Luis Fuentes: «Cando marchei, a miña filla daba os primeiros pasiños, agora xa corre soa»

El estado de alarma obligó a confinar a bordo a toda la tripulación y el pobrense no cree que vuelva a casa hasta junio


ribeira / la voz

Ya no contaba con estar en casa cuando su hija pequeña cumpliera su primer año, pero lo que menos se esperaba es que una pandemia mundial acabara paralizando todo el mundo, y le obligase a estar tantas semanas encerrado en un barco y alejado de su familia. El estado de alarma pilló a este vecino de A Pobra trabajando en el remolcador María Pita de Salvamento Marítimo, que tiene base en el puerto de A Coruña, donde está amarrado y su tripulación permanece confinada en el interior.

«Mellor corentena que aquí non creo a faga ninguén. Non podemos saír para nada. Tráenos os víveres ao porto e xa os collemos nós, non temos contacto con ninguén», explica Luis Fuentes Mouzo, que lleva 12 años como contramaestre en esta embarcación. Su día a día transcurre sin muchos sobresaltos y, junto a sus compañeros, dedica la mayor parte de la jornada a preparar el barco por si tienen que salir a alguna urgencia en el mar, así como a realizar algunos ejercicios prácticos, puesto que desde que se decretó el confinamiento, el número de incidencias ha caído en picado.

«Levantámonos ás sete e media e facemos labores de mantemento, pintar, ou engraxar. Estamos ata as cinco da tarde, e logo temos un pequeno ximnasio, xogamos ás cartas e pasamos o día como mellor podemos. A sorte é que somos un bo grupo de dez persoas a bordo e lévase ben», confiesa el pobrense, que suma más de 40 días encerrado en el barco. Él ya sabe bien lo que es estar mucho tiempo en el mar, porque antes de trabajar en Salvamento Marítimo estuvo embarcado y llegó a pasar tres o cuatro meses sin pisar tierra.

«Pero, agora, xa estaba acostumado a outra vida. O peor é estar lonxe e non poder ver á muller e aos nenos. Cando marchei, a miña filla daba os primeiros pasiños, agora xa corre soa». El contramaestre del María Pita reconoce que las nuevas tecnologías permiten que esta separación forzosa se haga «máis levadeira», y gracias a las videollamadas puede hablar y ver a su familia, algo que le está ayudando mucho, porque no cuenta con poder reunirse con ella hasta finales de mayo o principios del mes de junio.

Rescates

Él dice que, si no fuera por el confinamiento, podría aguantar esta situación mucho mejor, «porque normalmente podemos baixar ao porto e incluso correr polo peirao, sempre e cando esteamos a 15 minutos do barco por si hai algunha emerxencia». En los 12 años que lleva trabajando en Salvamento Marítimo ha sido testigo de importantes tragedias, pero también de otros sucesos que terminaron con final feliz.

Para él, lo más gratificante de esta profesión «é cando salvas a alguén, iso é unha alegría; pero tamén ten cousas malas, como cando ves os cadáveres flotando e non podes facer nada. Aínda que, moitas veces, incluso nesa situación, as familias agradecen que recuperemos os corpos e poidan velalos».

Como todo marinero, no le tiene miedo al mar, «pero si moito respecto, sobre todo cando hai mal tempo. Pero estamos para iso, nós temos que responder o día que hai mal tempo», afirma con rotundidad, mientras cuenta los días para poder volver a reunirse con su familia.

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