Ultimátum a los bares: o se cumplen las normas sanitarias, o cierre

La hostelería gallega responde pidiendo responsabilidad a todas las partes y las autoridades insinúan que si hay un rebrote volverá el confinamiento


Un mensaje tibio procedente de las autoridades basado en el optimismo, un ejercicio de irresponsabilidad por parte de un sector de la población y una incapacidad para ejecutar las medidas de control del contagio del coronavirus por parte de los empresarios. Son los ingredientes de un cóctel explosivo.

Menos de veinticuatro horas después de la habilitación para reabrir las terrazas con un límite del 50 % de su capacidad, las autoridades lanzaron un ultimátum a la patronal del sector hostelero: o se cumplen las normas higiénico-sanitarias o volverán a cerrar los bares. Esta amenaza se refuerza con la orden a las fuerzas de seguridad para extremar el control de los protocolos establecidos y la advertencia de que se pueden incoar expedientes que podrían alcanzar los 6.000 euros de sanción. «Nos informan de que si se produce un rebrote podríamos tener que volver a ser confinados», alarman los hosteleros en su comunicado interno.

Después de una primera jornada en la que apenas regresó a la actividad el 10 % de la hostelería de España y en la que se multiplicaron las imágenes de grupos de personas que incumplían las mínimas medidas de seguridad sanitaria establecidas en la lucha contra el covid-19, el director del Centro de Control de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón fue muy directo: «Lo que han vivido los profesionales sanitarios, pero sobre todo lo que ha vivido nuestra población en general, no lo podemos olvidar tan rápido. No podemos olvidar nuestros 26.920 muertos. No podemos olvidar que aún tenemos 176 fallecidos nuevos entre ayer y hoy. No podemos olvidar todos los hospitalizados que todavía están en los hospitales y todos los que estuvieron. No podemos olvidarlos en una semana. No podemos olvidarlo tan rápido».

«No es necesario prolongarlo meses, pero sí que es necesario alargarlo todavía algunas semanas, esa percepción del riesgo al que nos exponemos, no porque a cada uno de nosotros a nivel individual le pueda suponer un problema, sino porque el riesgo de que uno de nosotros nos infectemos supone que otra gente a nuestro alrededor pueda fallecer», añadió.

Un asunto de vida o muerte

El sector hostelero gallego hizo autocrítica, recogió el guante de forma unánime y llamó a la responsabilidad a todas las partes. «No hay que andar con paños calientes. Estamos así por una alerta sanitaria. Es un asunto de vida o muerte. Preservar la salud es la prioridad absoluta. No solo el cliente se pone en riesgo, también sitúa al trabajador en la misma tesitura. Hay que aprender a convivir, o confinarse. Después está el efecto económico, pero eso es otro asunto », asegura tajante Cheché Real, presidente da Asociación Provincial de Empresarios da Hostalería da provincia de Lugo, que añade: «Después de como quedan los ERTEs, entiendo que las negociaciones seguirán para la hostelería y la automoción, porque de lo contrario muchas empresas irán a la quiebra».

Ovidio Fernández, presidente de la Confederación de Hostelería de Ourense, corrobora: «Hubo cierto abuso y el covid-19 todavía es una amenaza para todos, y eso teniendo en cuenta que la mayoría de los empresarios renunciaron a abrir en esas condiciones tan desfavorables económicamente». «El éxito de la fase 1 se ha visto mermado por esas dos causas: unas condiciones que esperemos poder renegociar para mejorar en la fase 2, y lo sucedido en algunas terrazas que han abierto. En Italia sucedió algo parecido, pero a nosotros nos pesa mucho la responsabilidad de lo acontecido. Esperemos para la siguiente fase tener más responsabilidad y conocimiento, pero para ello los protocolos deben estar claros y pormenorizados. Todos tenemos las mismas obligaciones», concluye.

