Camareros y personal de limpieza: así es el nuevo perfil que dispara las peticiones de ayuda a Cáritas

Empleados que no han ingresado el ERTE o cobraban en negro y autónomos sin colchón de ahorro acuden a la entidad

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redacción / la voz

Distribuyen lotes de alimentos, gestionan tarjetas monedero para la compra de productos básicos o prestan ayuda directa para el pago de alquileres y recibos. El papel de Cáritas está recuperando los niveles desencadenados por la crisis del 2008. Con un contexto distinto, las delegaciones de la institución solidaria no solo dan respuesta a una mayor demanda, sino que se adaptan a un nuevo perfil de usuarios.

«El cambio es radical. Estamos horrorizados», confiesa Luis Calviño, director de Cáritas en Santiago. Las cifras hablan por sí solas. Si en enero pagaron dos alquileres por valor de 725 euros, en mayo fueron 17, una factura de 16.840 euros. Además, de las 304 familias habituales a las que auxilian en el abono de recibos, suman 161 nuevas incorporaciones.

En Pontevedra, donde han habilitado el multiusos de A Xunqueira para acoger a personas sin hogar, avanzan que esperan «a gente que no está en el circuito. El estudiante en prácticas o el operario que estaba contratado un mes y no ha cobrado», comenta Íñigo Arranz Roa.

Cáritas avisa que el perfil de los demandantes de algún tipo de las ayudas que ofrecen en sus programas está cambiando
Cáritas avisa que el perfil de los demandantes de algún tipo de las ayudas que ofrecen en sus programas está cambiando

«La situación es muy grave, pero esto no ha hecho más que empezar. Viene gente que jamás pensó verse en una situación así», cuenta Marta Pazo, la coordinadora en Mondoñedo y Ferrol. Los han llamado «personas que tenían su propio negocio, pero que no disponían del colchón suficiente para hacerle frente a una interrupción tan brusca de su actividad», describe.

En la delegación de Viveiro la situación es similar. Hay «un incremento importante» de trabajadores de la hostelería en ERTE y de los que cobraban «en negro», como personal de limpieza. «A las nuevas familias que han acudido a nosotros todavía no nos ha dado tiempo a tramitarles nada», reconocen. En uno o dos meses pronostican un incremento en el número de peticiones de dinero para pagar recibos de luz o agua. «Lo primordial ahora es comer», asienten.

En Carballo, donde repartían alimentos a 200 familias de forma habitual, se han sumado 70 más. En Arousa se ha estabilizado el funcionamiento del comedor social, tras un pico de usuarios del 30 % al inicio de la pandemia. Ahora están en los 65 comensales. Desde el Concello de Vilagarcía aportan otra cifra. En estos dos meses, 1.164 personas han hecho uso del teléfono de atención psicosocial, 320 carecían de historial, lo que supone un afloramiento de casos del 27 %.

El lado bueno de la crisis es el aumento de donaciones, como la realizada por el EFA Fonteboa en la delegación de Cáritas en Carballo
El lado bueno de la crisis es el aumento de donaciones, como la realizada por el EFA Fonteboa en la delegación de Cáritas en Carballo
 Alimentos, pago de recibos o del alquiler, las solicitudes crecen desde marzo

Economía sumergida

En Ourense hacen cálculos. «La demanda es exponencial. En el comedor pasamos de 250 raciones diarias a 660. Entre los nuevos comensales hay gente que aún no cobró el ERTE, autónomos en apuros y personas que sobrevivían gracias a la economía sumergida, como empleadas de hogar», explica María Tabarés.

En A Estrada constatan el cambio. Gente más joven que se ha quedado sin trabajo. Antes del coronavirus atendían a 150 familias. Ahora son 30 más. «As reservas de alimentos están na reserva», dice José Manuel Vázquez. En lo que va de año han repartido más de 10.000 kilos y destinado 5.000 euros al pago de facturas.

El aumento de la demanda de ayuda se cifra en torno al 25 % en Barbanza. «Estamos dados de alta en dous bancos de alimentos para ter provisións suficientes, porque isto vai para longo», dice Manuel Mirás, presidente de Cáritas de Ribeira. Son 470 las familias de la comarca que comen gracias a la oenegé. «Temos 25 con cero ingresos», alertan en la delegación de Noia.

Pico de actividad. Las delegaciones de Cáritas, como esta de Noia, constatan el aluvión de peticiones de ayuda desde el inicio del confinamiento
Pico de actividad. Las delegaciones de Cáritas, como esta de Noia, constatan el aluvión de peticiones de ayuda desde el inicio del confinamiento
Lo peor, avisan, está por venir, cuando se acaben las ayudas y los negocios no refloten

En A Coruña, la directora local, Pilar Farjas, dibuja el nuevo perfil predominante en la ciudad: «Matrimonio de entre 30 y 40 años, la mayoría con hijos, con contratos precarios y que perdieron su trabajo. El 60 % son inmigrantes».

El incremento de familias que hacen uso del servicio de economato es del 30 %. «En marzo teníamos 400, ahora 520», precisa Farjas. Con el Concello, pasaron de destinar 16.000 euros a alimentación a superar los 40.000.

El lado bueno es que han crecido las donaciones. «O peor está por vir, porque cando se acaben os ERTE vai haber moito paro», avisa José Manuel Vázquez, de A Estrada. «Os cidadáns están a doar todo tipo de artigos necesarios e temos un bo número de xente nova como voluntarios que collen a testemuña dos maiores, que son un grupo de risco ante o covid», destaca Paco Fernández, de Cáritas en Vilagarcía.

Información elaborada por M. Gómez, M. Mosteiro, F. Brea, A. López, R. García, R. Loureiro, M. Méndez, S. Glez y M. Rguez.

Isabel, usuaria de Cáritas: «Nos han ayudado mucho, de esta saldremos adelante»

j. c.
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Esta vecina de A Coruña es una de las personas que ha tenido que acudir a la oenegé

A Isabel, que en realidad tiene otro nombre, el virus le pilló a punto de despegar. Estaba ya saliendo de unos meses difíciles en los que la ayuda de Cáritas le permitió asentarse en A Coruña e iniciar una nueva vida cuando todo se paró. Ella, que tiene ahora 30 años, salió de Venezuela en septiembre del 2018: «Me dijeron que con mi formación, me resultaría fácil encontrar trabajo en España. Pero no fue así». Isabel es profesora de inglés y aterrizó con su hijo de 5 años y unas perspectivas de empleo que se esfumaron pronto. Con dos o tres malas manos, se vio sin nada: ni vivienda, ni ingresos. «Yo no sabía nada de Cáritas y alguien me habló de ellos, me dijo que tal vez pudieran hacer algo por mí». Y lo hicieron.

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