«Nos hemos quedado atrapados en Galicia por el coronavirus»

Una familia italiana que vive en Ponteceso espera a que se abran las fronteras para hacer la mudanza que preparan desde enero

Giada y Alessandro con sus hijos Tommaso, Samuele y Aurora
Giada y Alessandro con sus hijos Tommaso, Samuele y Aurora

A Coruña / la voz

«Llevamos tres meses preparando la mudanza para regresar a Italia. Tendríamos que haber dejado este piso el pasado martes, día 14, pero nos hemos quedado atrapados en Galicia por culpa del coronavirus». Giada Ricci y su marido Alessandro Tambornini llegaron a Ponteceso hace casi un año, donde ella tiene raíces familiares, buscando oportunidades de vida. Y aunque Alessandro encontró trabajo como instalador de pladur, la adaptación fue dura, especialmente para Samuele, de 6 años, el segundo de sus tres hijos (el pequeño Tommaso tiene 2 años, y la mayor, Aurora, tiene 8). «A pesar de la ayuda de los profesores, en el colegio no llegó a integrarse bien y se burlaban de él. Lo ha pasado muy mal. Y a nosotros también nos ha costado mucho centrarnos y adaptarnos, así que decidimos volver a Lombardía», una de las regiones de Italia más golpeadas por el COVID-19.

Giada explica que no sabe cuánto tiempo más tendrán que quedarse en Ponteceso ya que la mudanza no solo depende de las decisiones que tome el Gobierno de España, sino de otros países. «Tenemos todas nuestras cosas metidas en cajas y estamos viviendo casi de campamento, con lo básico, a la espera de que haya novedades. En todo caso, no sabemos cuándo nos podremos trasladar porque las fronteras internacionales están cerradas y tendríamos que pasar también por Francia para llegar a Italia», comenta. Giada indica que las autoridades italianas ya están permitiendo realizar mudanzas dentro del propio país, pero siguen prohibidas las internacionales. «Psicológicamente es muy duro, ya no solo por el confinamiento, sino porque no sabemos cuándo podremos volver a casa», explica.

Vivienda reservada

La suerte que tiene este matrimonio, según ellos mismos explican, es que el piso que iban a alquilar en Voghera lo siguen teniendo reservado sin tener que pagar una señal. «Nosotros tenemos allí uno en propiedad, pero como lo teníamos alquilado nos parece mal que esa gente se tenga que ir. Así que unos amigos de mis suegros nos reservan uno que es de ellos hasta que lleguemos nosotros». Por contrapartida, Alessandro no sabe si, a este paso, el trabajo que tenía apalabrado en el sector farmacéutico seguirá disponible para cuando lleguen. «Es probable que no. Entonces, tendremos que echar mano de algún contacto para que encuentre otro», explica Giada con la confianza que le da verse a un paso de regresar a su hogar.

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