Si la atmósfera pesa toneladas ¿por qué no nos aplasta?

Cada persona soporta sobre su cabeza el peso equivalente al de un cubo de plomo de unos 17.500 kilogramos.

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Si la atmósfera pesa toneladas ¿por qué no nos aplasta? Cada persona soporta sobre su cabeza el peso equivalente al de un cubo de plomo de unos 17.500 kilogramos.

La atmósfera es la capa de gases que envuelve a la Tierra, y se extiende desde la superficie terrestre hasta unos cincuenta kilómetros de altura. Y, como todos los seres humanos, tiene un peso, al contrario de lo que se creía en la antigüedad. Si el aire pesa, ¿por qué no lo percibimos?, se preguntaron filósofos como Aristóteles.

La presión atmosférica es bastante elevada, de unos 1.033 gramos por centímetro cuadrado. Esto significa que cada persona soporta sobre su cabeza el peso equivalente al de un cubo de plomo de unos 17.500 kilogramos. La siguiente cuestión sería, entonces, por qué no nos aplasta. «La evolución natural ya nos ha preparado para esto. Tenemos una presión interna que contrarresta la presión atmosférica. Esto se nota mucho cuando estamos en entornos donde la presión aumenta o disminuye», explica el meteorólogo Juan Taboada.

Uno de los primeros científicos en conocer el peso de la atmósfera de manera experimental fue Galileo. La idea de su experimento es sencilla. Se cogen dos globos de una capacidad de dos litros. Uno de ellos contiene aire, y al otro se hizo el vacío previamente. El globo con aire pesará más, exactamente 1,293 gramos por litro.

El peso del aire disminuye con la altura, algo que se puede experimentar en un avión —y que a menudo provoca dolor de oídos—. Bajo el agua, elemento que tiene una densidad mayor que la del aire, el peso aumenta de manera significativa. Cada diez metros de profundidad se añade una nueva atmósfera. «Por esta razón no se puede bucear libremente. A partir de 30 metros comienza a ser extremadamente peligroso, debido a la cantidad de presión que se soporta», sostiene Taboada.

En el 2012, el director de la película Titanic, James Cameron, descendió a bordo de un batiscafo hasta 11.000 metros de profundidad, hasta llegar al conoabismo Challenger de la fosa de las Marianas, un lugar que nunca antes había sido explorado por el ser humano, y donde la presión es 1.100 veces superior que en la superficie. Otro entorno extremo es el espacio exterior. En la estación espacial internacional existe un habitáculo que se conoce como esclusa, que permite la entrada y salida de atmósferas de presión del vacío del espacio. «Sirve sobre todo para que el interior no se despresurice. Si se abre una puerta y se entra sin más, no pasará nada si tienes un traje, pero el resto de la estación perdería presión. Esto ocurre también con los aviones: cuando accidentalmente hay un pequeño agujero aparece como una fuerza de succión, por la diferencia de presión que existe en el interior del aparato y el exterior», concluye Taboada.

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