«Ir al súper es un acto de rutina y a veces la gente se olvida de las medidas»

Nazaret Doval, que trabaja en un establecimiento de la capital, agradece las muestras de apoyo y confiesa tener miedo


Ourense

Los trabajadores de la sanidad pública están en la vanguardia de la lucha contra el coronavirus. Pero en esta guerra también son imprescindibles otros profesionales. ¿Cómo sería el confinamiento para las familias sin poder abastecer sus neveras? Los supermercados siguen abiertos y sus empleados trabajan tratando de protegerse al máximo, pero están expuestos, al fin y al cabo.

«Estamos viviendo una situación que no hemos vivido jamás, es algo inédito y ante lo desconocido todos tenemos miedo. Yo personalmente sí lo tengo. Convives con la gente y tienes miedo, por ti pero también por los que te rodean», explica Nataret Doval, trabajadora en el supermercado Aquié de la calle Doctor Fleming. Hay que tener en cuenta, además, que las compras son grandes y, por lo tanto, el trabajo es duro: «La gente procura no salir de casa todos los días. Estamos familias completas en casa y, sin restaurantes ni cafeterías ni el comedor del colegio, se sirven más comidas. Eso, en el volumen del carro o de una cesta se nota».

Cumpliendo las normas

Nazaret tiene que ir todos los días a trabajar y, a juzgar por lo desiertas que ve las calles, por lo general los ourensanos sí están cumpliendo con las normas para no propagar el virus. También en el supermercado. Sin embargo, hacer la compra era algo tan cotidiano, tan automatizado, que aún hay quien se olvida de las recomendaciones y de las restricciones que impone el estado de alarma. «La clientela es cívica casi al 100 %. Es una clientela de confianza porque somos una tienda muy cercana. Entonces, no suele haber problema. Sí que es verdad que ir al súper es un acto de rutina y a veces la gente se olvida de las medidas. Pero no pasa nada, se les recuerda que se pongan guantes e incluso entre los propios clientes se lo recuerdan. La gente lo comprende y lo respeta, por ellos mismos y por nosotros», resume Nazaret Doval, que asegura que muchos usuarios incluso les hacen explícito su agradecimiento y apoyo por el trabajo que están realizando estos días: «Agradecen el servicio que estamos dando. Saben que estamos expuestos y lo valoran».

Optimismo

Ella cree que debemos acostumbrarnos a las restricciones impuestas por el estado de alarma y duda que la situación pueda normalizarse antes del mes de mayo. Pese a todo, es optimista ante la reacción general de los ciudadanos asumiendo el cumplimiento de las normas. «Dentro de lo que cabe, cada uno está haciéndolo lo mejor que puede», opina.

Aforo limitado, distancia de seguridad y sin posibilidad de devoluciones

Al entrar en el supermercado donde trabaja Nazaret Doval, al igual que en todos los del Grupo Cuevas, los clientes se encuentran con un cartel que les advierte de las normas especiales de uso del establecimiento durante la crisis del coronavirus. Se pide a los clientes que acudan de forma individual y que no estén más de quince minutos haciendo la compra. También que usen guantes, que guarden una distancia de seguridad con otras personas (incluso si se forman colas en el exterior) y que paguen con tarjeta. Se ha limitado el aforo del local y no se permiten devoluciones de productos para evitar posibles contagios. Además, los trabajadores deben utilizar guantes, lavarse y desinfectarse constantemente y las instalaciones se ventilan con mucha frecuencia. El objetivo es seguir prestando servicio pero garantizando la seguridad de todos.

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