El pequeño Liechtenstein resiste al enorme virus

Solo una fallecida en el Principado desde que comenzó la pandemia: una mujer de 95 años en una residencia, y que tenía patologías previas

Manuel Figueroa, presidente del centro español, en un paraje cerca de Vaduz
Manuel Figueroa, presidente del centro español, en un paraje cerca de Vaduz

Redacción / La Voz

Hasta ayer, en Liechtenstein solo ha habido una muerte por coronavirus y 81 infectados (muchos de ellos ya recuperados). Las cifras se mantienen más o menos estables (con lentos avances) desde hace semanas, con más virulencia a finales de marzo. Por supuesto, de un día para otro los números pueden cambiar al alza (y suelen hacerlo), pero de momento los números son bajos. Obviamente, la escasa población también influye, pero no tanto si se compara con otros territorios. No hay mucha diferencia de residentes con San Marino, mucho más pequeño y, sin embargo, en este pequeño Estado llevan ya 40 muertos y 500 afectados. O con Andorra, el doble de población y 37 fallecidos. 

La fallecida en Liechtenstein (38.000 residentes, 160 kilómetros cuadrados) era una mujer de 95 años, ingresada en una residencia y con patologías previas. Que los mayores estén en residencias en este pequeño país situado entre Austria y Suiza (del que depende para gran cantidad de aspectos) no es nada raro: están así una buena mayoría y hay geriátricos de este tipo en todos los municipios, y eso que son muy caros, como explica Manuel Figueroa, presidente del centro español Santiago Apóstol, en el que se agrupa la colectividad gallega, más de 300 personas, y la inmensa mayoría de la Costa da Morte y municipios limítrofes.

«Aquí todo o mundo cumpre as normas, e a maioría xa prefire estar na casa»

En Liechtenstein también hay un amplio colectivo de italianos, pero desde el principio de la crisis han evitado tener contactos con su país de origen. La frontera con Austria está cerrada, pero la de Suiza no, es una prolongación natural, un puente. Los comercios están cerrados, pero muchos reabrirán el lunes (la hostelería deberá esperar). Los flujos de transporte (y taxis a España) son relativamente normales. La gente sale a pasear, manteniendo las distancias. No hay uso común ni de mascarillas ni de guantes, salvo en determinados establecimientos o en algunos trabajos, pero no en la calle, donde las tareas de desinfección sí se realizan. Pero, con todo, «algún medo sempre hai», señala Figueroa. Y mucho respeto a las normas: pese a que se puede caminar con libertad, están prohibidas las aglomeraciones de cinco o más personas, o reuniones similares en viviendas (con visitantes). Pero no hay multas ni vigilancia constante de la Policía: «Aquí todo o mundo cumpre as normas, e a maioría xa prefire estar na casa».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

El pequeño Liechtenstein resiste al enorme virus