Galicia respira al fin en la calle tras mes y medio de confinamiento

Los mayores de 14 años disfrutaron de su primera jornada para caminar y hacer deporte


Apenas habían salido ayer los primeros rayos de sol cuando los mayores de 14 años se lanzaron a la calle en la que supuso su primera oportunidad para pasear y hacer deporte al aire libre tras siete semanas de confinamiento. Una jornada marcada por la disciplina social y que transcurrió sin incidencias significativas y también con el alivio de los mayores de 69 años, que pudieron volver a respirar fuera del hogar.

El reloj aún rondaba las ocho de la mañana y A Coruña ya estaba repleta, principalmente de gente corriendo y montada en bicicleta, aunque muchos caminaban escuchando música y otros sacaban a sus perros. Los dos carriles que se habilitaron en el paseo marítimo, empleados sobre todo por ciclistas y corredores, ayudaron a mantener las distancias. Más de medio centenar de surfistas se distribuían por la playa del Orzán, a pesar de que normalmente acuden solo a la del Matadero.

Pero también los mayores disfrutaron de la libertad. «Hemos estado encerrados como monjes cartujos», decía Elvira Cubeiro, vecina de 73 años de la calle Barrié de la Maza. En las Atochas paseaba con el periódico bajo el brazo Casimiro García, de 72 años. Vive solo en una habitación y cuenta que estuvo «vinte días sen comer quente», porque no encontraba un sitio donde sirviesen algo cocinado. Cumple las normas, pero tiene dudas sobre su validez: «Xa o dixeron os catedráticos en La Voz, que isto non se debía facer así, non te poden privar de liberdade se non cometiches un delito e non se declarou o estado de excepción». El ambiente en la calle Barcelona, que ofreció varias imágenes copada por los viandantes durante el confinamiento, parecía previo al estado de alarma.

Manteniendo las distancias

Las calles, plazas y parques de Vigo se poblaron de corredores durante las primeras horas del día. Todos hicieron gala de una gran disciplina social manteniendo las distancias para evitar contagios en una jornada que transcurrió sin incidentes destacados, aunque en Castrelos tuvieron que precintar un parque biosaludable que estaban utilizando algunos ciudadanos. También era muy esperada la apertura de las playas, si bien solo estaba autorizado que las usaran las personas de las cercanías para pasear o hacer deporte. Las personas mayores, en general, salieron con mascarillas.

En los pulmones verdes de Pontevedra, como es el caso de A Illa das Esculturas, a los corredores aficionados se sumaba ayer una legión de ciudadanos deseosos de una caminata posconfinamiento. También había ciclistas por doquier y, conforme fue avanzando la mañana, la afluencia de mayores se hizo notar. Hubo colas históricas en la zona monumental para el mercado de abastos. Y una foto fija reflejaba bien el empeño ciudadano por cumplir las normas: en A Ferrería, la plaza fetiche para sentarse a conversar, se volvieron a ocupar los bancos, pero guardando las distancias.

No fue tan fácil mantenerlas en el paseo marítimo de Vilagarcía, donde alrededor de las nueve de la mañana coincidieron muchos corredores y paseantes, por lo que fueron bastantes las personas que, por prudencia, decidieron abandonarlo y andar a pie de playa, en A Compostela y A Concha, donde lo mismo se puede caminar por césped que por la arena. A media mañana las canas iban ganando la calle. Algunos mayores, con sonrisa y paraguas, tomaban el relevo paseando cerca de sus viviendas.

«Vamos como haciéndonos la cobra unos a otros, para no tocarnos», aseguraba en Ourense Amelia, una viandante. Allí los paseos y el deporte se localizaron sobre todo en las sendas situadas en las riberas del Miño y el Barbaña. Luego llegó el turno de los mayores. Solos, en pareja o acompañados de hijos o cuidadores, salieron por fin, muchos también por el centro de la ciudad.

Las nubes no abandonaron A Mariña lucense ni siquiera ayer. En la zona más libre de Galicia -de los 14 municipios que forman la comarca, diez no tienen franjas horarias para salir, ya que no superan los 5.000 habitantes- imperó la tranquilidad. El día amaneció cubierto y con algo de viento, pero fueron bastantes los que no renunciaron a correr, entre ellos el atleta mundialista Adrián Ben, que se ejercitó por el paseo marítimo de Covas, en Viveiro. Debido al tiempo, la mayoría esperaron a las horas centrales del día y a que saliera algo de sol por la tarde.

