Las residencias se hospitalizan

El Chuac coordina áreas de ingreso en los centros de la tercera edad más castigados por la pandemia


A Coruña / La Voz

Sus impulsores los llaman «hospitalillos» y son zonas de ingreso parecidas a las de un hospital, aunque sin uvis, pero sin mover a los enfermos del lugar donde viven: las residencias.

Se han puesto en marcha tres en el área coruñesa, justamente en los centros de la tercera edad más afectados por la pandemia: Concepción Arenal-Domus Vi, Portazgo, y el Remanso Claudina Somoza.

72 centros, 4.000 mayores

Ninguno quiso ir a la residencia integrada. «Los enfermos están tratados como en el hospital y si necesitan una prueba o su estado se deteriora y requieren uci, tengan la edad que tengan se les lleva al hospital; lo que no tiene sentido es andar de allá para acá con ellos sin un criterio médico que lo indique», explica Fernando Lamelo, coordinador del equipo Covid-residencias del Chuac.

Apunta más el impulsor del protocolo de apoyo a los 4.000 ancianos en los 72 centros residenciales del área: «A todos los positivos se les ofreció el traslado a Puerta del Camino en Santiago, la residencia integrada de la Xunta, pero ninguno quiso ir». Insiste en «reconocer el gran esfuerzo del personal de los centros, que están doblando turnos», y subraya que su equipo facilita medicación, testado, protección, asesoramiento y, en los casos que se ha cree necesario, gestiona «la incorporación de nuestro personal, son los médicos de atención primaria los que están trabajando ahí, muy por encima de lo que les toca, con absoluta dedicación».

De pisos a grandes complejos

A la medida. En 72 centros hay pisos compartidos de 8 plazas y grandes complejos de hasta 230. «Había que dar solución a la medida, los grandes tienen infraestructura sanitaria, los pequeños, no», explica.

Se les prestó apoyo también para contratar personal -en algunos se contagió el 30 % de la plantilla- «y no es fácil encontrar gente que vaya a trabajar no a una residencia, sino a una donde hay tantos enfermos como en una planta del hospital», valora Lamelo. Cree que «se ha demonizado injustamente a las residencias, tienen un papel duro desde siempre, muchos de sus usuarios están al final de la vida y cualquier pequeño problema, y el COVID-19 no lo es, puede desencadenar un deterioro final».

 Se ha demonizado injustamente a las residencias. Muchos de sus usuarios están al final de la vida y cualquier pequeño problema, y el COVID-19 no lo es, puede desencadenar el final

Concentración de casos

En Matogrande. Uno de los hospitalillos se ha creado en la residencia Concepción Arenal, que es pública pero gestiona Domus Vi. Allí se han trasladado los enfermos del centro Matogrande, de la misma empresa.

«Lo más lógico era concentrarlos porque además la Arenal es estructuralmente similar a un hospital: las habitaciones tienen tomas de oxígeno», indica el doctor. Con 150 residentes, han ocupado 3 plantas con 70 ancianos con COVID. Personal del Sergas, con cinco médicos, cubre las 24 horas junto con los facultativos de las residencias. «Hay que decir que la gerencia de la empresa, chapó, ha acogido a gente de centros pequeños que no tenían soporte médico».

O portazgo y Bellolar

Los primeros. La residencia Mayores, de O Portazgo, fue la primera en la que entró el Sergas. «Era un centro con mucha vida social, muy abierto, con mucho contacto, instalaciones fantásticas, salas comunes, jardines… tuvieron la desgracia de que entró el virus, pero no significa que lo estuvieran haciendo mal, no, al contrario», insiste Lamelo. «A los residentes para cuidarlos hay que tocarlos y mientras no se supo que eran positivos los tocaron, como es humanamente necesario». Margarita Tovar y Mar Terceiro, primeras voluntarias del equipo, entraron en el centro, con 46 ancianos positivos, «a ayudar, pero están saliendo gracias a sus propios medios y el esfuerzo titánico del personal y la dirección; nosotros prestamos apoyo farmacológico, las tomas de oxígeno y ayuda clínica».

Para cuidar hay que tocar y mientras no se supo que eran positivos los tocaron, como es humanamente necesario

La crisis en este centro coincidió con la del Fogar Bellolar, que llegó a tener 9 de sus 24 ancianos contagiados. En ella se actuó de forma similar. «Las propietarias se han confinado con los mayores y están saliendo a flote», recalca.

En el gimnasio

Claudina Somoza. La tercera unidad se montó en tiempo récord en el centro de Los Rosales. «Es como un hotel de lujo, una residencia nueva… pero por desgracia entró el bicho; con los test masivos cayeron el 25 % de los profesionales, entre ellos su médico», cuenta Lamelo, que enfatiza el esfuerzo de la fundación por crear zonas de aislamiento y vaciar el gimnasio para la unidad de hospitalización de enfermos, 17 de ellos positivos, y la instalación de concentradores de oxígeno.

«A la directora solo la conozco disfrazada con el equipo de protección haciendo de todo», indica. Carlos Rodiles, médico de PAC, inició el montaje y ahora se han sumado Isabel Expósito y Vicente Fernández, del centro de salud de Los Rosales. Lamelo insiste que en este centro, como en los demás, «que no tenga nadie duda de que los enfermos están bien atendidos, en eso pongo yo mi mano en el fuego sin miedo a quemarme».

 Que nadie tenga duda de que están bien atendidos, en eso pongo yo mi mano en el fuego sin miedo a quemarme

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