¿Por qué en el Extremo Oriente llevan tantos años usando mascarilla?

Japón, China y Corea del Sur miran ahora de reojo a Occidente. Con varios países decidiendo si obligan o no a sus ciudadanos a salir a la calle con mascarilla, en algunos puntos del globo es frecuente su uso debido a razones culturales y al acuciante problema de contaminación


Con la última escena de Lost in Translation, Sofia Coppola se coronó como una de las artífices de los finales más inquietantes de la historia del cine. En la secuencia, el personaje interpretado por Bill Murray se acerca al oído de Scarlett Johansson para, tras muchos tira y aflojas, pronunciarle unas palabras que, simplemente, son ininteligibles para el espectador. Esto da rabia. Tanto que es capaz de nublar el hecho de que en pleno y gentrificado Tokio ninguno de los viandantes de alrededor lleve mascarilla. A cualquiera que haya estado en Japón, o que simplemente tenga referencias del metro o de sus calles, le habrá resultado inquietante que infinidad de ciudadanos porten este tipo de protección en el día a día. El país nipón no es el único donde se pueden ver este tipo de panorámicas que, ahora comunes, eran hasta hace dos meses inimaginables en Occidente. En un momento en el que el debate sobre si la población general debe llevar mascarilla está sobre la mesa de Salvador Illa, dos chinas y una coreana afincadas en nuestro país explican por qué en su cultura es común, e incluso un signo de respeto, ir por la calle con la cara protegida.

La primera pregunta que lanza al aire Shuangyi cuando se le plantea este artículo no hace referencia a por qué en el Extremo Oriente es habitual esta práctica, si no a cuál es el motivo por el que en España somos reacios. «Si los médicos las usan para no contagiarse, ¿por qué el resto no vamos a querer estar protegidos?». Esta china de 22 años, residente en Madrid, explica que «en la cultura occidental creen que las mascarillas son para enfermos; pero, por ejemplo, el Covid-19 tiene un período de incubación de 14 días y hay pacientes asintomáticos; debería estar más extendido su uso, otra cosa es que no se utilicen porque no hay, pero habría que hacer una inversión». Y añade: «En cualquier caso, creo que la diferencia fundamental con respecto a mi país es que allí hay mucha más conciencia y respeto por los demás en relación a estos temas».

En esta misma línea se manifiesta la coreana Yeeun Chi, de la misma edad que Shuangyi. Residente en A Coruña, explica que en Corea del Sur también es muy común utilizar mascarillas: «Es algo de la vida cotidiana que uno usa si tiene una gripe o un resfriado, no hace falta sufrir una enfermedad grave. Simplemente es una falta de respeto tener algún virus y estar compartiendo espacio con otra gente y poder contagiarla». No obstante, añade otro factor a la lista de razones por las cuales hay un uso tan extendido de mascarillas en algunos países asiáticos: la contaminación. «Es muy frecuente que en primavera entre kosa desde China [los fuertes vientos arrastran arena del desierto de Gobi, en Mongolia, y de la meseta de Loess, en China, que llevan a Japón y Corea finísimas partículas de polvo], así que lo que hace la mayoría de la gente es mirar a diario unas aplicaciones que registran el nivel de contaminación, y cuando es elevado, la gente se pone la mascarilla». Del mismo modo, comenta Yeeun, ella la ha utilizado cuando ha tenido un brote de alergia, también en primavera.

Bea Orviz tiene nombre español y, en efecto, aquí es donde vive. Sin embargo, su madre es china, tiene familia en Indonesia y Singapur y es una enamorada de la cultura asiática. Es más, comparte a través de un canal de Youtube curiosas tradiciones y hábitos chinos. Explica que sus allegados que viven en Indonesia están muy habituados a llevar mascarilla, de nuevo, como método de combate ante la contaminación. «Es un país que está pensado para ir a todas partes en moto o en coche, y hay muchísima polución. Por eso todo el mundo la lleva y hasta es normal que en los supermercados las vendan». Por la razón opuesta, comenta, piensa que precisamente usan esta protección en Singapur, donde ha estado varias veces y también tiene familia. «Es un lugar excesivamente limpio y la gente está un poco obsesionada con el tema de las bacterias, los contagios... Van muy por el libro y se agobian si piensan que pueden estar enfermos y eso puede suponer contagiar al de al lado o viceversa: hasta llega a parecerles mal si tú no la usas», comenta Orviz.

Esto último, que ahora es hasta frecuente en farmacias y supermercados españoles, donde si las miradas matasen más de uno caía fulminado, lleva años pasando a kilómetros de distancia. Sin embargo, es relevante añadir que durísimas pandemias han golpeado en las últimas décadas a países como Japón o China, generando una sensación de angustia que no ha terminado de desaparecer. El SARS del 2003 tuvo como centro de la diana a este último país; China también sufrió especialmente el azote de la Gripe A entre el 2009 y el 2010: de los 50 países asiáticos afectados, registró el mayor número de casos.

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