Primer negocio que abre en plena pandemia: «Tengo mucha ilusión»

Luigi Lutto Acuña abre con optimismo la confitería El Buen Gusto en la calle Elduayen: «Me felicitan por echarle valentía»


vigo / la voz

El PIB se hunde, fábricas a medio gas, miles de desempleados, carteles de liquidación y gente confinada que no sale a comprar. Quizás los tiempos de la pandemia y la crisis del coronavirus no sean los más propicios para montar un negocio. Pero en Vigo ya afloran brotes verdes. El joven emprendedor Luigi Lutto Acuña es optimista e inauguró ayer la confitería El Buen Gusto en la calle Elduayen, a escasos metros de la Porta do Sol y con obras de humanización. Es la primera inauguración de una tienda en Vigo en 50 días de confinamiento.

En el tramo de Elduayen, Porta do Sol y Príncipe, el más comercial de Vigo, apenas hay una decena de negocios abiertos al público: telefonía, ópticas, farmacias, locutorio, banca y ahora dos pastelerías. «Algunos me preguntan cómo puedo abrir ahora pero la mayoría me dicen que adelante, me apoyan y nos felicitan por echarle la valentía de abrir y nos desean que nos vaya genial. Tengo mucha ilusión», dice el joven.

Junto a otros allegados cogieron el traspaso de una confitería tradicional para reformarla y añadirle servicio de heladería y café para llevar. Hubo detrás un motivo sentimental porque, durante su infancia, su padre iba a buscar la bollería del desayuno a la misma confitería. «Aquí, el producto más comentado son las milhojas y el merengue, es lo que se suele decir», explica.

El local abrió ayer por la mañana sus puertas en un día lluvioso y festivo. «La apertura ha estado por encima de mis expectativas», dice Luigi Lutto tras atender el mostrador en la primera mañana con el local abierto. Su balance es positivo. «Lo tomamos con optimismo porque desde que hemos abierto parecía que no venían clientes pero a lo largo de la mañana llegaron, no en masa pero sí de uno en uno, respetando los turnos para entrar y ser atendidos y la distancia de seguridad», dice Luigi Lutto.

Él mismo atendió a los consumidores en el mostrador y tomó nota de los productos más demandados: «Han pedido bollería pequeña para el desayuno, pan, empanada y alguna milhoja, así como petite suites».

Pero el movimiento podría empezar este mismo fin de semana, cuando arranque la desescalada, con vistas a captar a la clientela que salga a pasear su hora diaria a un kilómetro como máximo de distancia de su casa. Miles de vigueses bajarán a pie al centro con sus niños y Lutto ha pensado que quizás muchos de estos pequeños pidan un helado en su establecimiento.

«Estamos aquí abiertos de nueve a nueve y esperamos a todos para ofrecer unos productos que mantienen la misma calidad o superior, incluso». Además de las milhojas, promoverán el pan con grasa y los croisancitos, «que para desayunar queda divino».

Para la nueva marcha del local han contratado a un pastelero y sopesan buscar un dependiente.

Al igual que algunas peluquerías, esta confitería estirará su franja de horarios de apertura para ampliarla a las doce horas. Es la solución que los comerciantes están ideando para compensar el goteo de clientes de uno en uno. Un cartel en la entrada advierte de que no podrán pasar más de dos personas a ser atendidas. El dependiente también guarda medidas de seguridad como usar mascarilla o guantes para evitar contagios por covid-19.

En Vigo el sector servicios emplea a 96.000 trabajadores y ha sido muy tocado por la emergencia sanitaria. Restaurantes y bares llevan casi dos meses cerrados.

Una hostelera: «Empecé otra vez el lunes porque a la gente le gusta como cocino y encargan»

El pasado lunes un mesón de la avenida de Camelias que sirve comidas caseras reabrió sus puertas después de seis semanas cerrado aunque no atiende dentro al público y solo trabaja por encargo, para cumplir la normativa del estado de alarma. La regente, Laura Enes, que cocina, se vio abocada por necesidad a reiniciar la actividad, pues la hostelería es su único modo de vida.

La reapertura vino con cambios. Ahora, los clientes solo pueden telefonear para encargar el menú y la encargada se lo lleva al domicilio o ellos mismos lo recogen en la puerta, guardando las distancias de seguridad. Piden el menú del día, pocas hamburguesas y bocadillos. Se trata de clientes que echaban de menos su cocina casera. «Abrí porque yo tengo que comer y hay que pagar la luz y el alquiler. Esto está bajo mínimos, el trabajo que hay no te da para vivir y queremos esperar a que todo sea oficial», dice. Convive con su sobrina, que le presta ánimo y ayuda.

«Me llama gente de la zona que les gusta como cocino. Empecé el lunes otra vez porque tengo que pagar las facturas para salir adelante y hacer algo de dinero porque no me llegaron ayudas, no me dieron nada. La gente va a venir pero el local no va a dar para vivir como antes, cuando los clientes comían en las mesas», añade la dueña, Laura Enes.

«Voy a esperar todo este mes, voy viendo a ver cómo va el asunto y qué condiciones ponen para la reapertura», añade esta hostelera. Teme que la normativa le exija reformar el local para adaptarse a la nueva normalidad y «nos mareen mucho» con el papeleo y las ordenanzas.

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