La muralla de los corredores

Los corredores inundaron en Lugo la muralla romana, uno de sus espacios preferidos, aunque también acudieron a los paseos de los ríos Rato y Miño. En el primero, la policía controló que los coches aparcados no pertenecieran a ninguno de los deportistas. El barrio de la Milagrosa, con gran cantidad de residentes mayores, estuvo muy concurrido. Allí la estampa era semejante a un sábado anterior a la pandemia. Ofelia Rodríguez, de 73 años, aprovechó el paseo para entrar a la iglesia de la Milagrosa. Con bastón y mascarilla. Vive sola y únicamente había salido para encargar comida a domicilio.

El mismo afán deportista se percibió en Ferrol, donde a las ocho de la mañana, e incluso antes, ya había gente en bici, corriendo o andando por los paseos de A Malata, Caranza y A Gándara, las zonas más frecuentadas. No hubo incidencias reseñables, según la Policía Local, ni tampoco tanto movimiento en el caso de los mayores, que se limitaron a paseos, casi siempre en solitario, por el centro de Ferrol.

La esperada cita llegó a Santiago con lluvia y frío, lo que no impidió que la Alameda se cargase de ambiente deportivo desde primerísima hora. A partir de las 10 horas acapararon la calle, sobre todo, las personas más tranquilas, con paseos previos al momento de las compras, así como el turno de los mayores de 69 años. Sin apenas incumplimientos de horarios ni de distancia social, la plaza de abastos estrenó limitaciones de aforo de menos de cien personas y reparto gratuito de mascarillas. Todo sea por acercarse a la «nueva normalidad».

Los médicos advierten: es preciso «duplicar la distancia de seguridad» al hacer deporte. Es decir, cuatro metros entre personas. Carlos Bastida, presidente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEGM) en Galicia, incide en esta medida porque la respiración fuerte aumenta las posibilidades de contagio. Según recoge Europa Press, Bastida aboga por que el uso de las mascarillas sea obligatorio e insiste en la necesidad de extremar la higiene de las manos. Pero los mensajes de cautela también llegan desde el ámbito deportivo ante las ganas de recuperar el tiempo perdido. El entrenador José Carlos Tuñas advierte que hasta los atletas veteranos necesitarán un período de readaptación de cuatro semanas: «Nada de fliparse e ir muy lejos, porque si te pasas te puede dar la pájara lejos de casa y tener que volver agotado o necesitar un taxi».

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Los gallegos vuelven a pisar la calle Los gallegos vuelven a pisar la calle

A fin de evitar las aglomeraciones y que se pueda respetar el distanciamiento social, Vigo y A Coruña han peatonalizado calles y viales de sus cascos urbanos. El tránsito por esos espacios públicos deberá obedecer a la orden ministerial que fija los horarios por colectivos entre las 6.00 horas y las 23.00 horas. No obstante, en los municipios de menos de 5.000 habitantes -algo que también ha generado incertidumbre al contemplar núcleos poblacionales- no se aplican las restricciones horarias y se puede salir durante todo el día.

«Ahora ya puedo pasear para que no se me agarroten los músculos»

Germán Castro tiene 72 años y lleva desde el 14 de marzo sin salir a dar un paseo

EMMA ARAÚJO

Apenas pasan unos minutos de las diez de la mañana sabatina —hora en que se iniciaron los paseos autorizados para mayores de 70 años en esta pandemia— y la lluvia cae suave sobre Santiago. Pero el mal tiempo y las bajas temperaturas no son impedimentos para que el gusanillo del caminar saque a unos cuantos compostelanos a la calle nada más comenzar esta ansiada medida de relajación del encierro, que caduca al mediodía.

Germán Castro, a sus 74 años, es uno de ellos. Sabe que tiene que extremar las precauciones para evitar el contagio de covid-19 porque pertenece a un grupo de edad de riesgo y por eso se estrena en los paseos con mascarilla quirúrgica. También responde, amable, a una distancia más que reglamentaria sobre su nueva realidad.

«Llevo desde el 14 de marzo sin salir de paseo», recuerda. Hasta ayer, cada día, dedicaba unos diez minutos a la compra del pan y regresaba directamente a su casa, por lo que recibe el nuevo horario con los brazos abiertos. «Tenía ganas de salir. Ahora ya puedo pasear durante dos horas para que no se me agarroten los músculos», celebra, pero también reconoce que el confinamiento no le ha supuesto grandes trastornos: «Estaba bien en mi casa, pero también estoy contento con la idea de poder salir más tiempo. Y lo estaría más si todo esto se solucionase cuanto antes», dice.

