Los sanitarios gallegos en Ifema: «Aquí, con los pacientes hemos podido recuperar el trato humano»

En el hospital temporal madrileño, una de las áreas de trabajo ha sido bautizada como el estadio del Deportivo, Riazor

Sara Barón, a la izquierda de la imagen, junto a una de sus compañeras
Sara Barón, a la izquierda de la imagen, junto a una de sus compañeras

Ourense / La Voz

Días atrás, tras evaluar a un paciente que no avanzaba, Sara Barón del Río decidió tomar aire. Darse un respiro. Caminó hasta el fondo del pabellón nueve del hospital de campaña de Ifema, donde trabaja estos días. Y allí, esta médica residente coruñesa se sintió por un momento en casa. Uno de los recintos mixtos de trabajo y descanso ha sido bautizado como «Riazor», en honor al feudo del Deportivo. Un poco más allá está otro habitáculo, el «Santiago Bernabéu». Y ella, al verlo, no pudo evitar sonreír porque por su cabeza desfilaron los recuerdos del Centenariazo.

Barón es una de las sanitarias gallegas que se enfunda a diario el traje de protección para tratar a pacientes afectados por el coronavirus. Las prisas y el ir y venir de personal, adscrito a los diversos hospitales públicos de Madrid, explica que muchos aún no se conozcan. En Ifema hay cerca de 1.250 camas de hospitalización estándar y 96 de UCI. No han llegado a llenarse y eso parece una buena señal, porque el apartado de altas suele ser el baremo que incentiva el ánimo de los allí presentes. Muchos de ellos, voluntarios.

JUAN JOSÉ PÉREZ

Coordinador de la construcción del hospital temporal en Ifema

«Estamos viendo la luz», dice Juan José Pérez, de 47 años. El director general del Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda tiene un ojo puesto en Ourense, de donde es su familia y donde él trabajó como director de gestión en el Complexo Hospitalario de Ourense. Sus padres son de dos pueblos, Lodoselo y Sarreaus.

Él no olvida sus raíces, así que cuando se puso en marcha la distribución de áreas del hospital temporal en Ifema ideó darle un topónimo a cada módulo de descanso. «Me llamaron el viernes día 20 desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid para pedirme que llevase la construcción de los pabellones desde el punto de vista técnico. Los controles son 25, y para diferenciarlos optamos por preguntar a la gente que ya estaba trabajando por sus orígenes, en lugar de marcar un número», cuenta.

Juan José Pérez, ante la puerta de acceso al módulo de trabajo y descanso «Riazor»
Juan José Pérez, ante la puerta de acceso al módulo de trabajo y descanso «Riazor»

Así, sobre los marcos de las puertas no aparecen un seis o un ocho, sino Cercedilla o Boadilla del Monte. Pero también estadios de fútbol como Riazor, porque Juan José es deportivista. «Siempre que puedo me escapo a ver al equipo. Este año estuve viéndolos en Fuenlabrada. Pero lo que queríamos conseguir con esto era darle un enfoque humano. Y que si los médicos, enfermeros o celadores se citan en un punto, lo hagan en un lugar que les traiga buenos recuerdos», explica.

SARA BARÓN DEL RÍO

Médica residente de cuarto año en el Hospital La Paz

A Sara, de 28 años y criada en A Coruña, toparse con un pedazo de su tierra mientras intentaba rebajar el estrés de estos días le infundió ánimos. Es médica residente de cuarto año en el centro de salud Bustarviejo, en el distrito de Tetuán, pero adscrita al Hospital La Paz. Este martes libró, pero el día anterior hizo turno de mañana en Ifema y, a la noche, le tocó guardia en La Paz. Es uno de los ejemplos de que, cuando el cuerpo cree no tener energía para más, la cabeza le recuerda que siempre queda gasolina en la reserva. «Estamos siete horas con el traje de protección puesto. Es posible que estemos cansados, pero de fuerza mental sigo tirando bien. Además, con los pacientes hemos podido recuperar el trato humano, porque llevarlo en una sala de Urgencias con 100 personas es imposible», dice.

La sala «Riazor» también le dejará un instante imborrable. Al recordar la victoria del Deportivo en la final de Copa del Rey en el 6 de marzo del 2002, algo cambió en su jornada. «Vi el nombre, me acordé de mi casa y me sentó de maravilla. Empecé a sonreír tras la máscara de protección y resulta que el hombre al que había atendido, contra todo pronóstico, salió adelante más tarde», explica.

IRIA MIGUÉNS

Urgencióloga en el Hospital Gregorio Marañón

«Que abriese Ifema fue un desahogo para todos los sanitarios», indica Iria Miguéns, de 34 años y oriunda de Vilagarcía. Es urgencióloga en el Hospital Gregorio Marañón y ha trabajado en un turno como voluntaria para concretar la distribución de pacientes en el hospital de campaña. Sigue realizando su labor asistencial en el Marañón, porque el contacto diario con los sanitarios de Ifema es indispensable por el flujo constante de afectados por COVID-19. «Se manda a un perfil de paciente determinado y la zona de UCI no está completa al 100 %, así que eso quiere decir que hay un margen de actuación y que también se están registrando recuperaciones poco a poco», cuenta.

Iria Miguéns es urgencióloga en el Hospital Gregorio Marañón, de Madrid
Iria Miguéns es urgencióloga en el Hospital Gregorio Marañón, de Madrid

La postal que deja el hospital temporal de Ifema, por el ancho de sus pasillos y la distribución de las camas, podría invitar a pensar en años de guerra. «Y la realidad es que en estructura y organización es inusual, pero estamos viviendo una pandemia y en dotación y recursos es incomparable», dice. Pero además del apoyo entre compañeros, se han encontrado el de los pacientes: «En las consultas ya era raro que alguien te diese las gracias. Pero ahora, la gente agradece todo porque son conscientes de la asistencia que damos».

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