Las advertencias oficiales desde todos los ámbitos no se han hecho esperar. El presidente de Asturias, Adrián Barbón, dijo que «de seguir incumpliéndose las medidas de seguridad para evitar nuevos contagios, en diez días estaremos confinados otra vez». El ayuntamiento de A Coruña afirmó que «la situación observada el lunes en algunas terrazas no responde al espíritu de la instrucción pública presentada para garantizar el distanciamiento social y la salud».

Héctor Cañete, presidente de los empresarios de hostelería de A Coruña y vicepresidente del Clúster Turismo de Galicia se mostró muy crítico: «Estamos muy preocupados por lo sucedido. Parece que hemos perdido el miedo y que no ha sucedido nada. Pedimos responsabilidad a todos, también a la población. Estuvimos desbordados y hubo incumplimientos puntuales que han caído muy mal en el sector. Se redujeron terrazas, pero si se repite habrá que plantearse el cierre total». Respecto a los ERTEs, dijo: «Nos preocupan las palabras de la ministra, pero vamos a esperar al BOE, que deberían publicar antes de hablar».

 «La mayor capacidad del ser humano es la de olvidar momentos complicados»

Mar de Santiago, profesora de Ciencia Política y Sociología de la USC cree que «Galicia se ha venido comportando correctamente como sociedad, pero los momentos de debilidad social o de optimismo desmesurado son comprensibles y legítimos, aunque hay que ser responsable». «Somos más Milán que Oslo», resume, mientras cita a la antropóloga Mary Douglas, que estableció las bases sociales de la codificación de la percepción del riesgo y acuñó el término «inmunidad subjetiva, que refleja la minusvaloración del riesgo. «Es la lucha entre el yo individual y el colectivo», reflexiona.

Jorge García, psicólogo clínico del Chuac y profesor de Psicología de la Salud en la UDC, analiza: «En realidad, aunque incidamos en los traumas, la capacidad más importante del ser humano es la de olvidar acontecimientos complicados, lo cual es positivo y nos ayuda adaptarnos». «A mayores, existen diferencias individuales, como por ejemplo los que ya eran más o menos escrupulosos con la salud antes del covid-19», matiza. «No esperemos que la gente sea diferente. En el otro extremo, los que no han salido de casa todavía. La responsabilidad es un rasgo de personalidad y los comportamientos de hoy, eran considerados patologías hace dos meses. Se nos piden conductas de protección no habituales y que necesitan mantener mucho tiempo la tensión, por lo que se requiere constante insistencia», añade. «Siempre habrá un porcentaje de gente que no cumpla, y eso es lo que hay que sopesar», concluye.

«Si le damos al virus la opción de circular, lo va a hacer y podemos tener problemas»

Las consecuencias de actitudes como la observada el lunes en algunas terrazas (pero antes en ciertos momentos puntuales, como al aliviar el confinamiento de los niños o de los deportistas) son imprevisibles, debido al desconocimiento que todavía se posee sobre la transmisión del coronavirus.

María José Pereira, jefa del servicio de medicina preventiva del Chuac, comienza diciendo: «Quiero pensar que más que un problema instalado se trató de una situación inicial que puso en conocimiento público situaciones poco recomendables y que han sido las menos frecuentes». «Sin embargo, es muy importante que el mensaje correcto llegue a la población, porque si realmente incumplimos las recomendaciones de forma sistemática, sería un error. Seguimos siendo una población susceptible de contagio, con un porcentaje muy pequeño de población afectada. Si le damos al virus la opción de circular, lo va a hacer y podemos tener problemas. No le demos esa oportunidad», explica.

«En ese caso, volveremos a estar en una situación susceptible de tener que confinarnos. No tenemos otra alternativa en los próximos meses que el comportamiento higiénico sanitario, porque no tendremos tratamiento antiviral para detener los síntomas ni vacuna. O hacemos las cosas bien, o vamos a tener problemas», reitera.

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