Un gallego consigue una imagen inédita de la Antártida

El astrofotógrafo Ángel Arós utilizó una camara estenopeica para capturar en una única imagen el recorrido del Sol durante un mes.

 Solarigrafía de la bahía de la isla antártica de Decepción
Solarigrafía de la bahía de la isla antártica de Decepción

La belleza de la Antártida ha sido retratada de mil maneras diferentes desde la era de los grandes exploradores. Pero el astrofotógrafo gallego Ángel Arós ha conseguido una fotografía única de un rincón del extremo sur del planeta. La imagen fue tomada en la isla de Decepción el pasado mes de febrero. Aunque la originalidad no reside en el dónde y el cúando, sino en el cómo. Para poder maravillarse con la instantánea, antes hay que saber interpretarla y también conocer su historia. 

La fotografía es el resultado de aplicar una técnica que se conoce como solarigrafía y que consiste en captar mediante papel fotográfico el curso diario del sol durante un determinado período de tiempo, en este caso desde el 31 de enero hasta el 26 de febrero. «Cada vez que el astro pasa por delante de la cámara, su luz entra por un agujero frontal y deja su marca en el papel del interior en forma de arco», explica Arós, que ejerce como profesor de Matemática Aplicada en la Universidad de A Coruña. 

Esta técnica permite obtener información valiosa sobre las condiciones meteorológicas durante semanas o meses en una sola imagen porque si el cielo está cubierto, la luz no llega al papel. «Si en un día despejado el sol queda temporalmente eclipsado por unas nubes, el rastro se interrumpe momentáneamente para continuar capturando tras el paso de la nube», apunta. 

A finales del 2019 Marcos Pérez, director de los Museos Científicos de A Coruña, contactó con Arós para informarle de una oportunidad que el astrofotográfo no dudó en aprovechar: aplicar la técnica en el extremo sur gracias a la colaboración del personal de la XXXIII campaña antártica española. «Disponer de un documento de estas características de un lugar de la Antártida era un caramelo demasiado goloso como para dejar escapar la oportunidad. Una vez aceptado el reto, me puse a trabajar. Había dos tareas que debía realizar: preparar la cámara en sí y planificar la foto deseada», apunta. 

Viajar desde Galicia hasta las bases antárticas españolas Juan Carlos I, en Livingston, y Gabriel de Castilla, en Decepción, no garantiza que el equipaje llegue en su estado original. En un lugar donde no existen puertos, el mar siempre está agitado y soplan los vientos más fuertes del mundo, cada movimiento tiene sus riesgos. Arós debía tener esto presente a la hora de diseñar la cámara. «Utilicé una lata de una bebida energética con un corte para introducir el papel fotográfico que se fija en su interior. Tiene, además, un agujero muy sutil por donde entra la luz. El interior de la lata se pintó de negro antes de la colocación del papel fotográfico para evitar reflejos».

El 31 de enero, Manuel Landaburu, responsable de comunicaciones de la base gestionada por el Ejército de Tierra, se encargó de la instalación de la cámara siguiendo las recomendaciones del gallego. «Decidimos orientarla hacia el norte con el objeto de captar las culminaciones diarias del sol. En nuestro hemisferio se producen al mediodía solar mirando al sur, pero en el hemisferio austral se producen mirando al norte. Lo básico era poder encontrar una ubicación tranquila, con la orientación deseada y, la guinda, con algún elemento  de fondo», relata. 

La cámara se instaló en un poste de la base Gabriel de Castilla y se orientó mirando hacia el norte para poder registrar el movimiento diario del sol
La cámara se instaló en un poste de la base Gabriel de Castilla y se orientó mirando hacia el norte para poder registrar el movimiento diario del sol

Hasta el 26 de febrero la película en la lata oscura estuvo registrando todo lo que sucedía en la bahía más visitada de la Antártida. Después, la cámara emprendió un camino de regreso de 15.000 kilómetros. Cuando Ángel la recogió en la Domus no podía disimular la emoción. También la incertidumbre era máxima sobre el resultado porque como era de esperar, la lata estaba muy dañada por las inclemencias del tiempo y las vicisitudes el viaje.

 Solarigrafía de la bahía de la isla antártica de Decepción
Solarigrafía de la bahía de la isla antártica de Decepción

«Se aprecian unos arcos altos, tenues y discontinuos que se corresponden con los primeros días de febrero. Hay un espacio sin trazas solares que se corresponden con los días centrales de febrero, que fueron de muy mal tiempo. Finalmente, hay un arco muy bien definido y continuo que coincide con el día de la recogida, muy soleado. Con respecto al escenario de fondo, se ve lo mismo que en las calles de París en los daguerrotipos del siglo XIX por la larga exposición. La luz reflejada por la bahía y la costa opuesta está permanentemente dejando su impronta en la película fotográfica. En cuanto al color, hay que tener en cuenta que se ha invertido el papel fotográfico. Ese tono azulado es el resultado natural de dicha inversión. Lo que desconozco es el origen de las heterogeneidades que parecen auroras», reconoce.  

La instantánea quizás no capta el interés del observador medio, pero reúne todas las características de una obra de arte. Es una imagen reciente que parece tener siglos encima. Su aspecto avejentado y deteriorado le imprime el realismo y la dureza del lugar más hostil del planeta, aunque también le da un cierto toque onírico. «Estoy más que satisfecho con el resultado, que ha cumplido con el objetivo científico. Es un documento gráfico de la mayor trascendencia. Uno incluso puede imaginar que esta foto formase parte de la colección de alguna expedición pionera de la época de los grandes exploradores como Ross, Shackleton y compañía», concluye Arós. 

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