Goretti Irisarri: «Me recluí 9 meses para escribir la novela de una pandemia y ahora soy yo la confinada»

Tras publicar «La ciudad encerrada», la escritora viguesa cumple el confinamiento por el estado de alarma del COVID-19 en una buhardilla de Madrid


VIGO / LA VOZ

A veces, la realidad supera a la ficción. Que se lo digan a la escritora viguesa Goretti Irisarri, de 45 años, la cual en el 2019 se encerró en una buhardilla de Madrid durante nueve meses a escribir una novela titulada La ciudad encerrada, cuyo argumento gira en torno a una pandemia que cierra su trilogía de género fantástico ambientada en el siglo XIX. Salió en septiembre de su confinamiento voluntario y el libro se publicó el 29 de enero en papel y «on line» por Amazon. Un mes después irrumpió en Madrid la pandemia global del coronavirus y, en marzo, se vio obligada a vivir recluida en su ático. «Escribí una ficción y ahora vivo algo real», dice la autora.

Irisarri escribió a cuatro manos la novela con José Gil Romero, aunque lo hacían a través de videoconferencia. El argumento se refiere a una epidemia de fiebres tifoideas en Madrid y el Gobierno de Isabel II llama a un doctor con cierta experiencia para que se haga cargo. «Es en plan decimonónico», aclara Irisarri. «Unos años antes hubo una epidemia real, la de cólera, que entró por España, por Vigo, transmitida por un calafateador que fue a arreglar un barco en las Cíes», dice. Sobre la actualidad señala: «Estamos en un tiempo de curiosas historias, esto es muy surreal». Añade que para titular la obra no se inspiraron en la ciudad de Wuhan sino en Madrid, «porque en la novela, la capital se cierra durante la epidemia, cosa que en la realidad casi ocurrió».

«José Gil y yo estuvimos escribiendo intensamente La ciudad encerrada durante casi nueve meses, incluido un verano en el que estuve confinada dentro de casa, en Patos, en Nigrán, escribiendo ¡sin poder aprovechar los tentadores días de playa!», relata la escritora.

Para la novela, se documentó. «Incluso creamos un médico basándonos en los informes de ciertas epidemias de la época, un epidemiólogo decimonónico que dictaba las rigurosas medidas para contener la enfermedad. Estuvimos encerrados voluntariamente para conseguir recluir a nuestros personajes en la ficción, mientras, como buenos escritores, les hacíamos pasar las de Caín», cuenta la autora. «Y ahora, después de publicar la novela, descubro que soy yo la encerrada en Madrid y ahí fuera, en la realidad, sucede una especie de espejo. ¿Quizás los personajes se están vengando? ¿Hay alguien escribiendo esta novela tremenda que vivimos? No séqué pensar, esta situación desdibuja mucho los límites entre realidad y ficción, pero lo cierto es que, mientras ellos son ya libres, nosotros permanecemos aquí encerrados». El confinamiento le ha servido de escarmiento: « me quitaron las ganas de escribir de más pandemias, no es lo mismo que cuanto tu manejas la ficción que cuando eres la marioneta que sufre», bromea Irisarri. «Uno de los temas de la novela es cómo el miedo permite manipular a la gente, cuando tenemos miedo no pensamos con claridad», reflexiona.

«A ver si también a este período le sigue uno de gran felicidad, ojalá, aunque la felicidad no da buenos argumentos», dice la escritora.

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