Isabel, usuaria de Cáritas: «Nos han ayudado mucho, de esta saldremos adelante»

Esta vecina de A Coruña es una de las personas que ha tenido que acudir a la oenegé

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redacción / la voz

A Isabel, que en realidad tiene otro nombre, el virus le pilló a punto de despegar. Estaba ya saliendo de unos meses difíciles en los que la ayuda de Cáritas le permitió asentarse en A Coruña e iniciar una nueva vida cuando todo se paró. Ella, que tiene ahora 30 años, salió de Venezuela en septiembre del 2018: «Me dijeron que con mi formación, me resultaría fácil encontrar trabajo en España. Pero no fue así». Isabel es profesora de inglés y aterrizó con su hijo de 5 años y unas perspectivas de empleo que se esfumaron pronto. Con dos o tres malas manos, se vio sin nada: ni vivienda, ni ingresos. «Yo no sabía nada de Cáritas y alguien me habló de ellos, me dijo que tal vez pudieran hacer algo por mí». Y lo hicieron.

Isabel y su hijo pudieron ocupar pronto uno de los pisos que la institución utiliza para casos como el suyo. Y ella empezó a conseguir algunos empleos eventuales, hasta que le hicieron un contrato en un hotel de Sada: «Era de un mes y luego me iban a hacer otro de seis meses. Pero ni siquiera pude terminar el mes». El virus, el estado de alarma, el parón... Isabel tuvo que posponer de nuevo sus planes: «Esa era la idea: dejar este piso para alquilar el nuestro». La pandemia frustró uno de esos momentos de los que tanto disfruta Cáritas: cuando aquellos a los que saca del apuro vuelven a volar solos. El covid-19 no solo ha incorporado usuarios, también ha impedido que los iban a dejar de serlo pudieran hacerlo.

Esperando a junio

Han sido unas semanas difíciles en las que han ido saliendo adelante con una tarjeta de supermercado que Cáritas rellenaba dos veces al mes. Pero ella es optimista: «Ya me llamaron del hotel para volver a finales de mes. En Cáritas nos han ayudado mucho y vamos a salir adelante». El contrato con el hotel debería permitirle mantener por sí misma a su familia. Y su formación académica, encontrar una salida a medio plazo. No se arrepiente, dice, del viaje que le trajo a España: «Prefiero quedarme aquí». Su hijo juega al fútbol y ya ha ganado un campeonato. Todo iba bien hasta que llegó el virus. Pero Isabel sabe que esto es un paréntesis. Lo mejor está por llegar.

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Distribuyen lotes de alimentos, gestionan tarjetas monedero para la compra de productos básicos o prestan ayuda directa para el pago de alquileres y recibos. El papel de Cáritas está recuperando los niveles desencadenados por la crisis del 2008. Con un contexto distinto, las delegaciones de la institución solidaria no solo dan respuesta a una mayor demanda, sino que se adaptan a un nuevo perfil de usuarios.

«El cambio es radical. Estamos horrorizados», confiesa Luis Calviño, director de Cáritas en Santiago. Las cifras hablan por sí solas. Si en enero pagaron dos alquileres por valor de 725 euros, en mayo fueron 17, una factura de 16.840 euros. Además, de las 304 familias habituales a las que auxilian en el abono de recibos, suman 161 nuevas incorporaciones.

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