Raquel Canedo: «Me contagié en el polvorín de Madrid»

Esta médica residente se reincorporó ayer a su puesto en el centro de salud de Bueu

Raquel Canedo, médica residente
Raquel Canedo, médica residente
X.A. U.R
pontevedra / la voz

Raquel Canedo, coruñesa, se reincorporó ayer a su puesto como médica interna residente (mir) de tercer año en el centro de salud de Bueu, en Pontevedra. La suya fue una vuelta tras superar un contagio por coronavirus. Ella misma lo recordaba. «A principios de marzo fui a Madrid a hacer unas prácticas en el Samur y allí me infecté. No tengo ni idea de cómo me contagié, pudo ser en la ambulancia, aunque iba en metro al Samur y también me movía en taxi». Esta facultativa, que eligió la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, cuenta que, aunque la formación en el Samur se suspendió por la crisis sanitaria, ella tenía una guardia de ambulancia programada que sí hizo.

«Le pregunto a los pacientes quién va a la compra y cómo son sus hábitos de higiene»

Al volver a Galicia cuando encontró vuelo se sentía cansada y con una «tos rara». Se aisló en casa y esperó dos días porque sus síntomas eran leves. Al final le hicieron la prueba y dio positivo. «Me llamaron de sanidad para comunicármelo y preguntarme por mis contactos». Su estado de salud no empeoró y dice que no tuvo miedo a pesar de que vive sola en Pontevedra. Desde entonces la situación ha cambiado mucho tanto en Madrid como en Galicia. «A principios de marzo Madrid era un polvorín y la gente pasaba de todo, estaban en las terrazas y hacían su vida normal y yo alucinaba», recuerda Raquel.

Esta doctora se dedicará en estos días a llamar a sus pacientes desde la consulta «proactiva» que tienen en Bueu. «Además de hacer recetas, les pregunto quién va a la compra y cómo son sus hábitos de higiene. Ahí es donde podemos ayudar con medidas comunitarias. Algunos me dicen que en el súper la gente no se aparta», lamenta.

Manuel Antelo, exalcalde de Vimianzo, sigue convaleciente por el COVID-19

Manuel Antelo, exalcalde de Vimianzo
Manuel Antelo, exalcalde de Vimianzo

Al exalcalde y edil de Vimianzo Manuel Antelo lo tumbó el coronavirus. Sigue convaleciente, pero ya está en fase de recuperación. Si de alguna forma se puede resumir su peripecia sanitaria es que el estado físico «caeu polo chan pero peor é o anímico». Y habla, una y otra vez, de la gente mayor que nació o sufrió con la guerra, la tuberculosis, el hambre, el metílico y las pensiones exiguas y ahora le llega esta plaga a la que tiene que enfrentarse a la soledad y la muerte. Se emociona cuando lo dice.

Comenzó con los síntomas ya a mediados de marzo. Le hicieron una primera prueba, pero dio negativo. Sin embargo, iba empeorando y su estado se volvió preocupante. Fue por urgencias al hospital Virxe da Xunqueira de Cee, donde ya le confirmaron su afección por COVID-19 con una neumonía. Lo querían internar, pero su mujer, que es médica, se hizo cargo de él.

«Xa non é por ter medo por min nin por autocompaixón, é polas emocións vividas»

Y empezó con el cóctel de medicinas. A los tres o cuatro días empezó a remontar. El tratamiento fue funcionando y ahora ya respira más tranquilo. Incluso le encuentra el gusto a la comida y puede andar. Lo pasó muy mal: «Xa non é por ter medo por min nin pola autocompaixón, é polas emocións vividas». En este sentido, se ha sentido desbordado por los mensajes. En suma, dice, «foi unha experiencia dura no físico, pero, sobre todo, no das emocións», insiste y aprovecha para lanzar un mensaje de ánimo a los demás afectados y un profundo agradecimiento a los profesionales de la medicina, su esposa incluida, por batallar con esta situación con muchas carencias. Antelo cree que, a partir de ahora, la sociedad tendrá que ser diferente.

Anxo Moledo: «O medo non entra no meu vocabulario»

Anxo Moledo, concejal del BNG en Lousame
Anxo Moledo, concejal del BNG en Lousame

Casi un mes, unos 25 días, ha durado el aislamiento del sonense Anxo Moledo desde que tuvo los primeros síntomas de coronavirus hasta que ayer por la mañana le notificaron por teléfono el alta. Lo ha superado y, aunque como todos tendrá que seguir confinado en casa, al menos podrá salir de su habitación y retomar la convivencia con su madre después de unas semanas que, reconoce, han sido duras, pero en las que el miedo no le ha rondado: «A miña vida non foi un camiño de rosas, así que despois de todo o que sufrín o medo non entra no meu vocabulario».

