Al refuerzo contra el COVID antes de terminar la carrera

Povisa contrata como enfermeros a cuatro estudiantes para medicina interna, uci y urgencias


Vigo / La Voz

Un grupo de estudiantes de Enfermería de la escuela de Povisa se han marchado a hospitales de Madrid a ayudar a tratar a enfermos de coronavirus. No son los únicos aspirantes a enfermeros que están ayudando a abordar esta crisis. Povisa acaba de contratar a cuatro alumnos que todavía no han terminado la carrera. Raquel de Diego, Manuel Cobas, Wilson Castillo y Alba Francisco ya se han incorporado como enfermeros al centro sanitario.

La orden que el Boletín Oficial del Estado publicó el 15 de marzo permitía contratar a los médicos y enfermeros que hubiesen terminado la carrera y estuviesen en su último año de residencia, la formación para su especialidad. Hay varias decenas en Vigo en esta situación. Pero esa norma también permitía contratar a estudiantes cuyo paso por la universidad no hubiese terminado. Es el caso de estos cuatro alumnos. Ninguno sabe cómo ni cuándo acabarán la carrera, porque no se ha definido. La crisis los pilló terminando sus prácticas. Lo que sí saben es que estarán contratados hasta que la crisis termine, y eso se puede considerar unas prácticas avanzadas.

Raquel de Diego trabaja en una de las zonas más sensibles del hospital, la planta de casos posibles, que es donde están ingresadas aquellas personas a las que se les ha hecho la prueba del coronavirus pero cuyos resultados todavía no están disponibles. Es un lugar donde todo está extremadamente medido. «Los tratamos a todos como positivos, por nuestra seguridad y la del resto de pacientes», explica. Pero esto tiene un matiz. En la planta de positivos, las enfermeras llevan los equipos de protección para resguardarse ellas de un posible contagio. En la unidad de posibles tienen que sacarse el traje cuando salen de una habitación y ponerse uno nuevo antes de entrar en la siguiente, porque si algún enfermo finalmente es negativo podrían contaminarlo; así que se protegen ellas y también protegen a los hospitalizados.

Sometida a la prueba

«Se trabaja muy despacio», resume. Pero ella no es nueva. Raquel llevaba nueve años como auxiliar y en los últimos cuatro ha estado estudiando enfermería. Eso sí, en un área mucho más tranquila, la de pediatría. «Me gusta el tute de la planta», asegura. Raquel está en casa estos días. Por protocolo, les han hecho las pruebas a todo el personal de la planta. Ayer le dieron el resultado y fue negativo, como esperaba.

Cuando llegan los resultados, los enfermos de la planta de posibles pasan a la de positivos si se confirma el contagio o a una unidad de medicina interna si se descarta. Allí está Manuel Cobas, que tampoco es nuevo en Povisa. Lleva casi ocho años trabajando allí como auxiliar, sobre todo en medicina interna. «Esta es mi casa», dice. Ahora, sigue en esa especialidad, pero ya no como auxiliar, sino haciendo labores de enfermero, y eso «es un cambio grande, ahora es mucha más responsabilidad».

La mayoría de los pacientes que ingresan como posibles positivos tienen neumonías y otros problemas respiratorios. La gran mayoría son ancianos. «Me gusta mucho trabajar con gente mayor», enfatiza.

Wilson Castillo se estrena estos días en urgencias. Es un servicio que ha cambiado por completo estos días. Las urgencias de Povisa están partidas en dos, para que por una parte vayan los pacientes respiratorios y por la otra, el resto. Wilson está en la llamada zona limpia, donde no entran los pacientes con sospecha de padecer el COVID-19. Hasta ahora había estado haciendo sus prácticas en el área de quirófano. Las urgencias no respiratorias suelen tener que ver mucho con la traumatología o la cirugía. Su llegada al servicio ha permitido que otros profesionales con más experiencia refuercen la zona de coronavirus. «Han bajado mucho las urgencias, y no todas las que vienen son de gravedad», constata. Pero se muestra «encantado» de estar apoyando con su asistencia en esta crisis. Wilson ya conocía el mundo sanitario porque estudió una FP superior en radiología.

Igual que en urgencias no todo tiene relación con el COVID-19, tampoco en la uci. En realidad, a la unidad de cuidados intensivos le ha ocurrido lo mismo que a las urgencias: se han dividido por la mitad. Igual que han hecho otros hospitales, Povisa tiene ahora dos ucis, una para los pacientes críticos con coronavirus -creada en la uci habitual- y otra para los que no tienen el virus. Esta última se ha montado en una sala posquirúrgica y allí trabaja Alba Francisco. «Mis prácticas fueron en la uci y ahora me llamaron para contratarme», dice. También estos días tienen menos actividad. «Ahora tenemos muy poquitos pacientes, está todo muy tranquilo; sobre todo tenemos pacientes crónicos, no tan agudos, que llevan bastante tiempo», explica.

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