Científicos detectan un profundo cambio en la corriente del Atlántico

La configuración de la circulación de agua en el norte del océano no tiene precedentes en los últimos 10.000 años

Explosión de plancton en el Atlántico norte desde el espacio
Explosión de plancton en el Atlántico norte desde el espacio

La comunidad científica lleva años señalando los profundos cambios que está experimentando la corriente del Atlántico norte que forma parte de la circulación termohalina que reparte frío y calor por todo el planeta. La revista Nature publicó dos artículos en el 2018 que sostienen que el transporte de agua se ha reducido entre un 15 y un 20 % en los últimos 150 años y que no ha estado tan débil en mil años.

Un estudio dirigido por científicos de la University College of London ha encontrado ahora nuevos efectos que evidencian que las condiciones de la corriente del Golfo han cambiado respecto a los últimos 10.000 años. Los investigadores se centraron en estudiar los ecosistemas marinos, en concreto el plancton, en el nordeste del océano, al sur de Islandia, y han descubierto una modificación del tipo de crustáceo que habita esas aguas.

«El cambio en la circulación del Atlántico causó un reemplazo de aguas subpolares frías con aguas subtropicales más cálidas cerca de Islandia y ha impactado en la distribución de organismos marinos», explica Peter Spooner, autor principal del artículo que se ha publicado en la revista Geophysical Research Letters.

La investigación ha reconstruido la historia milenaria de la población de plancton en la zona norte del Atlántico y hallaron que entre el año 6.000 antes de Cristo y el año 1750 de la era moderna en esas aguas abundaba la especie Turborotalita quinqueloba, que prefiere aguas más frías. «Sin embargo, durante el siglo XX, la abundancia relativa de esta especie disminuyó drásticamente y fue reemplazada por otro tipo de aguas más cálidas como son los N. incompta y G. glutinata», apunta Spooner.

Los investigadores reconocen que este estudio que se ha retrocedido tanto en el tiempo permite «revelar la naturaleza excepcional de lo que sucedió en el siglo XX», apunta David Thornalley, coautor del artículo. En este sentido, los científicos proponen que el estado actual de la corriente se asemeja a la configuración que presentaba durante la fase final de la última glaciación. «La Pequeña Edad de Hielo pudo haber desencadenado una entrada de agua dulce. Y con el cambio climático estamos viendo más agua dulce entrando al Atlántico a través del hielo derretido del océano Ártico», explica Thornalley.

El plancton se sitúa al comienzo de la cadena alimenticia y cada vez que experimenta algún tipo de alteraciones en su hábitat, las consecuencias afectan al resto de los seres del ecosistema marino. «Los datos de la pesca solo se remontan hasta ahora, y es difícil separar los efectos de la sobrepesca de los del cambio climático, pero para algunas especies como la caballa, que ahora se pesca regularmente en Islandia, parece claro que los cambios que hemos visto están teniendo un profundo impacto en dónde se puede encontrar», concluye el investigador

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Galicia es un lugar privilegiado para los científicos que se dedican a estudiar las condiciones del pasado, una disciplina conocida como paleoclima. «Está situada en las latitudes medias, donde la posición de los frentes permiten que se registren o no determinados parámetros atmosféricos. Es decir, ocupamos una posición muy sensible a los cambios ambientales y, por tanto, se pueden realizar mejores mediciones que en otras zonas de la Tierra», explica Antonio Cortizas, biólogo de la Universidad de Santiago e investigador en paleoclima.

La comunidad gallega dispone además de unos testigos naturales que relatan el clima de antaño; las turberas, humedales que han estado acumulando restos vegetales durante miles de años. «Son nuestras librerías del pasado. Ahí está escrito el cambio climático, la evolución de la vegetación y de los seres humanos. Las turberas de nuestra comunidad permiten remontar aproximadamente unos 11.000 años».

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