Carlos García: «Choveu bastante, pero non me importou demasiado»

El ciclista exprimió casi al máximo la primera franja horaria del día en la que está permitido salir a hacer deporte al aire libre

C.E.

Carlos García (Narahío, 50 años) exprimió casi al máximo la primera franja horaria del día en la que está permitido salir a hacer deporte al aire libre. Es celador del hospital ferrolano Arquitecto Marcide y miembro del club ciclista naronés Vara e Pedal. Así que el viernes ya tenía su bicicleta puesta apunto y diseñada la ruta que recorrería un día después. «Salín sobre as seis e dez da mañá e cheguei ás dez menos cuarto. O día non acompañou porque choveu bastante, pero facía boa temperatura e como ansiaba bastante saír, pois non me importou demasiado», explica.

Vive en O Val, una parroquia de Narón, y eligió el trazado por la zona rural del municipio. «Non poder saír do concello é un pouco rollo porque coa bicicleta avánzase bastante. Pero, tal e como estamos, leveime unha grata alegría podendo pedalear catro horas. ¡Contaba con menos!», admite. Durante su recorrido apenas halló otras personas. «Me encontraría con catro ou cinco ciclistas, aínda que a primeira hora non atopei a ninguén. O primeiro que vin foi ás oito da mañá», recuerda ya de vuelta en su hogar. Ahora le toca esperar a ver cómo reacciona su cuerpo tras retomar los entrenamientos. «Se me fixo un pouco durillo. Teño rodillo na casa, pero non me gusta moito. Na elíptica si que andaba algo, pero non moito. Dentro de toda esta situación, encontreime bastante cómodo. ¡A ver como me pilla mañá, seguramente os músculos protestarán un pouquiño! Pero progresivamente iremos collendo a forma e quitándonos quilos», bromea.

«Salí a andar y fotografié la naturaleza, está ya la primavera, ¡qué emoción!»

Teresa Lojo se levantó al amanecer en Vilagarcía para retomar su rutina de caminatas previas al confinamiento

M.H.

Teresa Lojo, una jubilada de Vilagarcía que «por unos añitos» está en el grupo de menores de 70 años y, por tanto, ayer podía salir temprano de casa para hacer deporte o dar un buen paseo, se calzó los tenis y se vistió el chubasquero al amanecer. Quería volver a su rutina de caminatas largas. Pero, también, deseaba comprobar cómo estaba su ciudad, sobre todo los rincones más bonitos. Así que, sobre las ocho y media de la mañana, en el parque de O Castriño —un castro reconvertido en zona verde y con un amplio espacio—, que en ese momento estaba complemente solitario, Teresa hacía un alto en el camino y disparaba fotos hacia todas partes: «Salí a andar pero me paré a fotografiar la naturaleza, está ya la primavera, ¡qué emoción!. Cuando nos confinamos era invierno y ahora ya está todo en primavera, da gusto verlo. Me lo llevo en fotos».

Teresa debía ir bien feliz, porque se le adivinaba una gran sonrisa pese a no quitarse la mascarilla en ningún momento. Y no le importaba demasiado que el cielo amenazase con escupir lluvia sobre la capital arousana: «Después de tanto tiempo sin hacer ejercicio ayer [por el viernes] ya pensé que aunque lloviese saldría a caminar igual. Y así lo hice. Fue duro estar tanto tiempo sin poder salir ni respirar aire puro», señalaba mientras miraba el reloj, que se acercaba ya a las nueve.

Luego, apuraba los pasos a ver si le daba tiempo todavía a ir andando hacia la zona de Vilaxoán y, así, comprobar también si el mar arousano seguía tan bonito como de costumbre: «La verdad es que tengo ganas de verlo todo», indicaba mientras avanzaba por una acera que, en aquel momento, empezaba a poblarse con algún deportista más, aunque el grueso del personal estaba algo más lejos, en el paseo marítimo. Antes de marcharse, una foto más a la naturaleza. Y la promesa de salir a caminar a diario.

Con las aportaciones de David García, Xosé Gago, Alejandro Martínez, María Hermida, Marta Vázquez, Miguel Sande, Lucía Rodríguez Peña, Carmela López y Emma Araújo.

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