Galicia abre su casa a los refugiados

La organización internacional Refugees Welcome crea una red de voluntarios en la comunidad para compartir casa y experiencias con extranjeros pendientes de asilo


Redacción / La Voz

Ningún ciudadano de ningún país, al margen de su raza, sexo o religión, es ajeno a la crisis del coronavirus. Pero, ¿cómo afecta la pandemia a quien no tiene ni dónde confinarse porque está en una situación alegal en una tierra lejana a la suya? Es lo que les pasa a los refugiados que pidieron asilo y están pendientes de unas resoluciones que suelen llegar más tarde que pronto y que, en el caso de España, se encuentran paralizadas por la crisis sanitaria. Allí donde el Estado no llega o llega tarde, se organiza la sociedad civil; en este caso, a través de Refugees Welcome, una organización internacional sin ánimo de lucro creada en 2014, presente en 16 países y que acaba de abrir un grupo territorial en Galicia. Promovida por personas que por sus viajes o sus experiencias personales ya mantenían contacto con otras culturas, reconocen que «el cementerio del Mediterráneo» les obligó a reaccionar y comprometerse. El grupo gallego se creó en el confinamiento y espera poder iniciar su actividad en cuanto la desescalada lo permita.

Coincidiendo con el día mundial de la convivencia en paz, la organización denuncia que en España, según Eurostat, solo el 5?% de los refugiados recibieron ayuda del Estado en el 2019, y que hay miles de peticiones pendientes que se acumulan en los archivos mientras sus demandantes viven en una situación de vulnerabilidad y provisionalidad que no solo les ocasiona problemas laborales o de convivencia, sino que acaban siendo también víctimas de trastornos psicológicos.

El año pasado se presentaron en España 118.264 peticiones; 1.650 solicitantes lograron el estatuto de refugiado, y 1.500, una protección subsidiaria. A 39.776 se le permitió la estancia en el país por razones humanitarias, pero 17.266 peticiones fueron rechazadas y los refugiados, expulsados; otras 2.200 fueron archivadas, y 55.866 siguen pendientes de revisión; casi la mitad. «Sumémosle a eso las del 2020 y el parón administrativo por el coronavirus, y la patata caliente sigue creciendo», indica Nano Goikoa, promotor del grupo gallego junto con María Filgueira. Frente a la posición de España, «que mira para otro lado», en Portugal se llevó a cabo una regularización masiva de inmigrantes durante la pandemia e Italia va a dar permiso de residencia y trabajo a 600.000.

Limbo jurídico

Tras la primera odisea, la de sobrevivir a la huida del país de origen y al peregrinaje en tierra de nadie, llega la segunda: el día a día sin papeles en una sociedad desconocida. Y ahí es donde actúa Refugees Welcome. Lo habitual, cuando un extranjero que llega a España solicita asilo, es que pase seis meses en un centro en el que recibe techo, comida y clases de español. Luego entra en otra fase en la que se estudia su solicitud y se resuelve. No debería durar más que otros seis meses, pero lo habitual es que se alargue en el tiempo y los solicitantes permanezcan, sine die, en un limbo jurídico. «Deben ser ahora mismo centenares de miles, y va a más», advierte Goikoa. En general, quedan bajo el régimen de protección de entidades humanitarias como Cruz Roja o Accem, con una pequeña ayuda del Estado. «Pero no conocen a nadie y se encuentran en una situación de vulnerabilidad absoluta». ¿Pueden trabajar? En teoría sí, y alguna sentencia lo reconoce, pero «¿qué empresario le va a dar trabajo sabiendo que el contrato puede decaer y que puede ser expulsado?».

Ahí es donde entra Refugees, que promueve la cultura de bienvenida entre la ciudadanía. Los voluntarios de la entidad abren las puertas de sus casas a los refugiados mediante un contrato de alquiler, aunque con precios más bajos que los del mercado. Pero además, la organización les brinda un enlace local que les abre las puertas de la sociedad para ayudarles a crear una red que les facilite su integración. «No es un acogimiento, es un acuerdo horizontal, entre iguales y de respeto mutuo», subraya Nano Goikoa.

Goikoa y Filgueira aprovecharon el confinamiento para ponerse en contacto con personas que, en Galicia, ya habían mostrado su interés en compartir casa con los refugiados. Y son una veintena, y la web de la entidad (refugeeswelcome.es) está abierta para que se incorporen más.

Van ya 1.600 convivencias, y cada una escribe historias increíbles en la memoria de una organización que ahora aspira a contarlas también en gallego.

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