a coruña / la voz

Tienen que atender las necesidades más básicas de cien familias, el doble que hace un mes, y no fallan ni un día. A las siete de la mañana a más tardar, Pablo, Rubén y Epi llegan en su furgón al mercado de frutas con una sonrisa, sin un céntimo en sus bolsillos, y regresan a su oenegé cargados hasta los topes. De lechugas, grelos, plátanos, setas, naranjas, patatas... Cajas y cajas que a los voluntarios de Fonte de vida les donan casi todas las empresas que trabajan en el mercado de frutas de A Grela. Un recinto como la plaza mayor de un pueblo amurallada de palés de colores. También van a Sanbrandán, Cambalache, Danone, Coren, Pizza Systen o congelados Alaska. Aparte de las donaciones que reciben de particulares. Entre todos, «llenan las bolsas que se entregan con productos frescos y que contienen los nutrientes necesarios», explica Pablo Jorge, director de la entidad.

Este viernes fue acompañado por La Voz al mercado de frutas a pescar en un mar donde los peces saltan solitos al trueiro. Y ahora, más que nunca, pues «se está notando muchísimo la solidaridad y la bondad de los empresarios del mundo de la alimentación», destaca el responsable de esta oenegé.

Nada más llegar, estacionan el furgón en uno de sus muelles, cogen un carro y recorren el recinto. Doce años haciendo lo mismo les abren todas las puertas y ellos van como Perico por su casa. A veces preguntan si «hay algo por ahí», otras los llaman diciéndoles «tengo algo para vosotros». Como así les avisó Alberto González, de Almacenes Goal. Un hombre que dice mientras les entrega varias cajas de setas que «si no nos ayudamos entre nosotros ahora cuándo va a ser».

Con el camión sin que le quepa ni un plátano más, regresan a la sede de la oenegé, en la Sagrada Familia, para descargar e ir a otras empresas a volver a llenarlo. Luego, en las instalaciones preparan las bolsas en cajas. En el último mes tuvieron que multiplicarse. De atender a 40 familias pasaron a más de cien, «la mayoría gente que se quedó sin empleo y no tenía contrato, que está en un ERTE y no cobró todavía y trabajadoras del limpieza en el hogar. Como Ángeles Vidaurreta, una dominicana que este viernes se llevó el sustento alimenticio del fin de semana. «Llevo patatas, carne picada, una piña, arroz, leche, harina, pan, mucha fruta, yogures y hortalizas variadas», cuenta. Lo tendrá que distribuir «muy bien» para que a sus dos hijos -es madre soltera- «no les falte de nada. Al menos, alimento y amor, que es lo más importante». 

Ni 5 euros en el bolsillo

Después de Ángeles guardaba cola Ricardo, un leonés que trabajaba en el mundo de las reformas y no tiene derecho a paro por haber vivido casi toda su vida en la economía sumergida. Dice que «nunca» se vio tan mal como ahora. Este mes debe el alquiler y su patrimonio no llega a los 5 euros porque tenía 6 y tuvo que ir a comprar pastillas para la tensión, que llevaba casi un mes sin tomarlas.

Las instituciones benéficas luchan contra eso de la mano de una gran cantidad de empresas. Así, Padre Rubinos ha puesto en marcha un servicio de ayuda en el que, junto al Ayuntamiento y tras la firma de un convenio con Gadis y Eroski, ponen a disposición de los usuarios del mismo tarjetas y vales para hacer la compra y atender a las necesidades más acuciantes de alimentación, medicamentos, suministros e, incluso, pago de alquileres.

La Cocina Económica, Cáritas o Renacer, que también se vieron en un mes desbordados debido al fuerte incremento de usuarios, cuentan asimismo con numerosos donantes. Y quieren agradecer el esfuerzo de marcas como Coren, Pascual, Mercadona, Carrefour, Da Cunha, Debén, Finca Montesqueiro... Pero también de particulares.

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Las empresas se vuelcan «más que nunca» con las entidades benéficas