Jesús Lojo: «Estamos traballando nun estado de tensión permanente na rúa»

El empresario asegura que conocen varios casos de contagiados, pero no influye en su actividad


ribeira / la voz

Estar en casa pasando el confinamiento debido al coronavirus y recibir todo tipo de servicios es un lujo. Panaderos, pescaderos o vendedores de productos de alimentación no faltan tampoco en aquellos lugares más alejados de las zonas urbanas. Pero hay un colectivo esencial e indispensable, el de los repartidores de butano que cada día acuden a su cita para que siga habiendo agua caliente o gas para hacer la comida. Son los otros héroes que están ahí. Y así lo reconoce Jesús Lojo, gerente de Tradigás, una empresa que hace el reparto por toda la comarca de una compañía estatal. Desde Muxía hasta Isorna llegan las bombonas de esta firma boirense.

La empresa cuenta con unos veinte empleados y 12 repartidores. Cada mes sirve alrededor de 25.000 envases por lo que conoce perfectamente a todos sus clientes y sus necesidades. La pandemia les ha tocado de lleno pues su contacto directo con los usuarios les hace estar en situación de riesgo permanente.

La situación cambió, y mucho. Lojo lo explica: «Agora as medidas de protección son importantísimas. Non saímos á rúa sen as máscaras, luvas e desinfectantes. O primeiro de nada é a saúde dos traballadores».

Precauciones

Antes de iniciar la jornada de trabajo cada día se reúnen en los almacenes: «Falamos pouco entre nós e o que falamos é a berros porque non nos xuntamos. Mantemos as precaucións o máximo posible para evitar algún contaxio». Y es que el empresario recuerda que tienen que estar en la calle pues «somos un servizo básico», por lo que «temos que intentar que non caia ninguén», subraya Jesús Lojo.

El ejército de repartidores conoce al dedillo toda la zona y a los vecinos que les sirven. «Coñecemos perfectamente a todos. Os seus problemas, as inquietudes, que fan, todo, pois somos coma da casa. Somos os únicos que entramos nas súas vivendas».

Aunque normalmente los clientes son bastante reacios a contar si están infectados, Jesús Lojo indica que algunos las conocen y las precauciones son mayores a la hora de dejar el gas en sus casas. «Sabemos que algún está pasando a corentena e falamos con eles para deixarlles as bombonas necesarias para todo o período», afirma.

Pero también tienen casos que les avisaron: «Un chamounos para advertirnos que tiña o virus e como podiamos facer. Fíxonos unha transferencia bancaria e deixámoslle as botellas na porta. Outro é unha prima a que nos paga nunha aldea próxima».

Los vecinos también toman sus medidas para evitar el contagio. «Hai clientes coidadosos e precavidos que nos facilitan moito o traballo. Uns deixan os cartos nun sobre ou bótanos por debaixo da porta, sobre todo as persoas maiores».

Peligro

A pesar de las medidas de seguridad que los repartidores intentan adoptar, el peligro está en la calle. y eso lo sabe bien este empresario boirense. Comenta que ellos no tienen miedo, pero «estamos traballando nun estado de tensión permanente na rúa debido ao perigo que hai. Unha empresa pequena coma a nosa é coma unha gran familia. Coñecémonos todos perfectamente e sabemos dos problemas uns dos outros».

El equipo que dirige Jesús Lojo está trabajando a tope con la finalidad de «facilitarlle as cousas aos veciños, pois o confinamento non é bo para ninguén e hai xente que aínda por riba está a pasalo mal». La empresa suspendió las revisiones de gas, pero el servicio técnico acude a reparar las averías para no dejar a nadie sin servicio.

A pesar del confinamiento, los butaneros seguirán repartiendo gas y conversación y cariño por toda la comarca.

«Hai clientes coidadosos e precavidos que nos facilitan moito o noso traballo»

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