Así se imaginan el día después

Las expectativas de un repartidor de Glovo en paro, un hostelero, una alumna, un escritor y una hácker para la vuelta a la normalidad tras el confinamiento por el COVID-19


vigo / la voz

Cuando todo esto acabe... Es el suspiro más pronunciado en la cuarentena. Un quiosquero prevé que la salida del confinamiento conllevará una mayor digitalización y un planeta más limpio. Un funcionario judicial vislumbra una administración «on line» más eficaz. Los procuradores temen un colapso similar a la vuelta del verano. Un hostelero cree que los clientes no querrán sentarse juntos por miedo y prevé distanciar las mesas.

Un quiosquero

«Es un beneficio para el planeta». William Betancourt regenta una tienda de alimentación en la calle Zamora y opina que la crisis del coronavirus va a conllevar un cambio, al menos hacia una mayor digitalización. Por ejemplo, le llama la atención que ahora los alumnos deben aprender desde casa por Internet. «Una idea de que se me ha ocurrido es que ahora la polución es mínima y, dentro de lo que cabe, es un beneficio para el planeta. Cuando esto acabe tenemos que sentarnos a mirar el mar sin contaminación», indica el comerciante, que ha sopesado los efectos colaterales de la crisis.

Un escritor

«Haberá unha chea de series e películas». Beto Luaces reflexiona sobre cómo irán las cosas después de la cuarentena por su doble faceta de novelista y de funcionario judicial. «Penso que cando isto pase ha de haber unha chea de novelas e películas, series de televisión cuxas tramas se centren na pandemia», cuenta este novelista. Durante su confinamiento, prepara la tercera entrega de su serie Vicvs, una trama negra integrada en el paisaje urbano de Vigo. Respecto a la justicia, Luaces, que trabaja en un juzgado de papel cero, admite que «hai que ir cos tempos. Penso que despois disto o mundo vai cambiar moito e o on line vai predominar, aínda máis. Espero que iso tamén suceda na Xustiza. Demostrouse que estabamos a traballar aínda como no século pasado e por iso, agora a Administración de Xustiza está parada».

Un repartidor en paro

«Bajará el consumo, la gente está endeudada». Ernesto, repartidor de Glovo, está en el paro desde el 13 de marzo, el día en que se dictó el real decreto de confinamiento. «Pocos siguen trabajando y aún así no hay pedidos, lo que les está salvando son las entregas a domicilio de los supermercados por las mañanas porque por las noches no hay nada, pues los bares están cerrados y la gente ahorra para lo que pueda venir», dice. Calcula otro mes adicional de confinamiento tras el 26 de abril. «La gente tiene deudas o se va a endeudar. La mejora en el consumo será paulatina, quizás arranque a partir de agosto o septiembre», dice.

Una hácker

«Seremos los grandes olvidados». La informática Belén Pérez. coorganizadora de Hack & Beer, da charlas en un congreso solidario de ciberseguridad que recauda fondos para la Cruz Roja por la crisis del COVID-19. «Seremos los grandes olvidados. Pronto se olvidarán del trabajo ingente de estas semanas para cortar ataques, nuevas campañas delictivas o fakenews. Solo se acordarán cuando haya un problema y no cómo ahora que, gracias al sector, puedes teletrabajar, mantener seguros y activos los sistemas en hospitales o infraestructuras críticas, navegar, ver vídeos o mandar wasaps», dice. Desea que los políticos inviertan más en actualización tecnológica, en ciberseguridad y en recursos para que el resto del mundo «vea nuestro trabajo como casi un milagro y nuestro esfuerzo sea más asequible».

Una universitaria

«Hay una gran oportunidad de oro». La estudiante de Derecho Elisa Castiello sigue on line las clases de sus tres últimas asignaturas. Ve en la salida del confinamiento «una gran oportunidad de oro para nuestra profesión o un auténtico caos. Quiero creer que todo apunta a algo bueno». Se requerirá gente formada, con «fortaleza y dedicación» que solvente las dudas de un ERTE, de los despidos, «que los habrá», autónomos, ayudas de alquiler o hipotecas. «Esto ha sido un bum para los despachos. Habrá mucho trabajo y cuando se abran los juzgados se verá reflejado, agosto podría ser hábil», dice.

Un hostelero

«Se acabarán las reuniones de ocho amigos». Manuel cerró su local de cocina tradicional La Casa de Reme y envió a sus empleados a un ERTE. «Estamos esperando a que esto se resuelva pero las expectativas son flojitas, tardará mucho en reactivarse porque la gente no puede estar junta y los restaurantes lo van a sufrir, no podemos pasarlos de uno en uno como en el súper», explica. «Se sentarán uno por mesa pero el ambiente no será el mismo hasta que pasen uno o dos años. Aquellas reuniones de ocho amigos que se abrazan, se tocan, comparten copa se acabaron, ahora tienen cuidado».

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