia en medio de una epidemia. A la de Amelia, oriunda de San Sebastián y vecina de Ourense desde hace casi dos años, le salió cruz. Y ahora, ella camina a diario hacia el comedor social de Cáritas que meses antes veía de lejos, cerca de su casa. «Cuando contemplabas las colas le decía a mi marido: ‘Qué de gente está en momentos de necesidad’», cuenta.

Amelia trabajó toda su vida como sociosanitaria. Empezó de cero en la ciudad al irse a vivir con su actual pareja. Él, de 36 años, tiene una hija de su relación anterior. Ella, de 45, otros dos pequeños. Él trabajaba como conductor de transporte escolar en una empresa que aguantó un mes antes de declarar un ERTE. Ella, tras casi año y medio de búsqueda infructuosa de empleo, iba a empezar a finales de marzo en una institución de ayuda a personas semidependientes que, con el estado de alarma, cerró sus puertas para evitar que por ellas entrase el coronavirus. Todo se fue al traste por un enemigo al que nadie conocía y que no entiende de números, tampoco de economía.

La de la familia de Amelia es ahora un rompecabezas de supervivencia. «Somos una familia de cuatro son sus gastos, más la pensión que mi marido le pasa a su exmujer por la niña. Y no vivíamos con lujos, pero esto nos ha destrozado a unos más que a otros», dice. El virus, además de cebarse con la salud, hizo que se agrietasen brechas sociales que ya había antes. «Yo voy al comedor de Cáritas a recoger comida. Y aquí te encuentras a un cúmulo de gente que ya no podía más», avisa. Amelia apela a su orgullo como trabajadora. Antes de la llegada del virus había comenzado un curso para trabajar como cajera, que quedó parado a falta de las prácticas tras la irrupción de la epidemia. También estuvo como voluntaria en Cruz Roja. «Y sigo siéndolo, pero al empezar esto me aparté un poco, por el miedo al contagio y por respeto a mis hijos. Y les agradezco todo, porque se portaron bien conmigo», agrega.