Que sea el organismo quien fabrique la respuesta inmune, tercera propuesta desde Galicia para diseñar una vacuna contra el coronavirus

El equipo de María José Alonso del Cimus fabricará el vehículo que transportará a la célula ARN para producir fragmentos de proteínas que desencadenarán la respuesta inmune en el organismo

María José Alonso lidera el proyecto desde el Cimus de la USC
María José Alonso lidera el proyecto desde el Cimus de la USC

redacción

María José Alonso lleva treinta años trabajando en vacunas desde la Universidade de Santiago (USC), con el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates, la OMS, los Institutos de Salud de Estados Unidos (NIH) y otros organismos internacionales. Pero nunca, ni siquiera en los los últimos años que ha dedicado sus esfuerzos a lograr una inmunización contra el VIH, ha visto una carrera internacional semejante como la que se está viviendo ahora para conseguir una terapia preventiva contra el nuevo coronavirus. «El esfuerzo que se está desarrollando a nivel internacional es absolutamente extraordinario», asegura.

En esta competición internacional a contrarreloj también aportará su experiencia el equipo de Alonso en el Cimus de la USC. Su misión no es menor: desarrollar un vehículo nanométrico capaz de transportar dentro de la célula el antígeno que inducirá una respuesta inmune en el organismo para provocar la formación de anticuerpos contra el SARS-CoV-2. La propuesta acaba de ser financiada por el Instituto de Salud Carlos III.

Pero, en realidad, la iniciativa forma parte de un proyecto más ambicioso, previamente respaldado por el departamento de Salud de la Generalitat, para la consecución de una vacuna basada de ARN mensajero capaz de producir una respuesta inmunitaria de larga duración frente al virus. El consorcio está liderado por Felipe García desde el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) de Barcelona y cuenta con la colaboración de otros cinco equipos, entre ellos la Universidad Libre de Bruselas.

«Somos conscientes de que el nuestro es una de las iniciativas en las que más esperanza se tiene», asegura María José Alonso, quien también destaca que en el plan colabora como asesor Luis Enjuanes, director del Laboratorio de Coronavirus del CSIC y que también prepara su propia vacuna, aunque en este caso su complejidad es mayor y su desarrollo se prolongará en el tiempo.

Las vacunas de ARNm, como la que desarrollará el consorcio en el que participa la investigadora gallega, tienen la ventaja de que se pueden desarrollar de forma más rápida manteniendo, teóricamente, la eficacia y la seguridad. De hecho, el prototipo de la biofarmacéutica estadounidense Moderna Therapeutics basada en el mismo concepto se encuentra ya en ensayos clínicos en humanos en fase II. Pero para alcanzar el objetivo final todas las propuestas suman, porque si una falla, o no demuestra los efectos terapéuticos y de seguridad pretendidos, se dará paso a la otra. «Aquí -dice Alonso- la clave está en conseguir una respuesta protectora eficaz a largo plazo».

A diferencia de las vacunas tradicionales, formadas por dosis pequeñas o inactivadas del virus causante de la enfermedad o de sus proteínas sin capacidad infectiva que se introducen en el cuerpo para provocar que el sistema inmunitario genere una respuesta, las basadas en ARNm engañan al organismo para que sea este el que produzca algunas de las proteínas virales, utilizando para ello el ARN mensajero, que contiene instrucciones para construir una proteína.

«Nosotros -precisa la investigadora de la USC- no usamos las proteínas del virus, sino ARN capaz de sintetizar en el propio organismo fragmentos de proteínas del virus». «Con las vacunas ARNm el organismo humano es la fábrica del antígeno, por lo que, en vez de administrarlo directamente, dejamos que lo fabrique el organismo con las instrucciones que introducimos en la célula».

Pero para llegar a la célula es necesario primero conseguir un medio de transporte eficaz. En este caso, la propuesta del equipo de Alonso, con el que también colabora el grupo de Mabel Loza, pasa por diseñar de forma sintética «nanoestructuras que combinan proteínas y lípidos para simular el virus, para lo que utilizamos materiales seguros reconocidos como tal por la Agencia Española del Medicamento»- «Vamos a estudiar -agrega- una docena de candidatos, porque no los podemos jugar todo o a uno».

De fabricar la carga que transportará el vehículo se encargarán equipos de las universidades Pompeu Fabra y de Barcelona que, con la ayuda de la inteligencia artificial, elegirán qué fragmentos de proteínas que el ARN puede construir en la célula son los más eficaces para garantizar una respuesta inmune segura y duradera.

Pero ni esta vacuna ni otras que están en una fase más avanzada llegarán antes de un año y medio o un año en el mejor de los casos. «Si se consigue antes sería una lotería muy grande», destaca la investigadora. En este momento hay once prototipos, de los más de ochenta que se han iniciado en todo el mundo, en ensayos clínicos en humanos, de los que cuatro ya se encuentran en fase II. Son, en teoría, las que tienen más posibilidades de llegar antes, pero aún habrá que esperar. «Esto -señala Alonso- es una carrera de fondo en la que hay que contar con muchos corredores para asegurarnos que alguno llega a la meta».

La propuesta del equipo de María José Alonso supone el tercer proyecto gallego para conseguir una vacuna contra el coronavirus. El primero en aprobarse fue el del investigador del Ciqus, también de la USC, José Martínez Costas, que se basa en una propuesta muy innovadora que consiste, en esencia, en que sean las células del organismo las que produzcan la respuesta inmune frente al covid-19. Han desarrollado una tecnología propia y patentada que permite a las células fabricar una especie de microesferas en las que se introducen los antígenos víricos.

El segudo proyecto, concedido al también investigador del Ciqus Javier Montenegro, está dirigido, al igual que el de María José Alonso, a diseñar un vector que transporte el ARN mensajero a la célula.

Dos hospitales gallegos probarán un fármaco para reducir las formas más graves de neumonía producidas por covid-19

Diez hospitales españoles -entre ellos el CHUS y el Álvaro Cunqueiro- participarán en el primer ensayo clínico autorizado por la Agencia Española del Medicamento (Aemps) para probar la eficacia de anakinra, un fármaco para enfermedades autoinflamatorias, en pacientes con neumonía grave por coronavirus con el síndrome de tormenta de citoquinas.

Según los datos recopilados por los diez hospitales participantes, alrededor de un 20 % del total de los pacientes con covid-19 desarrollan esta tormenta de citoquinas, que es la activación del sistema inmune generando una respuesta inmunitaria excesiva y descontrolada.

Lo explica en un comunicado la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), en el que señala que esta respuesta inmunitaria se asocia con una hiperinflamación y la aparición del síndrome de insuficiencia respiratoria aguda o síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA), que se ha descrito como la principal causa de mortalidad por la COVID-19.

En el ensayo, que está financiado por la compañía Sobi e impulsado por el Grupo de Enfermedades Autoinmunes Sistémicas (GEAS) de la SEMI, participarán el Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS), el Hospital Universitario Son Espases de Mallorca, el Complejo Hospitalario de Navarra, el Hospital La Fe de Valencia, el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, el Hospital Clínic de Barcelona y el Hospital La Paz de Madrid y el Ramón y Cajal, ambos de Madrid. También el Hospital Clínico Universitario Lorenzo Blesa de Zaragoza y el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.

Se espera que los resultados finales del estudio clínico estén disponibles en unos meses.

En el caso de que se demuestre la utilidad del fármaco en esta enfermedad, los médicos podrían solicitar su empleo como uso compasivo cuando fuera necesario ya que está comercializado desde 2002.

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