España consumía mucha menos leche que el norte de Europa en la prehistoria

Un estudio lo relaciona con los problemas actuales de intolerancia a la lactosa

Cerámica procedente del yacimiento de Verson (Francia) analizada en la investigación
Cerámica procedente del yacimiento de Verson (Francia) analizada en la investigación

redacción

Los habitantes prehistóricos de España consumían mucha menos leche que los del norte de Europa. Es la conclusión principal de un estudio internacional liderada por la investigadora Miriam Cubas (Universidad de York-Universidad de Oviedo) en la que participó la Universidad de Santiago. Apunta además que en ese dato puede encontrarse una explicación a los problemas de intolerancia con la lactosa que se registran en el sur del contiene.

Para ello, el equipo ha estudiando durante cinco años varios yacimientos del litoral Atlántico, desde Portugal a Inglaterra. «Seleccionamos aquellos en los que había constancia de asentamientos agrícolas y ganaderos», explica Cubas. Ahí se fijaron en las diversas cerámicas encontradas y aplicaron un método de análisis que les permite extraer los materiales orgánicos de la cerámica. De este modo, han podido obtener información de lo que esos recipientes albergaron hace 7.000-5.500 años y deducir qué comían y bebían nuestros antepasados.

El resultado de la investigación, publicado en la revista Nature Communications, demuestra una gran variación en el uso de las cerámicas entre las comunidades, en función de la latitud. Entre los restos identificados destacan los productos lácteos cuya presencia se incrementa hacia la zona norte de Europa, la región atlántica francesa y las Islas Británicas. Los autores concluyen que estas diferencias pueden estar relacionadas con las diferentes actividades ganaderas, con una mayor presencia del ganado vacuno en el norte y una ganadería centrada en las ovejas y las cabras en el sur de Europa. En la Península Ibérica, estas prácticas culinarias reflejan una importancia de los recursos cárnicos procedentes de los animales domésticos (oveja y cabra) que se introducen en esos momentos.

«Es algo que se sabe por los restos animales encontrados, que son de vacas en la norte y de ovejas y cabras en el sur», señala la investigadora. «Las diferencias respecto a la frecuencia de aparición de los productos lácteos podrían ser importantes para la comprensión de la evolución de la tolerancia a la lactosa en los adultos en Europa. Hoy en día, las mutaciones genéticas que permiten a los adultos digerir la lactosa presente en la leche tienen una mayor presencia en la zona noroeste de Europa que en las regiones del sur», sostiene el profesor Oliver Craig, del Departamento de Arqueología de la Universidad de York. «En el norte de Europa el consumo de lácteos era mayor por la necesidad de recursos grasos y vitamina D. Eso puede tener influencia en una mejor tolerancia que en el sur», refrenda Miriam Cubas.

Investigación en Cova Eirós

Entre los yacimientos estudiados durante cinco años de investigación se encuentra el de Cova Eirós, situada en Triacastela (Lugo). «Allí se encontró una vasija típica del neolítico inicial que es muy valiosa para nuestro estudio», explica la Miriam Cubas, que en esta fase obtuvo la colaboración de la USC. En los restos de alimentos que en su día se colaron por sus poros se obtuvo parte de la información que ahora conforma el global del estudio.

Curiosamente, uno de los hallazgos más sorprendentes es la ausencia de alimentos marinos en las cerámicas documentadas. Incluso, en yacimientos arqueológicos situados en zonas de costa, donde estos recursos alimenticios están claramente disponibles. Una excepción es la zona del Báltico donde tanto los recursos lácteos como los alimentos de procedencia marina fueron preparados en la cerámica.

«Nuestro estudio ofrece una amplia comparación regional sobre el uso de la cerámica durante la prehistoria. Estos resultados contribuyen a obtener más información sobre cómo vivieron los grupos humanos durante este proceso de cambio tan trascendental que supuso la introducción de la ganadería y la agricultura», resume Miriam Cubas.

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