A «la guerra» en Galicia con bolsas de basura reconvertidas en mandilones

Médicos de familia denuncian los EPI «escasos» con los que vigilan a convalecientes en sus domicilios, unos 5.000 solo en Galicia. Este es el material que le entregaron a una sanitaria en un centro de salud de A Coruña


«Me gustaría tener un traje como el suyo», le dijo una trabajadora de un hospital de Nueva York a un periodista de la BBC en un reportaje que se hizo viral en las redes sociales. La sanitaria neoyorquina iba cubierta con una bolsa de basura. La protección que le entregaron este fin de semana a una médica en el punto de atención continua de la Casa do Mar de A Coruña no era tan rudimentaria pero, según la profesional, no era la «idónea y es imposible no contaminarse con un plástico que no se ajusta».

Una compañera suya en otro ambulatorio de la ciudad y miembro de la Sociedade Galega de Medicina de Familia e Comunitaria (Agamfec), remarca la precariedad de los medios con los que afrontan esta «guerra», como la definió el presidente Pedro Sánchez en su última intervención pública. «Muchos no tenemos el mono que debe incluir el EPI (equipo de protección individual) y, en su lugar, si no quedan batas verdes de las impermeables, nos dan unas finas que no cubren ante una epidemia como el coronavirus. ¿Qué hacemos? Colocamos por encima una bolsa de basura a modo de mandilón y una mascarilla quirúrgica sobre la autofiltrante, la FFP2, porque que de estas solo tenemos una para cada día», detalla esta doctora, con más de 30 años experiencia. Los médicos de familia, define, son el primer «muro de contención» de la epidemia. «Ahora, por fin, empezamos a ser más valorados por los gerentes», censura.

Solo en Galicia, los profesionales de los ambulatorios realizan el seguimiento de cerca de 5.000 personas en sus domicilios «con patología respiratoria leve compatible con COVID-19». Casos menos graves que no fueron ingresados en el hospital o que de ahí fueron remitidos a los médicos de atención primaria.

Mejor que al principio

«No puedo decir que estamos atendiendo a pacientes respiratorios sin equipos, porque no es así, pero sí estamos muy escasos. Nos van a mandar más batas desechables. No son las que se recomiendan especícamente como EPI porque en este momento no hay. Usamos mandiles de plástico con ellas. No es lo ideal, pero la situación ha mejorado», confiesa Susana Aldecoa, médica del centro de salud de Beiramar, en Vigo, y presidenta de Agamfec. «Tenemos un cuidado exquisito. Con que vengan cuatro pacientes sospechosos, nos pulimos el material de toda la mañana», desliza.

Desde Sanidade aseguran que «en la plataforma logística central del Sergas hay material suficiente para garantizar la protección individual» y que los «proveedores están sirviendo regularmente». Manuel Barral, que trabaja como médico en la coruñesa Casa do Mar defiende esta postura. «Hace un mes y medio sí que hacíamos, de forma artesana, batas a partir de bolsas de basura, pero ahora contamos con equipos de protección para todos. El fin de semana pudo producirse una situación puntual porque veníamos de un festivo, con los ambulatorios cerrados», justifica. Desde la Casa do Mar, cifra, vigilan a 130 pacientes convalecientes en sus domicilios.

Una cantidad mucho menor, cuatro infectados, es la que atiende Xosé María Dios, del centro médico de Outes. «O material non é un problema agora. O peor foi a descoordinación inicial, cando íamos aos domicilios sen saber como nos tiñamos que protexer, cando dicían que só era una gripe», recuerda Dios, portavoz de la plataforma SOS Sanidade Pública en el área de Santiago.

O material non é un problema agora, o peor foi a descoordinación inicial

625 contagios

La última cifra de contagios que maneja el Sergas entre sus trabajadores es previa al Jueves Santo. El número de infectados es de 625 personas, «el 1,6 % del personal total», calculan. En Galicia, los positivos totales, ayer, eran 7.494. «Pedimos trabajar seguros. Tengo a dos compañeros médicos de mi misma área en la uci. La hija de uno de ellos ha sido ingresada. Priorizamos las consultas por vía telefónica, pero hay veces en las que tenemos que trasladarnos al domicilio. Además, seguimos esperando que se nos realicen los test», reprocha la doctora del ambulatorio de A Coruña, que pide no dar su identidad.

El número de infectados es de 625 personas, el 1,6 % del personal total del Sergas

El procedimiento

Los médicos de familia son los que valoran, desde las unidades COVID-19 habilitadas en los ambulatorios, si un paciente que acude a ellos debe ser trasladado al hospital o ser seguido desde casa. «Miramos la fiebre, la respiración y la tos», precisa Nieves Domínguez, médica de atención primaria en A Coruña, en su caso, en el centro del Ventorrillo.

Con la plataforma de teleasistencia Telea tienen monitorizados a 2.261 pacientes de los 5.000 que vigilan en sus casas. «Les facilitamos un pulsioxímetro, un instrumento de fácil manejo que mide la saturación de oxígeno en sangre. Tienen que vigilarse la temperatura, decir cómo van de tos y fatiga y rellenan un cuestionario», detalla Domínguez. Una tecnología que reduce riesgos aunque, eso sí, no es apta para todas las edades ni usuarios.

La atención primaria afrontó la eclosión de la pandemia sin material

Sara Carreira
Los sanitarios del centro de salud San Pablo de Zaragoza hicieron ayer un pequeño homenaje en honor a un compañero muerto por Covid-19, el médico José Luis San Martín Izcue, fallecido a los 55 años. Es el 15.º médico de primaria en morir del total de 24 facultativos (y 31 sanitarios)
Los sanitarios del centro de salud San Pablo de Zaragoza hicieron ayer un pequeño homenaje en honor a un compañero muerto por Covid-19, el médico José Luis San Martín Izcue, fallecido a los 55 años. Es el 15.º médico de primaria en morir del total de 24 facultativos (y 31 sanitarios)

Solo el 15% tenía mascarillas para protegerse y termómetros sin contacto

La atención primaria afrontó las primeras semanas de contagios del coronavirus con información y protocolos pero poco material. Una encuesta realizada por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) entre el 11 y 14 de marzo (justo antes del estado de alarma) revela que solo el 15% de los sanitarios tenían mascarillas que les protegían de un contagio y termómetros sin contacto para atender a los pacientes. Y solo el 60% de los enfermos con síntomas del COVID-19 tenían mascarillas quirúrgicas, necesarias para evitar infectar a los demás.

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