Todo empezó tras un viaje a Madrid, ciudad que visita con mucha frecuencia. Estaba allí cuando la pandemia llegó a España, así que cuando tuvo los primeros síntomas llamó inmediatamente al teléfono de información. E incluso antes de eso tomó algunas medidas, como dejar de acudir a los plenos de la corporación de Lousame, de la que forma parte como concejal del BNG: «Aínda non tiña síntomas, pero decidín illarme porque estivera na zona de risco».

«Aínda non tiña síntomas, pero decidín illarme porque estivera na zona de risco»

El malestar llegó poco después, y el positivo en COVID-19 del amigo al que había visitado en Madrid confirmó sus sospechas, ratificadas unos días más tarde por un test. Comenzó entonces el confinamiento: «Agarreime aos libros, a Netflix e a Disney. Su rutina consistía en controlar los síntomas, la saturación de oxígeno y la temperatura tres veces al día e informar a los médicos que seguían su caso en la distancia: «Ao principio encontrábame moi mal, moi canso, doíame todo o corpo». Aunque lo peor llegó cuando veía la meta más cerca: «Os últimos días foron os máis duros»

«Tengo que salir a la ventana varias veces al día a respirar»

Residencias de mayores y personal sanitario es, en estos momentos, una de las peores combinaciones para enfrentarse al COVID-19. Lo sabe muy bien C.A.R., la enfermera de 34 años que a día de hoy está encerrada en una habitación de su casa tras dar positivo en coronavirus.

El centro en el que trabaja es uno más de los que se reparten por toda Galicia con empleados y usuarios contagiados. Han pasado ya dos semanas desde que comenzó con unos síntomas que no siguen el «patrón» más habitual. «Primero tuve placas en la garganta, justo cuando la situación comenzaba a empeorar. El médico me recetó antibiótico y yo seguí trabajando con normalidad. En mi residencia día a día íbamos siguiendo las indicaciones que nos daban. Llegó el momento de cerrar las puertas a los familiares, el de dejar a cada persona en su habitación y no usar los espacios comunes. Cuando apareció el primer caso no teníamos EPI, usábamos mascarillas de papel y nos tenían que durar lo máximo posible», relata.

«Quiero recuperarme cuanto antes para volver a trabajar y poder ayudar»

«Hace dos semanas comencé a encontrarme mal, pero todo lo relacionaba con el cansancio. Unos días después la cosa empeoró, estaba agotada, los ojos llorosos, una especie de embotellamiento en la cabeza, taponamiento nasal... No tenía tos aunque sí un poco de dificultad respiratoria por las noches. El médico lo achacó todo a la alergia que suelo tener en esta época del año y yo me convencí para no darle más importancia», admite C.A.R.

Todo cambió la mañana del sábado 28 de marzo cuando esta enfermera se levantó a desayunar y se dio cuenta de que había perdido el sentido del gusto. No tenía fiebre, en ningún momento ha llegado a tenerla, pero decidó llamar al número de atención del coronavirus del Sergas. Las indicaciones fueron claras, mantenerse aislada en una habitación a la espera de la prueba que llegó unos días después. «El miércoles pasado me hicieron el test y esa misma tarde me confirmaron el positivo. En el momento en el que me lo dijeron, sentí total impotencia. Sobre todo, porque tal y como está la situación en las residencias de mayores, incluida la mía, hago falta. Quiero recuperarme cuanto antes para volver y ayudar», asegura.

Mientras tanto, como vive con su pareja, está aislada en una habitación con baño propio. Si en algún momento muy puntual sale, lo hace con mascarilla, guantes y guardando la distancia de seguridad. «El aislamiento total no lo llevo bien, tampoco lo voy a negar. Tengo que salir varias veces al día a la ventana a respirar porque me agobio. Da a un patio interior, pero algo es algo. Intento no pensar y leer, ver películas y dibujar», explica.

«Pasé 28 días solo en una habitación de casa para proteger a mi familia»

Bea abelairas

Regenta un estanco en el poblado pontés de As Veigas y cree que se contagió en Madrid una jornada antes del 8M

Fueron 28 días, 672 horas en la misma habitación. Escuchando desde lejos las voces de su gente y con el miedo de contagiarles el COVID-19, porque en su familia hay muchas personas de riesgo. La experiencia del pontés Jacobo Docanto no tiene una uci como escenario, pero acumula todo el miedo que produce esta pandemia: «Pasé los 28 días en una habitación de la casa de mis padres, solo, porque mi padre tiene EPOC y mi tía es también una persona de riesgo... Y no podía volver con mi mujer a Mera, porque si la contagiaba mi hijo de tres años se quedaría solo...», va explicando Jacobo, que regenta un estanco en la avenida de As Veigas en As Pontes, que cerró en cuanto notó los primeros síntomas.

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