A Illa va recuperando el ritmo al ralentí

La localidad, libre de limitaciones horarias por su población, vive un día a día más pausado de lo habitual


a illa / la voz

Durante muchos años peleó A Illa para no bajar de los cinco mil habitantes. Una cifra clave para cualquier municipio porque, al margen de que la corporación haya pasado de trece concejales a once, también tiene su influencia en lo que aportan las arcas del estado a las municipales. Y una cifra de población que ha ganado actualidad en los últimos días puesto que es fue el límite fijado para la eliminación de los horarios del confinamiento. A pesar de esa libertad de horarios, la recuperación de la actividad va, lógicamente, al ralentí. Pero va.

En O Xufre, a media mañana, un barco bateeiro descargaba sacos de mejillón mientras los rañeiros también llegaban de la ría. Un saco en cada mano y la mascarilla bien puesta. El uso de la mascarilla se ha generalizado en los últimos tiempos, a pesar de las reticencias que muchos mostraban al inicio.

Los más veteranos sí parecen tener más remilgos a la hora de ponerse las mascarilla. Ayer no había una tertulia demasiado nutrida, pero sí que en ella se guardaban las distancias. Ahí había veteranía pero el mando en el lugar lo parece tener David Bowie. El perro pasaba la mañana en su privilegiada terraza con sus dueños y no se le escapaba nada de lo que por allí pasaba. Aunque no era mucho lo que pasaba porque no había demasiada actividad. La mayoría de las cafeterías todavía están cerradas y parece que esperarán hasta el día 24. José, de A de Fina, pese a que podría colocar hasta ocho meses es uno de los que todavía no se ha decidido a abrir sus puertas. Argumenta que mientras no pueda aumentar su potencial clientela con la opción de que también puedan entrar en el local no le compensará.

Tampoco hay demasiado trajín en la panadería. Jessica, la dependienta, ha colocado una minitrinchera con taburetes para que los clientes mantengan una mínima distancia, algo que no era muy fácil al inicio. Ella está bien pertrechada para atender. En cuanto a la clientela dice que hay de todo, aunque muchos no portan ni mascarillas ni guantes.

Un panorama pausado, en fin, para una localidad que va recuperando el ritmo poco a poco. Un ritmo que ayer mantenían alto, sin embargo, los operarios municipales que retiraban varios enseres voluminosos al lado del centro de salud. Para ellos sí que no pareció ser una mañana tranquila.

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