Varias comunidades creen que el número de muertos pueden ser superior al oficial

«No tengo datos para decirles que están ocultando datos», afirma Feijoo


redacción / la voz

«No tengo datos para decirles que están ocultando datos». La redundancia de Alberto Núñez Feijoo en su última comparecencia ya da una idea de lo enrevesado de un asunto convertido en arma arrojadiza a todo tipo de escala. Desde la autonómica a la mundial. España no ha escapado a este daño colateral de la crisis, y azuzada por su particular mapa geopolítico ha convertido las cifras en un desbarajuste capaz de enfrentar autonomías, partidos políticos e incluso carteras dentro del gobierno estatal. Feijoo reflexionaba el miércoles sobre el asunto, deteniéndose en el desfase gallego según el tipo de contador. «Es evidente que ha habido un desajuste en los datos de registros sanitarios y registro civil. Hay que casar esos datos», admitía, consciente de que las defunciones han crecido en la comunidad muy por encima de las que se achacan a la enfermedad. «No es fácil hacer protocolos en el inicio de una pandemia -justificaba-. Hay casuística no incluida en el inicio que se ha ido incorporando. Los que fallecen en los servicios sanitarios están prácticamente todos, no hay dudas, y hay que sumar los que fallecen en residencias y hospitales privados. El trasiego de la presión asistencial y social puede estar produciendo algún desajuste».

«Hemos de saber la verdad, conocer con toda la crudeza los datos de los realmente fallecidos por coronavirus. Ocultar un conjunto de datos, primero no va a cambiar la realidad, y segundo es una falta de respeto tanto a los fallecidos como a sus familiares», razonó Feijoo, que estiró su explicación para abordar los desfases entre comunidades: «No tengo datos para decir que están ocultando datos de muertos. Los protocolos de comunicación fueron mudando. Inicialmente solo se contaban los que fallecían en hospitales, ahora dos días a la semana hay que actualizar con las residencias. Espero que no haya diferencias sustanciales». Concluyó admitiendo que desde la Xunta «nos pusimos en contacto con el Tribunal Superior para saber si había registros diferentes». Un reconocimiento al mencionado desfase entre los balances de Sanidad y los de los registros, que han visto multiplicarse el número de decesos en relación a la misma época del año pasado mucho más allá de los casos atribuidos al coronavirus.

Detalle que ha dado lugar a que gobiernos regionales como los de la comunidad de Madrid, la Valenciana, Castilla-La Mancha o Castilla y León admitan que los muertos a cuenta del virus pueden ser mucho más de los que reflejan sus balances. Madrid, por ejemplo, informaba ayer del fallecimiento de 4.750 personas residentes en centros de mayores durante el último mes. También han aflorado los reproches desde las bancadas del Congreso, donde Cuca Gamarra reclamaba en nombre del PP que «los datos tienen que ser ciertos y solo se están contabilizando los casos confirmados por un test, pero no ha habido test para confirmar todos los casos». «Pedimos que se corrija ese criterio», manifestaba en la Comisión de Sanidad y Consumo, anunciando la solicitud de una auditoría para «contabilizar los casos que no pudieron ser diagnosticados». 

Justicia también interviene

En la polémica ha intervenido el Ministerio de Justicia, solicitando a todos los registros civiles «una relación en la que conste el número de defunciones a las que ha tenido acceso el registro, número de licencias de enterramiento que se han concedido y el lugar de la defunción, especificando la localidad, y también si la misma se ha producido en un hospital, residencia o vivienda habitual». Pretende profundizar a espaldas de Sanidad en las cifras de una pandemia que suma a la falta de material la escasez de protocolos.

Contradicciones que alcanzan también a los recuperados

A primera hora de ayer, el Ministerio de Sanidad trasladó que en Galicia se contabilizaban 6.538 afectados por coronavirus. Poco después, Feijoo ofreció su propia cifra: 5.525 contagiados. Pero todavía estaba por llegar el recuento oficial de la Xunta, que aún rebajó el número, hasta 5.460. Una regresión que desnuda la disparidad de criterios en los balances. Por ejemplo, hasta la fecha, la Consellería de Sanidade trasladaba las cifras de muertos en hospitales, dejando fuera del recuento a quienes habían perecido en residencias de mayores. Como reconoció el propio Feijoo, a partir de ahora será obligatorio informar dos veces por semana de los finados en estos últimos centros.

El desbarajuste forzó actos de descargo en varias comunidades. El vicepresidente andaluz se apresuró a afirmar que contabilizan entre sus finados a quienes tuvieran «patologías previas, y aun estando ya en una situación crítica que no fueran a superar, al final se han contagiado». El consejero de Sanidad manchego añadió un nuevo factor: «Si algún fallecido no ha obtenido el resultado pero tiene una muestra de sangre y PCR pedida, si es positivo, se envía como tal». Los desfases alcanzan al recuento más esperanzador: el de sanados. A gobiernos autonómicos como el vasco se les apuntan las altas, independientemente de su estado de salud. Ante la situación, Sanidad se abstuvo ayer por primera vez de facilitar el dato global de ingresados en uci y de hospitalizados.

Dudas sobre el número de víctimas desde el origen de la crisis

Las cifras llegadas desde distintos lugares del planeta en relación a la pandemia permanecerán en cuarentena hasta mucho después de que se solvente la crisis y probablemente no se logre despejar nunca la duda en torno a su fiabilidad. Como sucedió con la infección, la incertidumbre también tuvo su epicentro en Wuhan, en donde el relato del gobierno chino, que detiene el contador algo por encima de las 2.500 víctimas mortales, choca con las largas colas ante los crematorios de la ciudad.

Los recuentos viven en tela de juicio desde el primer día, afectados por constantes cambios en los protocolos, que empezaron a dar cuenta de la gravedad del problema hace casi dos meses. El 13 de febrero, las autoridades de la provincia de Hubei (capital, Wuhan) multiplicaban por diez el número de contagiados acumulados hasta el día anterior, y doblaban el de fallecidos. Habían empezado a incluir en los recuentos a los pacientes que presentaban señales de neumonía en exámenes de escáneres por tomografía. De aquello a hoy, no ha habido balance dado completamente por bueno, ya que ninguno resistía siquiera la comparación con el vecino, que medía con la vara que sus necesidades y recursos le daban a entender.

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