Sánchez dice que su pacto con Arrimadas fue una «necesidad»

Bajada de voltios en la sesión de control, con la vista puesta en el debate del miércoles


Madrid | La Voz

Los finalistas la Champions no suelen ofrecer su versión más intensa en el encuentro anterior, que suele coincidir con un partido rompequinielas del campeonato doméstico. Inconscientemente o no, los futbolistas se reservan para la cita trascendental. Y la cita trascendental en el Congreso no llegará hasta el próximo miércoles, cuando previsiblemente Pedro Sánchez regresará a la Cámara en busca de los apoyos que le permitan una nueva prórroga del estado de alarma. De ahí la inusual bajada de voltaje percibida ayer en el hemiciclo durante la sesión de control. La cabeza está puesta en el miércoles. Sin embargo, dada la intensidad a la que acostumbran a debatir los grupos políticos, el partido de ayer dejó detalles.

«El camino es el de la unidad; no solo para salvar vidas, sino para salvar también puestos de trabajo». Frente a las críticas del PP, el presidente del Gobierno volvió a hacer un nuevo llamamiento a la unidad, señalando la comisión de reconstrucción como el escenario más proclive. «Su grupo está llamado a fraguar esa unidad», advirtió. Sánchez rehuyó el combate cuerpo a cuerpo y buscó la erosión de su adversario tratando de enmarcarlo en la radicalidad de la parte derecha del tablero. «El Gobierno se ha propuesto no entrar en esta suerte de dialéctica. El enemigo es el covid, no el PP», comentó.

El fantasma de Zapatero

Por su parte, Casado desplegó sus ataques en el plano económico, pintando un futuro negro y recordando los diez años desde que Zapatero «atacó el Estado del bienestar como nunca», tras anunciar un recorte de 15.000 millones de euros que afectó a pensionistas y funcionarios, «después de muchos meses ocultando datos», lamentó, buscando un paralelismo con la situación actual. «¿Va a pedir el rescate?», cuestionó. Se quedó sin respuesta.

El jefe de la oposición aprovechó el tentempié de ayer para comunicarle en persona a Sánchez lo que ya había avanzado: su grupo votará no a una nueva prórroga. «Hasta aquí hemos llegado. Le hemos apoyado dos meses para salvar vidas, pero no le volveremos a apoyar para arruinar España», afirmó.

El acercamiento entre el PSOE y Cs es visto con recelo entre los socios parlamentarios del Ejecutivo. Bildu instó a Sánchez a que respondiera con «un sí o un no» si piensa seguir buscando «acuerdos con las derechas». El presidente del Gobierno pidió «no mezclar debates», asegurando que la alarma nada tiene que ver con su «progresista» proyecto político: «lo otro es simple y llanamente una necesidad para dar respuesta a una pandemia».

El momento de mayor tensión llegó a raíz de las «lecciones» de democracia impartidas por Pablo Iglesias a la bancada de Vox. Estos replicaron que el vicepresidente había «condenado a muerte» a miles ancianos en residencias, un mensaje que endureció Abascal en Twitter responsabilizándolo de un «genocidio». La diputada Carla Toscana comparó en las redes sociales estas clases de democracia con escuchar a Hitler «dar lecciones sobre el amor al pueblo judío».

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