santiago / la voz

Los servicios de seguridad y emergencias sienten que son la segunda línea de combate en la guerra que la sociedad está librando contra el enemigo invisible del coronavirus. «Primero están los sanitarios, que están en primera línea de fuego, y después nosotros, detrás de ellos», señala Abel Lobato, que como miembro de la Policía Autonómica forma parte de los controles que se establecen cada día para vigilar que se cumple el estado de alarma. «Se siguen levantando actas, pero la verdad es que la gente se está portando muy bien», asegura. Como todos, se siente orgulloso del cariño que reciben. «Que la gente aplauda a nuestro paso te motiva y cuando ponemos las sirenas notamos que aplauden más y claro que nos da ánimos», añade.

Alberto Martínez Eiras, que es miembro de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Policía Nacional, alaba el dispositivo que se ha montado en la comisaría compostelana para hacer frente al coronavirus y que, hasta ahora, ha mantenido a la plantilla libre de contagios. «Cando as cousas se fan ben, tamén hai que dicilo», recalca. Echa de menos trabajar en equipo, porque ahora van de dos en dos, y lo que peor lleva es ver la ciudad vacía. «Sempre lle digo ao compañeiro que é unha pena ver Santiago así. Ao final emociónaste porque ves a cara da xente e non ves alegría», lamenta.

Diana Parente acaba de ser madre y se reincorporó al trabajo tras su baja de maternidad dos días antes de que se decretase el estado de alarma. Podría haberse quedado en casa por ser grupo de riesgo, «pero como vin que todos os compañeiros, cada un coas súas circunstancias na súa casa, con persoas que están en oncoloxía ou infartados, e todo o mundo estaba indo traballar, pois eu tamén». Un compromiso con el servicio que incluso provocó temor entre los suyos. «Quedei moi orgullosa dos meus compañeiros e de que todos permanezamos nos nosos postos», explica.

Víctor Castro es jefe del grupo ROCA de la Guardia Civil en Santiago. Le satisface ver a todo el país unido frente a «una causa común, que es ayudar a salvar vidas». Una lucha que él ve «como una guerra con muchos frentes en la que todos tenemos que tomar parte activa, unos quedándose en casa y otros en la calle». Estos días ha vivido momentos muy emotivos, pero quizás el mayor fue en un control de tráfico en Arzúa. Una de las que paró era enfermera de UCI en el CHUS y notó en su mirada la impotencia de no poder hacer más por los enfermos. «Mi compañero y yo nos cuadramos, le hicimos el saludo militar y le dijimos: esta es nuestra forma de aplaudiros», recuerda.

Los Bomberos de Santiago han pasado de extinguir incendios a desinfectar la ciudad. Su día a día se ha modificado completamente y a José Vallejo hasta le parece «otro parque». Pese a que toman muchas precauciones, la dinámica de su trabajo a veces les obliga a tomar riesgos. «En un incendio puede aparecer una víctima y necesita ayuda y no lleva ni mascarilla ni guantes. A mí y a mis compañeros lo que nos preocupa no es infectarnos nosotros, sino que lo podamos llevar a casa», señala.

Al frente de Protección Civil de Santiago está Begoña del Río, una agrupación que cada día lleva alimentos a cincuenta familias necesitadas. «Esta ciudad y este país son enormes, y lo demuestran en situaciones como esta». También se les ocurrió felicitar el cumpleaños a los vecinos que están confinados porque cree que «las emociones son muy importantes y la enfermedad no se vence con la pena y con el miedo, a veces un ratito de alegría, desconectar y emocionalmente animarte también te ayuda».

Susana Gamallo, del 061: «Traballamos con máis presión, por nós e para protexer a outras persoas»

j. g.
Susana Gamallo, enfermera del 061
Susana Gamallo, enfermera del 061

«Na nosa profesión sabemos que estamos expostos ás doenzas infectocontaxiosas, que sempre temos o risco de contaxios, aínda que isto é outro nivel; esta pandemia está causada por un virus moi contaxioso», afirma Susana Gamallo, enfermera de las urgencias del 061. Por eso, ahora extreman aún más las precauciones: «Traballamos con máis presión e con máis coidado; por nós, e para protexer as nosas familias e a outras persoas coas que contactamos. E ao utilizar equipos de protección individual todo é máis lento e complicado», agrega. Además del trato con pacientes que saben que padecen covid-19, les inquietan las personas que se sospecha puedan estar infectadas. «Notamos como hai moito medo, iso é común; e tamén detectamos moitos casos de crises de ansiedade. Desta situación aprenderemos que hai que pór en valor o sistema sanitario. Os profesionais estamos dando todo, como sempre», dice. La organización el trabajo en la base del 061 en Conxo es semejante a antes, aunque no se movilizan pacientes con coronavirus en helicóptero, sino siempre en ambulancia, explica Susana.

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Compromiso y servicio público en la lucha contra un enemigo invisible