Los ecologistas temen que el covid-19 frene la conciencia contra el plástico

Piden que se racionalice el uso y que la gente emplee sus propias bolsas y recipientes


redacción / la voz

No hay más que ir a un supermercado en la actualidad. Desde que empezó la crisis del covid-19 a los clientes se les da guantes de plástico al entrar. Dentro, la mayoría de los productos se envasan con él. En las cajas se opta mayoritariamente por las bolsas plásticas, cuando en otros momentos el público empleaba las de tela. Al terminar, los guantes terminan en una caja o directamente en el suelo. Y el resto del plástico llega al hogar para terminar, poco después, en la basura.

«El lobi del plástico siempre presiona para hacer negocio y ahora aprovecha una debilidad para volver a instaurar el plástico», opina María Durán, del equipo de recursos naturales y residuos de Amigos de la Tierra. Esta activista señala que, además, muchas veces se juega con una falsa sensación de seguridad y pide una reflexión: «Los envases alimentarios pasan por toda una cadena de elaboración, transporte y distribución. Con lo cual hay más posibilidad de llevarnos a nuestra casa más virus y bacterias que si usamos nuestros propio táper de cristal que hemos lavado con agua y jabón en casa», apunta.

«Yo entiendo la conciencia en un momento de pánico», reflexiona Miguel Muñoz, coordinador del proyecto Libera. «Es obvio que ante la prioridad puntual y concretada en un período de tiempo corto de acabar con una pandemia se justifica el uso del plástico, si hay criterios técnicos». Ofrece un punto de vista al respecto sobre cómo tiene que ser ese uso: «No creemos que el plástico sea un demonio, sino que puede ser un aliado de la sociedad en un momento como este, que se necesita material rápido y voluminoso para protegernos. Por eso no hay que usar plástico de un solo uso en cosas que no son necesarias, para así tenerlo cuando lo necesitamos como sociedad. No hay que olvidar que el petroleo es un material finito».

Julio Barea, experto de Greenpeace en plástico hace una retrato de la situación actual: «La generación de residuos industriales ha bajado, debido al parón. Pero sí que ha subido ligeramente la venta de productos envasados en plástico de usar y tirar». Se lamenta de la evolución de los acontecimientos y teme respecto a su incidencia en el futuro. «Con el buen camino que llevábamos, con la gente cada vez más concienciada llevando sus bolsas y supermercados que te dejaban llevar tus propios táperes, ahora se ha creado una seguridad ilusoria con el plástico que es totalmente errónea», reflexiona.

«Todo eso costó muchos años. Que la gente tuviera claro que todo eso iba a terminar en los ríos y los mares. Y ahora es como un retroceso», apunta el activista de Greenpeace. En países asiáticos ya empiezan a manifestarse las consecuencias. «En China están apareciendo imágenes de playas y entornos naturales repletos de este tipo de materiales como mascarillas y demás», dice Miguel Muñoz. María Durán añade que les han llegado informaciones similares de Indonesia.

Barea sostiene que no hay que ir tan lejos. «Lo ves ya en las cunetas de las carreteras que están apareciendo guantes y mascarillas», asegura. «Es normal. Si cada vez que vas a hacer una compra usas un par de guantes y no te deshaces de ellos correctamente es fácil darse cuenta de la desgracia que supone eso. No hay que bajar la guardia. No hay que comprar cosas sobrenvasadas y hay que usar las bolas propias».

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