El churrasco de Rubiáns y los calamares del Tranquilo triunfan en la desescalada gastronómica

Varios de los hosteleros que reabrieron sus puertas hacen un balance positivo al inicio de la «nueva normalidad»

Pasito a pasito, a la velocidad y con la inseguridad de un bebé que se suelta por primera vez, pero vamos caminando hacia lo que se ha denominado la «nueva normalidad». Una «nueva normalidad» que quizás nos depare grandes sorpresas, pero que parece que también guardará las buenas cosas de la «vieja normalidad». Ha comenzado la desescalada gastronómica y bienvenida sea. O al menos eso piensan muchos arousanos, que no parecen haber perdido algunas de sus costumbres a la hora de hincarle el diente a las viandas: el churrasco de Rubiáns y los calamares del Tranquilo triunfan en esa desescalada gastronómica.

Juanjo García reconoce que la reapertura ha tenido una recepción extraordinaria. Ha rediseñado su carta a las condiciones del servicio que puede prestar «porque hay que adaptarse», razona, pero la vuelta ha sido espectacular. O Churrasco abrió el lunes al mediodía con la intención de vender únicamente servicios para la hora de la comida. La respuesta rompió los pronósticos. «Hicimos la misma caja que cualquier sábado o domingo en comida para llevar», explica García. Con el mítico churrasco al frente de las peticiones. Y con una lección que el avispado Juanjo aprendió a la primera. «El lunes por la noche estaba en el local leyendo el periódico y el teléfono no paraba de sonar». Así que, desde ayer, las brasas también están encendidas en horario nocturno.

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El bocadillo de calamares del bar Tranquilo resiste al confinamiento Uno de los grandes clásicos de Vilagarcía triunfa en la desescalada gastronómica

Treinta y seis años lleva abierto el Tranquilo. En un lugar privilegiado, entre la estación de tren y la playa, y con un reclamo imbatible: su bocata de calamares. Y el personal tenía muchas ganas de hincarle el diente porque Tanis García, su propietario, acabó el lunes con todo el producto. «Foi un bum, a xente tiña gañas deles», apunta el veterano hostelero. ¿El secreto del éxito que hace que la clientela prácticamente esperara a la puerta del bar a que encendiera la freidora? «No hay secreto», zanja. Aunque la mano influye, claro. Y, además, ahora las horas establecidas para el desconfinamiento también ayudan. «Encargan el bocata cuando van camino del paseo de la playa y lo recogen a la vuelta», dice.

Con muchos menos años de recorrido que sus dos compañeros, pero el Mezclum se ha hecho también con un lugar destacado en las preferencias de los vilagarcianos. Paco Pajares arrancó ya hace unos días con el servicio a domicilio y desde el lunes con la opción de recoger las viandas en el local. «Durante el fin de semana se trabajó bien», explica. Ha retirado las tablas de embutidos de la carta, pero mantienes las líneas de sándwiches, bocatas, hamburguesas y ensaladas. Ahora, también ofrece un plato del día «para dar una alternativa más» a quien no le apetece comer siempre de bocadillo. Paco, como sus compañeros, reconoce que cualquier ingreso para pagar las facturas viene bien, y se muestra especialmente preocupado por el futuro. Y da un consejo: «El cliente irá al local en el que se sienta seguro».

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