El confinamiento prolongado puede llegar a inducirte a lecturas que nunca harías sintiéndote normal. Y eso acaba de ocurrirme a mí. Hurgando en la tableta encuentro un blog titulado «las cosas de Pablo». El autor cuenta que el tal Pablo atribuye a Newton la teoría de la relatividad después de haberle caído una manzana en la cabeza.

Dice también que cita La ética de la razón pura como una obra de Kant. Y que achaca el atentado de las Ramblas al «wasabismo», confundiendo la adición a una salsa japonesa de rábano picante con un movimiento integrista musulmán, el wahabismo. Y aún añade otros muchos desvaríos a la colección. Pero más grave aunque no más equivocada me parece otra cuestión. Cuando en ese mismo blog Ramón Cotarelo, quien fue su profesor en la Complutense llega incluso al insulto: «este hombre además de narcisista y prepotente es tonto»: Porque un profesor puede- y aun debe- corregir a un alumno pero nunca puede insultarlo. Y porque además tonto no parece el adjetivo más adecuado para este caso.

Porque, en muy poco tiempo, el susodicho Pablo consiguió pasar de airado manifestante en la plaza Mayor de Madrid a vicepresidente del Gobierno de España. Y de vivir en un piso de protección oficial a hacerlo en el chalé de Galapagar. De sobra sé que un blog puede ser un instrumento para propagar fake news. Si en este caso fuese así les pido mil disculpas.

Pero lo cierto es que el narcisismo del Pablo de la casta y la coleta resulta cada vez más difícil de aguantar. El teléfono de los confinados. Te llaman y llamamos por teléfono. Sentirse conectado es un alivio contra el aislamiento. Pero si analizamos las llamadas te das cuenta de una cosa. De como hemos ido perdiendo el arte de contar historias. El diálogo entre personas es la pulpa viva de la sociedad. Y un estilo de vida.

Porque es ahí donde lo cotidiano intenta convertirse en algo histórico. Y tenía que ser un italiano quien nos lo explicase del modo más brillante. “La parola parlata è sempre teatro, performance, representazione”. Lo dice Franco Ferrarotti en La storia e il quotidiano. Donde achaca esta incapacidad de contar historias «a la proletarizzacione dell' ánima». Pero toda tendencia tiene excepciones. Genio y figura Hay un momento en el que Juan Carlos I, Rey de España, propone la concesión de un marquesado a Alfonso Guerra y otro a Fernando Abril Martorell. El motivo era la decisiva intervención de ambos en la elaboración de la Constitución. Guerra hace llegar al monarca su disconformidad. Y cuando este pregunta las razones, Guerra contesta: porque demasiada gente se partiría de risa.

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Breverías. Cosas de Pablo