Tres miembros de una familia, ingresados por coronavirus en Valdeorras

Los médicos creen que el padre, que dio negativo, contagió a su mujer y su hijo

Consuelo Rodriguez y Juan Carlos Pérez, madre e hijo, comparten habitación en el hospital comarcal de Valdeorras
Consuelo Rodriguez y Juan Carlos Pérez, madre e hijo, comparten habitación en el hospital comarcal de Valdeorras

o barco / la voz

Hace tres semanas, el matrimonio formado por Juan Pérez y Consuelo Rodríguez eligió pasar el confinamiento en su casa en una aldea del municipio ourensano de San Xoán de Río. Con ellos vino su hijo Juan Carlos, que vive en Noruega. Habían pasado 20 días desde que llegaron desde Barcelona a la pequeña aldea -que no tiene ningún vecino censado y en la que las casas se ocupan habitualmente solo de primavera a noviembre-, cuando Consuelo tuvo que bajar al médico por una urticaria. Iba con su marido, al que el facultativo vio algo decaído, así que tras medirle la saturación de oxígeno, le derivaron al hospital comarcal de Valdeorras. Allí le diagnosticaron a Juan una neumonía bilateral, de la que se está recuperando. Era sospechoso de COVID-19, pero su prueba dio negativo.

Al día siguiente fue su hijo Juan Carlos el que se encontró mal. «Sentí mucho resquemor en la garganta y el pecho, y tenía fiebre», relata. Así que al llamar al 061 le pidieron que fuese al hospital. Era sospechoso de coronavirus. Quedó ingresado. Y 24 horas más tarde fue Consuelo la que sintió fatiga, y el protocolo fue el mismo. Madre e hijo tuvieron la confirmación del diagnóstico de coronavirus el domingo por la mañana. El padre, por contra, volvió a dar negativo en una segunda prueba. «La teoría médica es que mi padre fue el primer infectado antes de llegar a la aldea y luego nos tocó a nosotros», cuenta el hijo. El progenitor habría pasado el coronavirus en casa sin notar más que un cierto dolor muscular al que no le dio demasiada importancia, pero que le habría dejado como secuela una neumonía de la que está siendo tratado.

Desde ayer, madre e hijo comparten habitación, lo que les ayuda a llevar mejor la situación. «Esta infección nos recuerda a las mallas de pan de hace años, pero en este caso somos nosotros los mallados», resume el hijo con humor. Dice que su padre está «como un toro» y que su madre está deseando ya volver a casa «para hacernos una empanada». Además, ayer recibía la noticia de que podría ser alta en 48 horas. En cuanto a sí mismo, el hijo asegura que, a pesar de todo, está feliz de poder estar cerca de los suyos en este momento. «En Noruega -incide- hubiera sido todo distinto». Y manda un mensaje claro: «Cuidaos todos, aislaos y seguro que saldremos reforzados y viendo las cosas de otra forma. Yo ya lo he hecho».

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