Alicia Castro, la enfermera eventual que dio positivo y a punto estuvo de quedarse sin contrato

Esta profesional, que recibió las disculpas del Sergas, cuenta su caso para que se sepa lo frágiles que son los derechos de los sanitarios contratados


Pontevedra / La Voz

Alicia Castro es enfermera eventual en el área sanitaria de Pontevedra. El pasado 18 de marzo dio positivo en COVID-19. A día de hoy sigue aislada en su casa y desconoce el momento de su contagio. «Yo trabajo en el Hospital Provincial, que se considera un centro limpio porque no hay ingresados pacientes con coronavirus. Pero lo cierto es que atendemos a mucha gente cada día y esa distancia social no se puede respetar por los cuidados que tenemos que dar», explica este viernes desde su domicilio a La Voz. Ella, que trabajaba en quirófano, tenía un contrato de los llamados de acúmulo de tareas, que se pueden encadenar hasta un máximo de seis meses. Una fórmula que es habitual en el Sergas. «El mío es un contrato que renovaba cada mes o incluso cada quince días». Sus primeros síntomas fueron cefalea y a continuación tos y dificultad respiratoria leve. A aquellas alturas de marzo no se le pasaba por la cabeza que fuera COVID-19. «En principio no había estado con pacientes de COVID-19, pero al final los sanitarios estamos expuestos. Aún así, pensaba que sería un catarro». De repente su estado cambió. Apareció una febrícula mantenida, dolor articular y muscular y molestias gástricas. Uniendo todo eso empezó a rondarle que sí podía estar infectada. El 17 de marzo llamó al servicio de Medicina Preventiva, contó lo que le pasaba y le recomendaron aislamiento domiciliario y medidas higiénicas. Tuvo la suerte de que su prueba no tardó. Un equipo fue a su casa el mismo 17 de marzo por la tarde y el día 18 se confirmó el positivo.

Y le pasó una situación que el colectivo al que pertenece, Enfermeiras Eventuais en Loita, y también la asociación Aenpo, viene denunciando desde hace tiempo: que si un eventual cae enfermo, caen también sus derechos. Alicia Castro relata que su último contrato era del 16 al 31 de marzo. «En mi caso me recomendaron la cuarentena en casa de 14 días porque mis síntomas no eran graves. Se cumplían el 31 de marzo, pero en esos momentos ya estaban más saturados porque había muchas más sospechas de positivos y no me hicieron la prueba de confirmación hasta el 3 de abril. El día 4 me dieron el resultado y volví a dar positivo». Señala que no recibió ninguna notificación del Sergas ni del servicio de Chamamentos. El 6 de abril le llegaron dos sms, sistema habitual para comunicar los contratos. «En el primero, de las 10.50 horas, me decían que tenía un contrato pendiente de firma, y en el segundo mensaje, de las 15.05, me decían que se anulaba la fima de ese contrato». La enfermera expone que poco después la llamaron de Chamamentos para ofrecerle un nuevo contrato cuando ella estaba de baja por ser positivo. La cosa todavía se complicó más al recibir una llamada telefónica desde dirección de Chamamentos donde le decían que no se había presentado el 1 de abril al nuevo contrato, que no asumían como prórroga del anterior. «Me dijeron que no me había presentado y que no se podía hacer nada y que me quedaba sin contrato».

Encerrada y angustiada entre cuatro paredes, siguió dándole vueltas a la cabeza y ante su desesperación optó por remitir un correo a la dirección de Recursos Humanos del Sergas en Santiago, contando lo que le había pasado. Lo hizo el 7 de abril y un día después le contestaron. «Me pidieron disculpas por el trato y me dijeron que la situación se iba a corregir con unas nuevas instrucciones para que no volviera a pasar lo que me sucedió a mí y a otras compañeras. La situación de incapacidad laboral por COVID-19 es asimilable a un accidente de trabajo», subraya. Alicia Castro hace hincapié en que lo más le duele al colectivo de eventuales ya no es el dinero que pierden con la anulación de contratos, sino la pérdida del cómputo de servicios prestados para cotizar y para puntuar en las listas de contratación y para las oposiciones. «En este caso creo que se resolvió y se corrigió el tema por la presión mediática. No puede ser que se salga a aplaudir a los sanitarios todos los días y que también los eventuales estemos haciendo el esfuerzo y después nos quedemos sin contrato. Si en lugar de COVID-19 lo mío hubiera sido gripe A o me hubiera roto una pierna hubiera perdido ese contrato». Añade esta enfermera que Eventuais en Loita decidió hace dos meses suspender las protestas para arrimar el hombro en la crisis, pero a pesar de eso denuncian que se siguieron dando contratos de días sueltos. «No puedes estar un día trabajando en el hospital con pacientes de COVID-19 y al día siguiente en un centro de salud con personas vulnerables». Alicia Castro lleva tres años trabajando como eventual para el Sergas. Ahora solo desea recuperarse del todo y volver a trabajar.

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